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martes, 9 de junio de 2026

Mi top 11 de peores episodios de Star Trek

Siempre se habla de los mejores episodios, los mejores villanos, lo que ha significado la serie de esta y otra manera. Pero en una saga tan longeva, en septiembre cumplirá 60 años desde su primera emisión, ha habido grandes errores, o simplemente episodios malos. Ya fuera porque la idea que en el papel parecía buena y luego no se supo plasmar bien en pantalla. Porque tuvieran un agujero en el guion que no supo cómo sortear, errores de continuidad (tanto voluntarios como inconscientes) o simplemente un concepto inconsistente. Aunque también personajes incoherentes, tramas absurdas, efectos visuales de mala calidad o ritmo deficiente. O percepciones que, con el transcurso de los cambios sociales, han quedado anticuadas e incluso retrógradas. Esta es mi lista de esos peores episodios de la saga.
 
11 · 11:59 (VOY, 5.23)
La capitana Janeway recuerda a una antepasada que se supone que ayudó a construir la colonia de Marte. Y que resulta que lo único que hizo fue convencer a un tipo en vender su librería para construir un rascacielos. El problema es que la historia rompe la dinámica de toda la serie de Voyager, sin nada en la trama de ciencia-ficción, en el que nos muestran cómo Kate Mulgrew se pasea por el último minuto del siglo XX y se casa con el dueño de la librería para formar una gran familia. El resultado final es tan anodino, que cuesta creer que se rodara.

10 · Terra Nova (ENT, 1.06)
Enterprise nos muestra los primeros viajes de la Enterprise NX, la primera nave terrestre en alcanzar el factor 5 de curvatura. Lo cual no significa que sean los humanos que hayan llegado más lejos. En su primer año, llegan a la primera colonia terrestre, con la que se perdió el contacto hace 70 años. Hasta aquí, la premisa del episodio podría ser interesante. Pero siempre me he preguntado cómo es que nadie se había preocupado de los colonos de Terra Nova en tanto tiempo. Sobre todo, teniendo en cuenta que hay y ha habido otras naves terrestres explorando la galaxia. O un carguero, valga el caso. Una premisa que no se sostiene mucho, la verdad. Una vez allí, el misterio se resuelve fácilmente: la colonia fue sacudida por un meteorito, y los supervivientes se escondieron en las cuevas de la zona. Con una trama de varios tripulantes retenidos entre los nativos, mientras el resto deduce qué ocurrió en el planeta décadas antes. Es un ejemplo de lo simples y manidos que eran los guiones para las dos primeras temporadas de Enterprise.
 
9 · Let he who is without sin… (DS9, 5.07)
Siempre es bueno visitar planetas alienígenas, en este caso el paradisíaco Risa, que ya vimos en Captain’s holiday (TNG, 3.19). El cual es conocido por su actitud abierta hacia la sexualidad. Por lo que los guionistas querían explorar las relaciones de pareja y sexuales. Pero mostrar los aspectos explícitos de la vida hedonista de los risianos, y ni mucho menos desnudos, a una audiencia familiar era prácticamente imposible. Si bien es cierto que no estamos en Juego de Tronos (HBO, 2011-2019) como para mostrar orgías en pantalla. Pero el resultado es una visión mojigata y conservadora, más tirando a machismo que Rick Berman impuso en las series que controló. Convirtiendo a Risa en un simple destino para quienes venían en busca de sol y playa (más o menos como unas islas Canarias para unas vacaciones familiares). Pero eso no explica que el lugar paradisíaco sea atacado por un grupo de extremistas decididos a impedir que nadie pueda estirarse en las tumbonas para broncearse, argumentando que quieren criticar la “complacencia” de la sociedad de la Federación. A la que clasifican como decadente por tener controles climáticos planetarios y replicadores, denunciando su moral laxa y haciéndoles abrir los ojos ante los peligros de la galaxia. A los que se les une Worf al coincidir su discurso con sus creencias ultraconservadoras, o básicamente porque es un celoso. Tal cual. Y eso que es un oficial de seguridad de la Flota Estelar, cuyo deber sería, primero, proteger a los civiles y, después, hacer cumplir las leyes de los planetas que la forman. La idea del capítulo era hacer algo divertido sobre sexualidad, pero el resultado es una historia del amargado Worf aguando (literalmente) la fiesta a todos.

