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viernes, 30 de junio de 2017

USS Spirit 6

… y ahora la conclusión


El Fugi

            Kanuu estaba tendido en la cama del camarote que hacía de enfermería a bordo del Fugi. Bishop le había sedado mientras le aplicaba un regenerador dermal para curar sus lesiones superficiales. A simple vista los moratones eran muchos, incluyendo una herida en la oreja, seguramente al arrancarle su pendiente bajorano y de Lattre prefirió no saber cuáles eran las heridas internas, aunque el doctor le había dicho que sus lesiones no eran graves, que se repondría. Hacía casi dos años que no veía a su hijo, justo antes de alistarse en la Alianza Rebelde.
            Recordaba que habían sido semanas tensas, desde que anunciara su decisión, hasta que partió con algunos pilotos de las Fuerzas Reales de Naboo. Aunque su despedida había sido más calurosa, le había abrazado con fuerza, había llorado al verle marchar, convertido en un adulto que había escogido su propio destino. Recordaba perfectamente las últimas palabras que le dijo:
            “Me siento orgulloso de ti Kanuu. Lleva contigo los ideales honorables que te hemos enseñado allí donde vallas. No los olvides, por muy duro que te resulte. Que te reconozcan por ellos. Te quiero mucho hijo mío”.
            Contemplándole no pudo evitar recordar los momentos que habían pasado juntos. Kanuu siempre había sido más tímido que sus dos hermanos pequeños, siempre responsable, como si supiera que debía cuidar de Natalie y Jan. El día en que nació pudo ver en su rostro a su padre, veía a su esposa, era una mezcla de todos a los que había querido y se sintió el hombre más feliz del universo, ahora se sentía extremadamente orgulloso de su primogénito. Cuando le dijo que quería unirse a la Alianza Rebelde se dio cuenta que ya no era un niño. “Nos enseñasteis las creencias de libertad, igualdad, fraternidad. ¿Cómo puedo ignorar la injusticia del Imperio? Quiero luchar por eso que creo”. Le había dicho con gran seguridad en el despacho de su casa. Le había intentado disuadir sobre la peligrosidad que eso comportaba y sobre todo la necesidad de proteger su origen y la no intervención, a lo que Kanuu le había espetado: “Yo no soy miembro de la Flota Estelar. Nunca pondría traicionaros. Pero tengo que hacer esto papá”. Y se marchó dando un portazo.
            Aquella noche había estado hablando con su esposa.
            – “¿Qué puedo hacer?
            – Ya es un hombre, aunque a veces lo veamos como un niño. Quiere luchar por aquello que le enseñamos: por la libertad.
            » Me lo comentó ya hace algún tiempo – admitió ella –. Y la verdad es que no le puedo decirle que no lo haga. Yo misma me alisté en la Flota porque mi pueblo está oprimido por los cardassianos. ¿Cómo puedo decirle que no haga una cosa que yo misma hice?
            – Temo por su seguridad... Fue culpa...
            – No te tortures Jaques. Nadie puede decir que no hayas cumplido con tu deber. Has protegido a tu tripulación de una manera impecable. Pero tu hijo no es uno de los hombres bajo tu mando. Y ya es mayor para tomar su propio camino”.
            Pocas semanas después Kanuu se unió a la Alianza con otros dos hijos de tripulantes. Además del hijo de su oficial de operaciones T’Lar, también iba con ellos Ardern, cuya madre había muerto en el accidente que les había llevado hasta aquella galaxia. Este quiso verle antes de marcharse y agradecerle a él, como capitán del Spirit, y a toda la tripulación, la manera en que le habían tratado desde su llegada allí. Recordó que aunque había añorado a su madre, nunca se había sentido solo, arropado por todos cuantos le rodeaban. Y que luchar contra el Imperio era su manera de agradecérselo, de continuar aquello en que había sido educado y criado.
            En el Fuji de Lattre acarició la frente de su hijo. A medida que pasaban los minutos respiraba con mayor normalidad, hasta que lentamente fue volviendo en sí. Abrió los ojos, los mismos de su madre, color miel oscuro. La mirada de padre e hijo se cruzaron y los dos esgrimieron una sonrisa al reconocerse.
            – Sabía que vendrías... – replicó Kanuu con dificultad, pero de repente cambio su semblante –. Van a atacar la base... hemos de avisarles... me lo dijeron...
            – Tranquilo. Descansa, todo irá bien – replicó Jaques.
            – Papá... no podemos dejarles...
            – Les ayudaremos Kanuu. Ahora descansa. Yo me ocuparé de todo.
            Eso pareció tranquilizar a su hijo que sonrió y volvió a cerrar los ojos. De Lattre se levantó y pidió a Bishop que le avisara si volvía a despertarse.
            Se detuvo tras cruzar la puerta de la cabina y tuvo que apoyarse en el mamparo para no desvanecerse. Su corazón latía con fuerza y su mandíbula temblaba, apenas podía respirar de la impresión. Y no era solo porque su hijo se encontraba a salvo, sino porque en aquel momento Jaques de Lattre de Tassigny se sintió el ser más orgulloso del universo. El primer pensamiento de su hijo al volver en sí había sido para salvaguardar a sus compañeros que estaban en peligro. Ya no era un niño al que debía de proteger, era un hombre generoso y honorable. Y eso le llenaba de una satisfacción por tener un hijo así. Pero al mismo tiempo se sentía ingrato porque su hijo estaba dispuesto a dar su vida por algo que en el fondo era justo y él no había sido capaz de hacer lo mismo. Todos aquellos altos ideales en los que había sido educado y que había jurado defender en la Federación, no significaban nada si no se defendían. Y él no lo había hecho.
            Subió a la cabina, donde estaban Shimura y Chuket. Lo primero que hizo el wookiee fue preguntar por el estado de su hijo.
            – Se pondrá bien, gracias – respondió de Lattre, luego se volvió hacia Shimura y se le dirigió con un tono de autoridad que hacía tiempo que no utilizaba –. Teniente cambie de rumbo. Regresamos al puesto avanzado de Tierfon. Y póngame con el comandante Crespo, inmediatamente.
            – A sus órdenes mi capitán – respondió su oficial de seguridad con renovadas energías. Sabía muy bien lo que eso significaba.
            – Por cierto, aquí tiene – dijo de Lattre alargándole un padd con la renuncia de Shimura –. Esto no es necesario, teniente.