8 · Shades of gray (TNG, 2.22)
Este tipo de capítulos de recopilaciones de escenas anteriores se le llama chip show o capítulo de clips. Y este es el mejor ejemplo de cómo no han de ser. Tenemos que recordar que la segunda temporada de The Next Generation estuvo marcada por una huelga de guionistas que obligó a la producción a echar mano de los guiones escritos en los años setenta para la serie, finalmente cancelada, de la Phase II. Y el motivo de la existencia de Shades of gray (TNG, 2.22) no es nada más y nada menos que para ahorrar dinero, debido a los sobrecostos de la misma temporada. Así, vemos a Riker estirado en la biocama de la enfermería, siendo estimulado con sus peores recuerdos para evitar que muera por el veneno de una planta. El motivo ya es por sí algo forzado; si querían lo de los recuerdos, podían haber usado algún contacto psicológico que los justificara. Y no la ponzoña de una ortiga espacial. Aunque lo peor sea que parece que la vida de Riker se centrara únicamente en su servicio como primer oficial de la USS Enterprise-D. La idea podría haber sido más interesante si se hubieran rodado otras escenas de su vida anterior: su infancia o a bordo de otros destinos previos, como en el USS Hood o del USS Potenkim. Eso hubiera dado mayor profundidad al personaje del primer oficial. Pero como su concepto básico era ahorrar dinero, se limitaron a cortes de las dos temporadas rodadas. En contraposición, lo que debería ser un buen episodio chip show es Shattered (VOY, 7.11), donde, en vez de poner recortes de episodios anteriores, se recrean diferentes momentos anteriores de la serie.
 
7 · The Omega Glory (ST, 2.25)
La imagen del paseo de la bandera de las barras y las estrellas de los Estados Unidos de Norteamérica es la guinda del pastel a este despropósito de episodio. Para justificar la cantidad de civilizaciones similares a la Tierra, como las aparecidas en Miri (ST, 1.11) o en Bread and Circuses (ST, 2.14), se mencionó la existencia de la Ley de Desarrollo Planetaria Paralelo de Hodgkin. Idea que siempre me ha parecido interesante y que podían haber desarrollado un poco más. Pero aquí los paralelismos son demasiado grotescos: los yangs (procedente de Yankees), rubios, ojos azules, fornidos y honorables, aunque primitivos. Y los kohns (abreviatura de comunistas), asiáticos, violentos y retorcidos. Y es que en ese momento la guerra de Vietnam no solo estaba en pleno auge, sino que de enero a marzo de 1968 se había producido la Ofensiva del Tet, uno de los ataques más importantes que realizó el Viet Cong contra las fuerzas norteamericanas. Y el episodio se estrenó precisamente el 1 de marzo de 1968. Las coincidencias no creo que sean casuales; presentando a los yangs como nobles salvajes, y a los kohns como brutales y opresores, solo muestra estereotipos racistas hacia los asiáticos (sin entrar en valoraciones políticas). Son demasiado evidentes, la verdad. Una de las ideas que se barajaron, que me parece más interesante, era que los yangs y los kohns eran los descendientes de antiguos astronautas de la Tierra, perdidos siglos antes. Lo que hubiera justificado la presencia de la Constitución norteamericana y su bandera. Mientras que en una novela se justifica con cierta contaminación cultural de una nave terrestre que pasó por el planeta años antes.

6 · Code of honor (TNG, 1.04)
Otro episodio lleno de estereotipos racistas y culturales. Cuando los ligonianos, que están claramente inspirados en la sociedad tribal africana, raptan a una mujer rubia y la hacen luchar a muerte. Siendo su tercer episodio, se nota que The Next Generation aún está buscando su propia identidad, y la exploración de un planeta claramente inspirado en la Tierra es un concepto muy ligado a la clásica. El problema es cuando la historia de lucha de poder se sustenta en una serie de clichés machistas y raciales. Los ligonianos no cuentan con tecnología avanzada, y sus costumbres se nos muestran primitivas y violentas. Mostrando a la tripulación de la USS Enterprise-D tecnológicamente superior, y condescendiente con unas costumbres alienígenas claramente arcaicas. En su concepto original, estos eran una raza reptiliana similar a los samuráis japoneses, pero ajustes de presupuesto convirtieron a estos en humanoides y, posteriormente, en africanos. Además, a mitad del rodaje se despidió a Russ Mayberry, su director, ya que, según se ha indicado, era desagradable trabajar con él en el set. Jonathan Frakes, Brent Spiner, Wil Wheaton, LeVar Burton o Garrett Wang han denostado este episodio, calificándolo de racista y malo. Coincido plenamente. Su guionista, Kathryn Powers, escribió un episodio para Stargate SG-1: Emancipation, con la misma trama, pero con descendientes de nómadas mongoles, que Showtime evitaba emitir, seguramente por vergüenza ajena.

5 · Turnabout intruder (ST, 3.24)
Podríamos clasificar este episodio como la clásica historia de estereotipos machistas de los años 60. Y es que, en una serie tan longeva, ya son casi sesenta años de existencia, es normal que conceptos sociales establecidos y que eran normales hace décadas, ahora nos resulten anacrónicos, ridículos e insultantes. Y esta es la culminación de la misoginia de Star Trek, que salpica toda la serie. Según Kirk, a la doctora Janice Lester no le dejaron ser capitana de una nave estelar por su inestabilidad psicológica. Como si el motivo fuera más neutro. Pero esta se reduce a una caricatura y una condena al feminismo, evocando el miedo a mujeres poderosas y ambiciosas. Mostrando que cualquier deseo femenino de poder es un claro signo de locura. Reduciendo a su personaje a un estereotipo de mujer dominada por sus celos, que quiere vengarse por no saber estar en su sitio. Kirk, en la última frase del episodio, lo deja claro: «Su vida podría haber sido tan plena como la de cualquier mujer. Si tan solo... Si tan solo». Podemos añadir: “…hubiera sabido quedarse en su lugar”. Tal vez esbocemos una sonrisa con la interpretación exagerada de Shatner al encarnar a una mujer en un cuerpo masculino, pero el mensaje que hay detrás no deja mucho margen a la confusión. Por desgracia, parece que el machismo vuelve a resurgir gracias a las redes sociales y cala de nuevo en algunos miembros más jóvenes de nuestra sociedad. Por lo que jamás hemos de dejar de luchar para preservar los derechos adquiridos y conquistados con tanto esfuerzo para cada uno de nosotros.

4 · Four-and-a-half vulcans (SNW, 3.08)
Resumiendo, el episodio es el ridículo más absoluto. Pike, Chapel, Noonien-Singh y Uhura son transformados en vulcanos para una misión en un planeta. Pero al regresar, se niegan a ser retornados a su naturaleza humana, esgrimiendo una serie de lógicas sin sentido. Lo que podía parecer una idea divertida se convierte en situaciones que dan vergüenza ajena. Y es que, aunque se supone que la premisa es que los personajes se han convertido biológicamente en vulcanos, el uso de la lógica, para reprimir las emociones, es todo un camino que empieza en la juventud y puede alargarse hasta la madurez. Como hemos visto a lo largo de toda la saga. Pero aquí, todos utilizan la lógica como si esta fuera parte del ADN vulcano. Y para rematar la historia: Chin-Riley se encuentra con su ex vulcano, olvidando todo pudor y autocontrol que puede tener un ser adulto. Una historia sin pies ni cabeza. Y es que hay ideas que es mejor dejarlas en papel.

3 · Stardust City Rag (PIC, 1.05)
Es difícil decidir qué capítulo es el peor de una de las peores temporadas de toda la saga de Star Trek. Y es que el retorno de Patrick Stewart como el capitán Picard, después de 18 años del estreno de ST: Nemesis, había despertado mucha ilusión. Pero el ritmo introspectivo y, sobre todo (recalco, sobre todo), las inconsistencias argumentales y en los personajes, llevaron a la primera temporada de Picard a ser posiblemente la peor de todas las series. Creo que podemos perdonar, por lo menos yo, los bandazos que se puedan dar en una serie que está empezando y que aún no ha encontrado su tono o su camino. La primera temporada de The Next Generation o de Enterprise son buenos ejemplos de ello. Pero en Picard, la historia de la temporada es un gran McGuffin para que nuestro envejecido capitán pueda despedirse de Data. Algo, por otro lado, que no creo que fuera necesario. Nuestro querido androide positrónico se había sacrificado por su amigo, no solo por su capitán a bordo del pájaro de guerra Scimitar de Shinzon. Pero bueno, tal vez Picard sí necesitaba darle su adiós definitivo. Aun así, lo que envuelve la trama de la primera temporada es un despropósito tras otro. El ataque a Marte por parte de los sintéticos fue una operación del Zhat Vash, una organización mega-ultra-secreta romulana con la misión sagrada de impedir el desarrollo de las formas de vida artificiales. Que, además, había infiltrado a su líder o por lo menos eso parece, como directora de la Seguridad de la Flota Estelar. Al final de la serie, cuando Picard muere, le hacen una réplica androide de su cuerpo para que continúe viviendo, pero solo el tiempo que su cuerpo hubiera aguantado (¿tal vez es un replicante y tiene fecha de caducidad?). Para ese viaje no se necesitan alforjas, la verdad. Es como hicieron con Data, al traspasarle sus recuerdos a la cabeza de B-4 en ST: Nemesis. Si quieres matar al personaje y ser dramáticamente efectivo, has de hacer como se hizo con Spock en ST II: The wrath of Khan. Por suerte, en la tercera temporada de Picard aprovecharon la disyuntiva para resucitar a Data. Sin olvidar la escena de copia y pega de naves en el episodio final. Pero regresemos a Stardust City Rag (PIC, 1.05). La tripulación de La Sirena (seguro que Ríos tiene buenos congelados) llega al planeta Freecloud (Nubelibre), un nombre algo extraño para el universo de Star Trek, la verdad. Allí se disfrazan de manera estrambótica, incluyendo un parche para Picard y un sombrero con pluma para Ríos. Incluso han de explicar a Elnor lo que es interpretar un personaje para poder infiltrarse. Simplemente ridículo. La muerte de Ichep es dolorosa para cualquiera que haya visto Voyager. Y que Seven tardara 13 años en vengarse, me parece incomprensible. Sobre todo, teniendo en cuenta que, entre ambos antiguos zánganos, existía una relación maternofilial muy estrecha.