El Krontak

            La nave del capitán Lameta era un veterano Venator cuya primera acción había sido en la defensa de Coruscant durante los Guerras Clon. Desde entonces había servido fielmente al Emperador Palpatine. Pero por muy anticuada que fuera aquella nave, el Imperio no desechaba nunca material de guerra si aun podía serle útil y la Krontak aun lo era. Su cuartel general estaba en Corvanni IV y realizaba misiones de control fronterizo localizando y cazando a piratas, contrabandistas y sobre todo pusilánimes rebeldes. La última operación había sido un éxito: advertidos del ataque sobre un convoy, la emboscada se había convertido en una encerrona que había hecho tres prisioneros.
            El plan había sido ideado por el nuevo gobernador del sector Neshig: el moff Sacer que quería impresionar al Emperador aniquilando el molesto puesto avanzado conocido como R-154 por el Ubictorado y ahora descubierto en el sistema Tierfon. Desde allí se habían lanzado multitud de ataques contra múltiples objetivos imperiales por todo el sector Sumitra y otros cercanos. Ahora aquel molesto lugar sería borrado de las estrellas gracias a la información extraída de aquellos desgraciados pilotos.
            – Ya ha llegado el informe de reconocimiento de los probots – informó Lameta al moff Sacer –. Confirman la localización y defensas, señor.
            – Magnífico. Informe al coronel Kartin que prepare a sus hombres.
            – ¿Me permite hacerle una pregunta, señor?
            – Dígame.
            – No es que dude de la potencia del Krontak, pero ¿por qué no esperamos refuerzos? Con un destructor clase Imperial en órbita estoy convencido que ningún rebelde escaparía de ese puesto avanzado.
            – Ya lo solicité al Mando de la Flota, capitán. Pero parece ser que el Emperador envió todos los destructores disponibles a un lugar llamado Endor. No sé preocupe aunque escapen algunos rebeldes destruir su base ya será un fuerte golpe para sus actividades terroristas en este sector.
            – Sí señor.