2 · Threshold (VOY, 2.15)
Tom Paris logra superar la barrera de curvatura 10, teóricamente imposible de alcanzar, ya que entonces viajaría a velocidad infinita, ocupando cada punto del universo de forma simultánea (sic). Además, lo hace a bordo de una lanzadera Tipo-9, gracias a un tipo dilithio que permanece estable a frecuencias más altas de curvatura. Y tras el primer vuelo, nuestro intrépido piloto empieza a mutar en una especie de “grotesco monstruo salmón de película de serie B”, tal y como lo describió el them0ovieblog. Aunque no sé si es más patética la transformación, con su resultado final, o los diálogos pueriles de un Paris sobreactuado, que pretenden ser muy profundos, pero que no tienen mucho sentido, y menos con la futura evolución del mismo personaje. Es más, parece que esté bajo la influencia de alguna sustancia psicotrópica, más que una mutación genética. La cual es una aceleración de la evolución humana natural, provocada por el viaje a velocidad infinita. Siendo la guinda del pastel, cuando encuentran a la capitana Janeway, secuestrada por Paris y también afectada por la hiperevolución, han tenido crías. Sí, crías. Todo un despropósito. Aunque, por suerte, Chakotay, sensatamente, decide dejarlas en el planeta donde han encontrado a sus dos progenitores. Aunque lo peor de todo es que, aunque el Doctor ha encontrado la manera de revertir los efectos, aparcan la idea de utilizar el dilithio para poder viajar a la Tierra. Con semejante ventaja, podían haber utilizado esta tecnología para avisar de su situación a la Flota Estelar. O incluso viajado con la Voyager al cuadrante Alfa, para una vez allí, utilizar el método de revertir la mutación de ADN en toda la tripulación. Claro que entonces la serie no sería igual.

1 · These are the voyages… (ENT, 4.22)
No es que sea un mal episodio, es que lo que ocurre no tiene nada que ver con el resto de tramas desarrolladas durante la cuarta temporada, e incluso con la evolución que había seguido la serie. La cancelación de Enterprise siempre estuvo sobre la producción desde las primeras temporadas debido a sus bajos índices de audiencia. Más por el maltrato que sufría por parte de la cadena UPN que de otra cosa. Pero finalmente, la división de Viacom y CBS, y la marcha de los directivos que hasta ese momento habían protegido la franquicia, precipitó su final tras cuatro años en antena. Aun así, aún hubo tiempo para poder escribir un episodio final, recayendo este en Rick Berman y Brannon Braga. Estos habían sido sus creadores, y los productores ejecutivos de los primeros años, pero no del último, cuya batuta la llevaba Mani Cotto. Quien había eliminado las restricciones sobre referencias a la clásica, y que había desarrollado una temporada centrada en crear puentes con los sucesos ocurridos en la clásica, y que personalmente me parece uno de los aciertos más grandes de toda la saga. Pero para despedir a la tripulación de la Enterprise NX, se les permitió a Berman y Braga (apartados de las decisiones creativas del programa) escribir su última historia. En la que se producen dos saltos temporales desde el episodio anterior, Terra Prime (ENT, 4.21), desarrollado en 2155. El primero es dentro de la propia serie de Enterprise de seis años, hasta el 2161, con la nave rumbo a la Tierra para que Archer pueda dar el discurso de creación de la Federación. Entre cuyos acontecimientos se supone que se ha librado la terrible guerra entre la Tierra y Romulus, pero que no se menciona de ninguna manera. El segundo de los saltos es de dos siglos, en el 2370, donde Riker y Troi nos hacen de narradores en la holocubierta, en el que visitan a la legendaria nave en su último viaje. Durante el cual morirá Trucker, sin que, para mí, venga a cuento con lo que nos están contando. Braga admitió que la mató porque era su personaje preferido, y al que había tratado a lo largo de la serie como un saco de boxeo. Luego veremos cómo Archer se encamina a dar el famoso discurso. Pero tampoco nos explican el motivo por el que un capitán de una nave (por muy importante que sea este; claro que explicarlo hubiera obligado a mencionar la guerra contra los romulanos, y eso hubiera sido un sacrilegio para Berman) es el responsable de tan relevante acto de unión de cinco civilizaciones alienígenas. Podrían haberlo aclarado y dejar a un lado el concurso que el resto de los personajes hacen sobre quién era más amigo de Tucker. A nivel narrativo, esta concepción se aparta completamente de las historias que se habían construido en los anteriores episodios. Por otro lado, todo esto transcurre en el capítulo The Pegasus (TNG, 7.12), en que la recreación del siglo XXII, donde Archer desvía el curso de la nave para ayudar a un antiguo amigo, el andoriano Shran, no tiene ninguna relación con el dilema de Riker a bordo de la USS Enterprise-D de hacer lo correcto. Es más, parece un añadido a The Next Generation que a la serie que está despidiendo: Enterprise. Y ese es posiblemente el punto más importante. Aunque quisieron hacer una especie de homenaje a los héroes de Riker, no es una historia de la tripulación de Archer, sino de una decisión de Riker. El resultado es un episodio extraño, una despedida donde los protagonistas no hacen nada para despedirse. Yo siempre he considerado que These are the voyages… (ENT, 4.22) simplemente no existe.


No he incluido Spock brain (ST, 3.06), tal vez una elección demasiado fácil. Además, siempre me ha parecido más simpático, rozando lo absurdo, que malo. Y creo que los episodios de esta lista son aún peores. Como me dijo hace años una buena amiga, con un buen porro, te ríes mucho. En realidad, en este pequeño ranking podría haber incluido cualquiera de estos otros episodios. Como el musical de Subspace Rhapsody (SNW, 2.09), que podría ser una idea interesante, pero el resultado (para quien no le convenció, como a mí, que tampoco me gustan mucho los musicales de Broadway) resulta ridículo. Su origen desde una anomalía espacial es plausible para el universo de Star Trek, pero ver a nuestros héroes cantar y bailar no termina de encajar en mi visión de la saga. The alternative factor (ST, 1.27) es una de las primeras veces que se toca la posibilidad de universos alternativos o paralelos, pero donde la sobreactuación de Lázaro en un guion tedioso y monótono, resulta molesto. Se supone que Angel One (TNG, 1.14) tenía que ser una alegoría al apartheid, en este caso como metáfora de la división racial a partir de la discriminación por géneros. El resultado es una sociedad matriarcal marcada por conceptos machistas y misóginos. Nunca entré en las historias del pueblo de Fair Haven de Spirit folk (VOY, 6.17), tal vez porque no formo parte de la cultura irlandesa o celta, pero su trama me pareció cargante. Tanto por los personajes holográficos como por la forzada actitud de la tripulación de la Voyager para hacernos creer que les encantaba aquel holoprograma. Toda la segunda temporada de Picard (bueno, tal vez se salven los dos primeros episodios). Y aunque aquí tal vez exagere: cualquier episodio de Discovery. O la película Sección 31.
Algunas historias sobre personajes tampoco se sostienen. Como The child (TNG, 2.01), cuya idea de la exploración por parte de un alienígena de nuestra especie convirtiéndose en uno de nosotros resulta interesante. Pero que se haga desde la concepción, embarazando a Troi, naciendo y creciendo (aceleradamente) como un niño, me resulta con demasiadas reminiscencias cristianas. O en Man of the peoble (TNG, 6.03), una especie de Dorian Gray alienígena, donde Alkar proyecta su negatividad en las mujeres para mantenerse joven y activo, en concreto sobre Troi, desquiciada y envejecida. En Tatto (VOY, 2.09) la idea era presentarnos unos alienígenas que habían visitado la Tierra hace miles de años, pero el resultado es una especie de flashbacks de un joven Chakotay fastidiado por tener que hacer una excursión por la selva. Mientras que en The fight (VOY, 5.18) la Voyager queda atrapada en el Espacio Caótico, y los alienígenas que lo habitan intentan ayudarles a escapar, contactando con Chakotay a través de visiones y alucinaciones mientras está subido a un ring de boxeo. Aunque posiblemente sea Charles Tucker III quien tenga el peor ranking de malos capítulos. Y no porque sea un mal personaje, sino porque Braga lo hacía protagonista de todas sus historias. Así que mencionaremos Precious cargo (ENT, 2.11), donde el pobre ingeniero se convierte en el protector de una princesa.

 
Ll. C. H.
 
 
 
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jueves, 27 de febrero de 2025

Star Trek Section 31

Atención!
Contiene spoilers.

 
Las series y películas de Star Trek se desarrollan en unos parámetros muy concretos: seguimos las misiones de unas tripulaciones que basculan entre deberes de exploración y militares, dentro de una cadena de mando piramidal y bastante clara. De manera que los protagonistas forman parte de una fuerza espacial profesional y sus aventuras estaban controladas por unos protocolos y procedimientos gubernamentales. Aun así, a lo largo de la saga hay atisbos que la galaxia va más allá de los primeros contactos alienígenas, el estudio de anomalías espaciales y confrontar a potencias rivales. Mostrándonos, de vez en cuando, que hay un mundo del hampa repleto de criminales. Por poner dos ejemplos: en Deep Space Nine, nuestro barman Quark siempre estaba en la cuerda floja de negocios ilícitos. En Stardust City Rag (PIC, 1.05), nos mostraron una parte menos oficiosa con planetas sin normas o gobiernos estructurados, como Freeclound. Ahora, con Section 31, Star Trek ahonda en ese territorio apenas atisbado, fuera de las normas y la etiqueta de la Flota Estelar para mostrarnos los bajos fondos: piratas, mercenarios, mercado negro y como una organización secreta de espías de la Federación se dedica a controlar y poner orden en ese caos de corsarios y filibusteros. Por lo que si alguien busca un producto típico de Star Trek no lo va a encontrar, y lo lógico es que se vaya a desilusionar.