Puesto avanzado de Tierfon

            La sirena resonaba en todos los pasillos y estancias subterráneas de la base rebelde, mientras los hombres corrían de un lado a otro dirigiéndose a sus puestos de combate. A todos y cada uno de ellos se les entregó un arma y fueron distribuyéndose por la base como en los simulacros, aunque aquel día no era un ataque ficticio.
            En el puesto de mando la imagen holográfica mostraba un destructor Venator entrando en la atmósfera escoltado por un nutrido grupo de cazas TIE. Alrededor del proyector estaba el general Cracken, el mayor Speria y el comandante Edgar con su traje de vuelo. La aparición de la nave enemiga se había producido instantes antes de la partida de los cazas.
            – No puede ordenarme eso, señor – replicó el jefe de pilotos –. Sin nosotros no tienen ninguna oportunidad de defenderse.
            – Comandante ha de partir sin demora – insistió Cracken con firmeza –. Le necesita más la Flota que nosotros. Ha de llegar a Solluts y unirse a la batalla que se avecina. Comprendo su deseo de defender este lugar comandante Edgar, pero su objetivo es más importante: destruir la segunda Estrella de la Muerte.
            Edgar asintió resignado. No había estado en Yavin pero si Palpatine obtenía otra estación como aquella la galaxia estaría perdida irremediablemente y nadie podría derrotarlo.
            – Señor –le saludó visiblemente resignado.
            – Que la Fuerza te acompañe – le deseó Speria
            – Y a ti también, buen amigo – replicó el Edgar –. Y a todos vosotros.
            Dicho lo cual salió del centro de mando hacia el hangar. Sus cazas estaban alineados para despegar, con sus pilotos esperando la noticia.
            – Lo siento chicos, no podemos quedarnos – les dijo su superior y les explicó su objetivo en la luna santuario de Endor. Todos asintieron con pesar –. Como las defensas de la base no pueden cubrirnos, saldremos todos juntos, separándonos por parejas evitando cualquier enfrentamiento contra los cazas imperiales. Al salir del pozo de gravedad del planeta saltaremos al hiperespacio. Realizaremos dos saltos antes de concentrarnos en el Hogar Uno con la Flota. ¡Qué la Fuerza nos acompañe!
            Tras un grito de ánimos todos los pilotos se dirigieron hacia sus cazas.
            Antes de partir Satek miró hacia donde se encontraba Ardern y alzó la mano de la manera vulcana. El boliano hizo lo propio y sonrió resignado, conociendo su destino, al mismo tiempo que deseaba suerte a su amigo. Satek no replicó la sonrisa, pero su mirada lo decía todo. La lógica le dictaba que no volverían a verse y sintió la mayor tristeza que jamás podría imaginar. Se concentró para reprimir sus sentimientos de rabia, amargura y deseó con todas sus fuerzas que Ardern se salvara.
            – Larga y próspera vida mi buen amigo – murmuró girándose y subiendo a su Ala-X.