¿Sección 31?
La presentación de la Sección 31 se hizo en Inquisition (DS9, 6.18), y desde el principio queda muy claro que esta es una organización extraoficial, que se dedica a eliminar potenciales amenazas para la Federación, sin tener en cuenta sus leyes. En sus contadas apariciones, poquísimos oficiales conocen de su existencia, tiene un perfil secreto, y sus miembros actúan con absoluta impunidad. En su aparición en ST: Into darkness, y en la segunda temporada de Discovery, el carácter clandestino ha desaparecido, y todo el mundo parece conocer su existencia. Contando incluso con su propia fuerza naval, con diseños y tecnología específica. Transformando para mí el sentido de esta agencia de espías, cuyo poder está en su completo anonimato. Dentro de este marco, en esta historia, la antigua emperatriz del Imperio Terrano, Philippa Georgiou, vuelve a ser reclutada por la Sección 31, con la que había trabajado en Point of light (DIS, 2.03), para recuperar una poderosa y misteriosa arma biológica que está a la venta en el mercado negro. Para ello, se ofrece a colaborar en un equipo de pistoleros que me recuerdan a los miembros de El Escuadrón Suicida (The Suicide Squad, James Gunn, 2021) o Borderlands (Eli Roth, 2024). Y es que la mecánica sigue a series como el Equipo A (The A-Time, 1983-87), o Misión Imposible (Mission Impossible, 1966-73), englobando cualquier historia de una banda de mercenarios a cada cual más excéntrico, y estereotipado. Y esta es la idea de la trama: juntar un grupo de aventureros, ya que no se les puede calificar de otra manera, para cumplir una misión. Lo que se aleja bastante de cualquier historia típica de Star Trek.
 
Algunas consideraciones
Según podemos leer en una de las pantallas, el Alto Consejo Minosiano había organizado la destrucción del USS Stratford en el 2314. De manera que esta aventura sucede a principios del siglo XXIV. Según Memory Alpha, exactamente en el 2324. Deduciendo que el Guardián de la Eternidad mandó a Georgiou a través del tiempo años más tarde del momento en que la USS Discovery viajó al futuro en el 2258. Curiosamente, nos indican que estamos en la fecha estelar 1292.4… cuando en Such sweet sorrow II (DIS, 2.14) transcurre en la 1201.7, por lo que tampoco parece haber transcurrido tanto tiempo en este calendario.
¿Si Dada Noe viene del universo espejo, por qué no ha reconocido a la Emperatriz Georgiou al llegar a la estación Baraam? Esa fue mi primera reacción. Pero tenemos que tener en cuenta que se supone que el Imperio Terrano colapsó tras la rebelión de Kirk en Mirror, mirror (ST, 2.10) poco después del 2267. Y como esta historia transcurre en el 2324, han pasado 67 años desde que la Emperatriz viajara entre universos. Es normal que un deltan no la reconozca, después de más de cincuenta años sin la subyugación humana. El problema es que, durante su interrogatorio, Dada admite que el Imperio Terrano aún existe, simplemente que ha agotado sus recursos y quiere invadir el universo primario. Lo que, en sí mismo, se contradice el propio personaje, ya que unos instantes antes ha admitido que estaba vendiendo el Don Divino para vivir tranquilo con las ganancias. No creo que hubiera podido hacerlo, tan plácido como pretendía, si los terranos incendian el cuadrante para luego conquistarlo.
Eso me plantea: ¿cómo es posible que San no haya apenas envejecido en los más de sesenta años que han transcurrido desde que Georgiou le envenenara? ¿Ya es el líder del Imperio Terrano, o pretende serlo una vez haya usado el Don Divino? La verdad es que este personaje no lo desarrollan mucho, y es una lástima, ya que su pasado, con su relación con la Emperatriz, hubiera podido dar mucho más juego, al igual que sus planes para conquistar el universo primario. Podrían haberlo utilizado para explicar cómo el Don Divino no fue destruido o cómo llegó a las manos de Dada Nou. Quedando, finalmente, como un villano plano, con una trascendencia muy limitada.
Cuando conectan los dispositivos de fase, el contenedor cae de la mano de Dada Noe, pero no atraviesa el suelo, escuchando el golpe metálico al chocar con este. Lo mismo ocurría en The next phase (TNG, 5.24), en el que LaForge y Ro pueden atravesar paredes, pero no suelos. Por tanto, aquí se mantiene esa extraña ley física del cambio de fase que ya habíamos visto en el universo de Star Trek.
 
Personajes:
Philippa Georgiou
, interpretada por Michelle Yeoh, fue introducida como la respetada capitana de la USS Shenzhou en The vulcan hello (DIS, 1.01), donde había sido la mentora de Michael Burhham. Era el prototipo de capitán ejemplar de la Flota, que moriría en Battle at the Binary Stars (DIS, 1.02), para resucitar, como emperatriz tan depravada, como despiadada, del Imperio Terrano en The Wolf inside (DIS, 1.11). Y estaba claro que los productores no querían dejar de trabajar con una actriz como Yeoh, que incluso se la llevaron al universo primario, y siguió apareciendo tras el viaje al futuro en la tercera temporada. Y tanto la capitana, como la presentación de la emperatriz Georgiou me gustaron, pero que el personaje del universo espejo continuara en el primario, nunca me encajó en las tramas que se siguieron desarrollando en Discovery. Incluso la relación materno filial con Burnham, no termino de creerla. Posiblemente, porque no conecté con casi ningún personaje de esta serie.
En esta película retomamos a esa Philippa experta en artes marciales que era la Emperatriz Georgiou. En un flashback nos muestran cómo llegó a convertirse en la gobernante de «la mayor población criminal de la historia». Y es, ciertamente, decepcionante. Como ha definido Sergi Toboso en Cosas de Star Trek: en una especie de Jugos del Hambre, donde el último que queda vivo se convierte en el líder. Y es que me parece más interesante la mecánica que nos mostraron en Mirror, mirror (ST, 2.10), en la que uno mataba a su superior para ocupar el puesto. Y cómo volveríamos al ver la autoproclamación de la Emperatriz Sato en In a mirror, darkly II (ENT, 4.19), que siempre imaginé que podría haber sido la antepasada de Philippa. Aquí ocurre a través de un concurso, en el que parece que nadie conoce la regla final. ¿Era la primera vez que hacían algo así? Regresando al momento de esta trama, Georgiou sigue en su papel de femme fatale, atrapada en un mundo que no es suyo, como ya habían desarrollado previamente. Aunque en el contexto actual no desentona y resulta menos forzado que cuando estaba a bordo de la USS Discovery. Además, que el arma que han de localizar sea originaria de su mundo espejo, incluso que el villano tenga relación con su juventud, me parece que incluso justifica que ella esté involucrada en toda esta misión imposible. Utilizando su relación con su antiguo amante a modo de resarcir su despiadado pasado. Tal vez, porque me gustan las historias de redención, es una buena evolución de nuestra protagonista, fuera de su ambiente y antigua posición. Se ha reinventado, y eso me parece plausible.
«No hay dictadores benévolos»
Philippa Georgiou
Al líder del equipo que ha enviado la Sección 31 para recuperar el arma, Alok Sahar, lo considero que es el mejor nuevo personaje de la película. Es un profesional calmado, analítico e inteligente, y capaz de adelantarse a la trama, pero sin que parezca demasiado forzado. Como cuando oculta la bobina asíntota de la nave basurero, ya que desconoce quién es el infiltrado dentro del grupo. ¿La escondió antes de esta misión, porque ya no se fiaba de su equipo? También me gusta que sea originario del siglo XX terrestre, y que tenga relación con los aumentados que lucharon en las Guerras Eugénicas. Y si alguien tuviera que volver a aparecer en el universo de Star Trek, estaría bien que fuera Alok.
Quasi, el camaleoide, es el otro personaje que podría salvarse. Aunque tengo que admitir, que Martia, el otro miembro de su especie aparecida en ST VI: The undiscevered Country, nunca se convertía en una especie de masa amorfa giratoria para cambiar de forma. El efecto me gusta, y queda espectacular en pantalla, pero contradice aquel morphing que pasaba más desapercibido de Martia, y que permitiría cambiar de forma de manera más discreta, por lo menos en público. Aunque cuando rescata a Alok en el túnel de la mina, quedó muy efectivo.
El enlace con la Flota es Rachel Garrett, quien será la capitana de la USS Enterprise-C en Yesterday’s Enterprise (TNG, 3.15). Es otro guiño a los fans, y una de las múltiples referencias al universo de Star Trek, que yo personalmente aprecio. Permitiéndonos conocer algo más de la historia de esta heroica capitana que se sacrificará defendiendo el puesto avanzado de Narendra III. Es tal vez la protagonista más parecida a lo que Star Trek nos tiene acostumbrados: una oficial resolutiva y dinámica, capaz de resolver cualquier problema con sus habilidades técnicas. Ahora bien, según Alex Kurtzman, que la historia se haya ambientado en el 2324 es precisamente para que pudiera aparecer Garrett. ¿Tal vez para sustituir al personaje de Ash Tyler sin tener que justificar un viaje en el tiempo de este? Pero se lo podrían haber ahorrado. Y es que para el papel que tiene, podrían haber creado a cualquier otro oficial, mencionado o no, anteriormente, en la saga. Sobre todo, con su absurda insistencia de no matar a nadie en una misión para evitar que una mortífera arma biológica cayera en manos equivocadas. Como bien le recuerda Zeph, en la única frase sensata del cyborg en toda la película. Y es que, en una organización, como la Sección 31, que no responde ante nadie, apelar a reducir su violencia le hace ser alguien superfluo. Recordemos que crearán un virus que hubiera provocado el genocidio de toda la raza de los cambiantes.
Del resto del equipo, Fuzz me parece un concepto interesante: como criatura diminuta inteligente, que tiene un robot para desplazarse e interactuar con el resto de la galaxia. Me ha faltado que explicaran el origen del androide, sobre todo porque en la clásica aparecen un puñado de estos seres mecánicos, y en una película llena de referencias como esta, colar una más, no se hubiera notado. Aunque lo peor es que es un individuo excesivo e insoportable desde un principio. Seguramente querían mostrar la contradicción de que un ser irracional, dentro de un androide con aspecto vulcano. Pero el resultado es insufrible en cualquier aspecto que le hubieran puesto: boliano, tellarita o ferengi. Tal vez por eso, que fuera el infiltrado me parecía bastante obvio, y no me resultó una sorpresa. Zeph, el pistolero cyborg, que, junto a Dada Noe, nos brindan varios de los toques cyberpunk a la ambientación, es un personaje sin la más mínima gracia (aunque lo pretendan una y otra vez en cada ocasión que le enfoca la cámara). Melle, una deltan, que lo mejor que tiene es recuperar a la raza de Ilia de ST: The motion pictures, es junto a Zeph, los dos miembros del equipo (y del elenco) simplemente prescindibles para lo que hacen. Finalmente, y como aparición sorpresa, regresa Control (después de lo ocurrido en la segunda temporada de Discovery, yo hubiera cambiado por lo menos su nombre), esta vez encarnado por Jamie Lee Curtis, cuya voz en off me recuerda a esos jefes que mueven los hilos desde la distancia, como el jefe a Los Ángeles de Charlie (Charlie’s Angels, 1976-81). Qué imagino que hubiera sido quien les iría asignando sus misiones en la idea original de la serie sobre la Sección 31. Que, por suerte, no hemos tenido.
 