            – General, usted también debe marcharse – dijo Speria tras la salida de Edgar –. Salga escoltado con el escuadrón Naranja. Esta base puede caer con todo su personal, pero usted es mucho más importante.
            – En esta guerra nadie es imprescindible – replicó Cracken con serenidad –. Y estoy arto de huir. Huir de Yavin, huir de la Base Echo en Hoth y de otros tantos sitios sin nombre. No, hoy es un buen día para permanecer aquí y luchar junto a un grupo de buenos hombres.
            En la imagen holográfica podían ver como el destructor Venator empezaba a desplegar sus fuerzas en el valle que se extendía en la parte posterior de la base, más allá del escudo deflector que les protegía. Los primeros andadores AT-AT y AT-ST empezaban a desembarcar mientras los cazas TIE les cubrían. No podían perder tiempo si querían que el escuadrón Naranja partiera intacto hacia la decisiva batalla que se avecinaba.
            – Señor, recibimos una comunicación – interrumpió el técnico –. Por el mismo canal que el general esperaba la señal de ayer.
            – Páselo, inmediatamente – replicó Cracken y en el proyector apareció el rostro de de Lattre.
            – General siento llegar tarde, yo también he detectado la presencia del destructor imperial. Espero que permita que les ayude.
            – Sería un placer capitán de Lattre de Tassigny – contestó Speria con una sonrisa de satisfacción amarga, así era como le había llamado Ardern –, pero no creo que su nave pueda contra un destructor Venator.
            – ¿Pueden bajar los escudos durante cinco segundos? – preguntó el capitán de la Spirit, lo que provocó una desconcertante mirada entre Cracken y Speria.
            – Los cazas del comandante Edgar están a punto de despegar. ¿Pueden aprovechar ese lapso de tiempo? – sugirió Cracken
            – Será más que suficiente – respondió de Lattre y su imagen desapareció, regresando el despliegue enemigo.
            – Mayor, no logro situar el origen de la transmisión – informó entonces el técnico –. No detectamos ninguna nave en órbita.
            – El comandante Edgar informa que está preparado para despegar – indicó otro técnico. En el puesto de control de tráfico podía ver los cazas con sus motores encendidos, levitando frente a la entrada de la cueva a punto de emprender el vuelo.
            – Que desactiven el escudo deflector – ordenó Speria. Aquel era el momento adecuado, mientras la cobertura de cazas TIE estaba entretenida cubriendo el despliegue de las tropas de tierra.
            En ese instante y ante la sorpresa y el estupor de todos los presentes, frente a Speria y Cracken, al otro lado del proyector holográfico se materializaron de la nada cuatro figuras: Jaques de Lattre de Tassigny, Ken Shimura, Chuket y Kanuu de Lattre de Tassigny. Los dos primeros llevaban un mismo uniforme con los pantalones y la parte superior de los hombros negra y la casaca roja en uno y dorada en el otro.
            – Todos los cazas han partid… – informó uno de los técnicos que no había visto lo ocurrido y que al girarse se sorprendió al ver cuatro nuevas figuras.
            – Vuelvan a activar el escudo deflector – replicó Speria mecánicamente sin dejar de mirar perplejo a de Lattre y su grupo.
            – ¿Cómo diablos ha hecho eso? – dijo por fin Cracken después de unos instantes, tras sobreponerse de la sorpresa.
            – Simplemente tecnología, general – respondió de Lattre con tranquilidad –. Pertenezco a una organización cuya máxima y Primera Directriz nos obliga a no intervenir en el desarrollo normal de cualquier civilización. El teniente Shimura al ponerse en contacto con ustedes violó esa norma. Y ahora yo también la romperé.
            Dicho lo cual presionó una pequeña joya en forma de estrella que tenía en el pecho.
            – Comandante Crespo, soy el capitán de Lattre de Tassigny, le ordeno atacar a las fuerzas imperiales que están cercando la base rebelde. ¿Ha entendido?
            – Lo he entendido capitán. Lo anotaré en el diario de a bordo. Spirit fuera.