Mi valoración
No esperaba gran cosa de esta película. En realidad, esperaba algo espantoso. Aun así, me ha entretenido más de lo que imaginaba. Tal vez porque la trama finalmente se centró en el personaje de Georgiou, sin que Burnham fuera el foco de atención alrededor de la Emperatriz. Además, la historia es sencilla, y no cae en demasiadas inconsistencias en sí misma (algunas las he mencionado). Una misión con presentación de personajes, una trama, nudo y desenlace, sobre una amenaza latente y lo suficientemente peligrosa para ser algo transcendental para la galaxia (evitar la invasión del Imperio Terrano). Algunos personajes son salvables, otros innecesarios, como la enorme cantidad de “metáforas floridas”, como diría Spock, que hay en los diálogos, complemente innecesarios y cargantes. Sí me ha gustado la gran cantidad de referencias al resto del universo trek, algunas más acertadas, que otras, ya que, a mi parecer, crean profundidad dentro de una saga tan extensa, que, si en cada capítulo aparecen cosas nuevas, al final no puedes desarrollar conceptos que pueden ser interesantes. La estética me recordaba por momentos a cyberpunk, y no termina en encajarme en esta saga, pero no quiero dejar de olvidar que es un vistazo a una parte de esta (más macarra y menos civilizada), que no se había explorado mucho con anterioridad.
Pero lo más importante es que realmente no es una película de Star Trek. Podría pasar como una aventura de ciencia ficción con un tono postmoderno, llena de estereotipos y con chistes malos para una audiencia ¿más juvenil? Lo que deja mucho que desear sobre el concepto que tienen los productores de los gustos de los “nuevos espectadores”. Llenando el metraje de “metáforas floridas” y chanzas repetitivas y toscas, alejadas de cualquier humor inteligente. Tal vez no deja de ser una obra experimental, que podría dejar a la Carga de la Caballería Ligera como un sensato ejercicio militar. Ya que, aunque no vivimos un mal momento en la franquicia (aún hay dos series de televisión en producción), tampoco se puede desaprovechar la ocasión para no hacer un producto de calidad. Algo que parece que sí está ocurriendo y que precisamente pone en peligro la continuidad de esta. No olvidemos que la cuarta película del abramsverso sigue enquistada en su preproducción, se han cancelado las dos series de animación (que eran lo mejor que nos ha dado esta nueva etapa de la saga) y la situación económica de Paramount/CBS no está pasando por el mejor momento. En el verano pasado publiqué mi ranking de las películas de Star Trek. Ahora mismo no sabría en qué posición poner el telefilme de Section 31. Aunque sí puedo adelantar que me parece mejor que las dos primeras del abramsverso, y cómo me ha decepcionado menos de ST: Nemesis, la pondría seguramente antes que esta. Y aunque me ha gustado más de lo que esperaba, en conjunto podemos decir que es una mala película de Star Trek, y otra oportunidad perdida.


Ll. C. H.
 
 
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