USS Spirit

            Crespo se estiró el uniforme rojo al sentarse en la silla de mando. En la pantalla podía ver como el destructor empezaba a elevarse tras desembarcar a las tropas de tierra, para poder abrir fuego y debilitar los escudos deflectores del puesto avanzado desde una posición más alta.
            – Estaciones de batalla – ordenó Crespo con voz tranquila, pero con un tono transcendental. En su mente tenía a la familia de su esposa, aniquilada en Alderaan. Por fin podría vengarse. La alerta resonó por toda la nave, las luces se atenuaron, encendiéndose las rojas –. Teniente Kinapk fije torpedos de fotones sobre el objetivo.
            – Sí señor.
            – Teniente T’Lar desactive el sistema de ocultación.
            A unos cinco mil metros de altura por detrás del Krontak, una nave apareció de la nada y varias pequeñas estrellas rojizas salieron disparadas hacia la popa del destructor, haciendo impacto en las torres gemelas de mando.
            – Impacto directo. Escudos al 60% – informó Kinapk.
            – Fuego a discreción.
            Una lluvia de torpedos de fotones salió de la torre de armamento del Spirit y cayó sobre el Krontak mientras la nave estelar pasaba a gran velocidad por su costado. Al retomar altura volvió a lanzar otra hondonada de torpedos desde la popa.
            – Los escudos enemigos han caído. Su parrilla energética fluctúa – informó Kinapk.
            – Timonel, haga otra pasada. Fuego con los phasers, máxima potencia.
            El Spirit viró con rapidez entre las nubes de Tierfon y regresó en un picado sobre el destructor que empezaba a perder altura. Los impactos alcanzaron la base de la torre de mando los turboláser de estribor y penetrando en el casco hasta los reactores principales. Una tremenda explosión sacudió toda el veterano Venator que perdió definitivamente la energía y envuelto en llamas se precipitó unos cientos de metros sobre la superficie del valle.
            – Teniente fije objetivos sobre la línea de avance de la infantería y sus vehículos.
            – Cazas TIE acercándose hacia nosotros – informó T’Lar.
            – Cambie de objetivo – ordenó Crespo, mientras veía acercarse con rapidez a los pequeños cazas negros de alar octogonales.
            – Dispersión máxima, blancos designados.
            – ¡Fuego!
            De las diferentes trincheras surgieron los rayos de energía que impactaron en las trayectorias de los pequeños TIE, que sin escudos, cayeron la mitad antes de que sus compañeros pudieran desviarse de aquellos mortíferos disparos.
            – Vuelva a centrarse en la superficie.
            El Spirit volvió a girar en redondo y pasando por encima de las llamas del Krontak se dirigió hacia los AT-AT que estaban acercándose al puesto avanzado. El phaser cruzó a los andadores en diagonal como si de una línea de fuego se tratara y penetró su grueso blindaje como si este fuera una de hoja de papel. Los cinco vehículos estallaron mientras en las trincheras rebeldes los soldados vitoreaban aquella misteriosa nave que les había salvado la vida.
            – ¿Quedan más fuerzas enemigos?
            – Los sensores indican algunos andadores escolta AT-ST en los flancos se retiran y numerosos supervivientes del destructor – informó Kinapk –. Los cazas TIE se reagrupan y están virando hacia nosotros de nuevo.
            – No entienden que ya han perdido. Pues se lo demostraremos – comentó Crespo observando como el puñado de temerarios cazas se reagrupaba –. Fuego.
            Los phasers volvieron a disparar, alcanzado al resto de TIE, que cayeron bajo los ordenados de tipo del Spirit que habían calculado su rumbo de aproximación y ajustado la trayectoria de los phasers de manera automática. En unos segundos ya no quedaban cazas imperiales en los cielos de Tierfon.
            – Hemos de ser generosos y dejaremos que la Alianza se divierta también un poco. Transmita la posición de esas fuerzas al puesto avanzado. Por si un caso, nos mantendremos cerca de la posición. Timonel tome altura y sitúenos en órbita.


Puesto avanzado de Tierfon

            – Que salgan los speeders y acaben con esos AT-ST – ordenó Speria tras acabar el ataque del Spirit. Luego miró fijamente a de Lattre de Tassigny –. Ha salvado nuestras vidas capitán. Jamás lo olvidaremos.
            – Ni la Alianza – replicó Cracken, que miró a Kanuu –. Usted debe de ser su hijo, me alegro de que esté sano y salvo.
            – Gracias, general – replicó este aun débil –. Pero el puesto avanzado ha sido descubierto, debemos empezar la evacuación.
            – En breve eso no será necesario – respondió Cracken –. Con ayuda de la Fuerza en poco tiempo el Emperador habrá muerto y su segunda Estrella de la Muerte habrá sido destruida en Endor. Su reinado por fin llegará a su final.
            – Eso espero – dijo de Lattre –. Aun así el Imperio es poderoso y tardará en caer. Si lo desean podemos evacuar a parte del personal.
            – Personalmente preferiría que no – intervino Speria –. Ya es hora de empezar a no huir. El puesto avanzado de Tierfon se mantendrá activo mientras sea necesario. Pediré que tras la batalla de Endor envíen de nuevo a un escuadrón de cazas y continuaremos hostigando a nuestros enemigos en el sector Sumitra o allí donde se encuentren. Nuestra lucha es una luz que no se extinguirá, capitán.
            – Que así sea – le respondió de Lattre –. Si les parece bien ordenaré que la nave que transporta los prisioneros liberados en Corvanni IV se desvíe para dejar a los que puedan ser útiles aquí. Entre ellos el otro piloto capturado junto a mí hijo.
            – Solicito permiso para volver a mi puesto, señor – dijo entonces Kanuu.
            – Ha de descansar teniente. La guerra aún no ha acabado y le necesitamos plenamente restablecido – le contestó Speria –. Y capitán de Lattre de Tassigny no creo que el Imperio nos ataque tras su intervención, por lo menos durante un tiempo.
            – Entonces regresaré a Naboo y nos pondremos en contacto con la célula de la rebelión en el sistema. Si el Emperador muere pronto, es posible que muchos planetas se alcen contra sus tropas.
            – Esa es nuestra esperanza – replicó Cracken –. Me preguntaba si podría acompañarle y poder ver algo más de su... nave.
            – Si lo desea será un placer general. Así podremos hablar de nuestra futura colaboración.


USS Spirit

            – ¿Un poco más? – le preguntó Laren señalando la botella de vino.
            – No, por favor. Ya he bebido suficiente – replicó Cracken recostándose en la silla. A su alrededor estaba congregada la oficialidad de aquella increíble nave. Su historia era apasionante: procedentes de otra galaxia y llegados por el azar de un accidente, habían sobrevivo ocultos en la convulsión de la Guerra Civil que se vivía entre los sistemas de la Antigua República. Le habían mostrado la nave y le habían explicado el significado de la Primera Directriz: no intervenir en el desarrollo de otras especies. No le habían dicho porque ahora la habían violado, pero él hacía tiempo que se había alzado en armas contra la tiranía del Emperador y la rectitud de de Lattre y del resto de oficiales le indicaban que ya no habían podido aguantar más ante la política de terror y barbarie de lo que hasta entonces eran meros espectadores.
            – Le recuerdo que es sintetol, general – indicó Crespo con una afable sonrisa en los labios –. Por mucho que beba no se le subirá a la cabeza.
            – Simplemente es que son demasiadas emociones. Hace unas horas me había preparado para morir en Tierfon y ahora me parece estar a bordo de un crucero de lujo, mientras espero la resolución de la batalla más decisiva de esta guerra.
            – Es ilógico preocuparse cuando no podemos hacer nada desde aquí. Salvo esperar – replicó la vulcana T’Lar, cuyo hijo iba a participar en el ataque contra la segunda Estrella de la Muerte.
            – Cómo he dicho ha sido un día largo. Si no les importa me retiraré a descansar – dijo Cracken y todos dejaron el camarote del capitán.
            Pero Cracken no pudo conciliar el sueño y decidió pasear por la nave para despejarse. Por los pasillos no había nadie, a bordo solo estaba la tripulación imprescindible, el resto mantenían su vida en Naboo como miembros de una respetada empresa. Presionó los paneles del pasillo para descubrir el camino hacia el Seis Frontal, la cantina de la nave. Al llegar se encontró con un oficial leyendo un padd. Este le saludó cortésmente y le ayudó a replicar un zumo de pomelo, recomendado por ese cortés teniente.
            Poco después mientras contemplaba el remolino de luz del hiperespacio que se desplegaba frente a los grandes ventanales se abrió una de las puertas y entró el capitán de Lattre de Tassigny.
            – ¿No podía dormir? – le preguntó Cracken.
            – Usted tampoco.
            – Demasiadas cosas se están jugando en este momento.
            – Además, querría estar con sus compañeros
            – Así es – respondió rotundo. Si se hubiera quedado en el Hogar Uno habría formado parte de la tripulación del Halcón Milenario que iba a pilotar el general Lando Carlrissian que iba a liderar el ataque de los cazas contra la estación de batalla aún en construcción –. Pero también sé que allí sería uno más. Las cartas ya están repartidas. Aun así…
            » ¿Puedo preguntar qué le sucederá al teniente Shimura? – preguntó tras unos instantes de silencio entre ambos oficiales –. Por lo que he entendido ha desobedecido la más importante de sus leyes.
            – Yo también la he roto – replicó categórico de Lattre –. En otras circunstancias... quién sabe. Pero estamos lejos de la Federación.
            » General – prosiguió agravando el tono de su voz –, ha de entender que esta nave posé tecnología que podría hacer tambalear toda esta galaxia. Los replicadores podrían llegar a destruir toda la base industrial y comercial existente. Sin la necesidad de cultivar alimentos o de extraer materias primas para manufacturar artefactos, millones de seres no tendrían trabajo, sistemas enteros se arruinarían. En mi galaxia esa tecnología fue evolucionando con lentitud y permitió que la economía se adaptara sin causar un gran trauma. Por tanto aunque mi tripulación y yo ayudemos a la Alianza habrá cosas que no podemos compartir.
            – Lo comprendo – replicó Cracken alzando el vaso replicado de zumo.
            – El resto de nuestros recursos están a su disposición, incluyen aquellos que hemos acumulado alrededor de la empresa que tenemos en Naboo: los astilleros, el refinado de gas tibanna, el taller donde fabricábamos los torpedos de protones, y  la red de intercepción y descodificación que creó Shimura podría ser ampliada para ponerse a su servicio.
            – Intercederé ante Mon Mothma, pero no creo que haya problema en ese sentido, además siempre tendrán el respaldo del adquisidor Keegan. Su Federación se asemeja mucho a la República que queremos reconstruir.


Naboo

            El Spirit surgió del hiperespacio y activó su sistema de ocultación al mismo tiempo que la Flora Rebelde luchaba alrededor de la Estrella de la Muerte a muchos años luz de allí. Tras transportar a los oficiales a las instalaciones de Tycho Inc. en Theed, la nave regresó a la luna de Ohma-D’un, donde se ocultaba de miradas indiscretas.
            Al llegar Shimura se puso en contacto con la célula que la rebelión y concretó una cita para que de Lattre pudiera hablar abiertamente con el resto de líderes del planeta. La había convocado en una estancia de la biblioteca de la universidad, un lugar lo bastante público para pasar desapercibido y donde se podía mantener una reunión discreta en una de sus muchas estancias. El primero en llegar fue Been, era un Rep, miembro del Alto Consejo Gungan, representando al jefe Nass que desde el nacimiento del Imperio había formado parte de la Rebelión. Las otras dos personas habían sido incorporadas a la Alianza en los últimos años por el propio Shimura, que buscaba ensanchar el pequeño grupo gungan. El siguiente en llegar fue el coronel Typho de las fuerzas Reales de Naboo e hijo del guardaespaldas de la antigua senadora Amidala, que ahora controlaba a las fuerzas locales del planeta. Era un hombre inteligente e impregnado con la independencia que siempre había caracterizado al pueblo humano de Naboo y gracias a la actitud del Emperador no había sido difícil atraerle hacia la causa. La última en llegar fue la senadora Pooja Naberrie, la cual siempre había simpatizado con la Rebelión, pero que hasta la disolución del Senado Imperial no había sido capaz de dar el siguiente paso. Desde entonces había utilizado su influencia entre la alta sociedad del planeta para extender las simpatías hacia los opositores en aquel remoto sistema.
            – Nos ha sorprendido lo urgente de la reunión – dijo Pooja Naberrie dirigiéndose hacia Shimura –. Pero no imaginábamos que vendrías tan bien acompañado. Jaques me alegre verle entre nosotros.
            – Hacía tiempo que tendría que haber venido – replico este cortés.
            – General Cracken es un honor tenerlo entre nosotros, su reputación le precede – indicó Typho respetuoso.
            – En realidad solo soy un simple luchador por la libertad, como ustedes – dijo Cracken modestamente y luego miró hacia los dos oficiales de la Flota –. Ken Shimura y Jaques de Lattre de Tassigny, así como la mayoría de los integrantes de Tycho Inc., forman parte de un grupo de personas amantes de la libertad y la justicia y desde hace tiempo colaboran con la Alianza. A partir de este momento trabajarán más abiertamente tanto conmigo, tanto como con ustedes. Y les anuncio que estamos a punto de entrar en una nueva fase en la lucha contra el Emperador Pal...
            El pitido del comunicador que llevaba de Lattre interrumpió a Cracken.
            – Capitán, aquí Crespo, disculpen la interrupción, pero es importante – dijo la voz del primer oficial a través del comunicador –. La Holonet acaba de anunciar: que el Emperador ha muerto en Endor.
            Airen Cracken lanzó un suspiro de alivio al escuchar aquella noticia. Todos en aquella sala empezaron a felicitarse llenos de satisfacción. Been se fundió en un abrazo a su buena amiga Pooja, igual que hacían Typho y Shimura, cuya amistad y respeto se había forjado mientras trabajaban clandestinamente en los últimos años. De Lattre le alargó la mano a Cracken: por fin la justicia había triunfado. Para anunciarlo el departamento de Criptografía de la Alianza se había introducido en la Holonet Imperial para proclamar la gran victoria sobre Palpatine en todos los rincones de la galaxia.
            – Señores es un momento de alegría para todos... – anunció Pooja con visible emoción en su rostro –. Pero la lucha ha de seguir. Con el coronel Typho hace algún tiempo preparamos una operación para liberar Naboo de las garras de Palpatine.
            – Sí, debemos aprovechar estos momentos de debilidad para atacar – insistió Typho –. Las Fuerzas de Seguridad Reales están listas para alzarse, en poco tiempo podríamos desplegarnos en Theed, Deeja Peak y Keren...
            – Los gungans nos ocuparemos de las fuerzas subacuáticas en Otoh Gunga, la ciudad oceánica de Kaadara y en otros enclaves – anunció Nessa.
            – Nosotros nos ocuparemos del Retratamiento del Emperador – anunció de Lattre –, fue construido como centro de mando lejos de Coruscant y aunque no lo parezca, es el lugar más fuertemente custodiado. Si nos apoderamos de esa instalación toda resistencia en el planeta se vendrá abajo. También tenemos que detener a Panaka...
            – Hubo una época en que Panaka realizó grandes servicios a Naboo y a mi propia familia – reflexionó Pooja con pesar.
            – También ha servido muy bien como moff del sector Chommell para el Emperador – replicó el gungan con amargura –. Y ha de ser juzgado por sus crímenes.
            – No creo que tardemos en neutralizar el Retratamiento – dijo de Lattre que se dirigió a Typho –. Después me uniré a sus fuerzas en ayudarles a liberar el restro del planeta. Para ello cuento con un buen número de wookiees que están más que dispuestos a ayudarnos en esta tarea.
            – Toda ayuda será bienvenida – replicó este y la reunión se disolvió para ir a preparar cada uno sus fuerzas. Al mismo tiempo en las calles se iban llenando poco a poco de gente que quería celebrar la muerte del tirano.
            Mientras los habitantes de Naboo celebraban el fin del terror una fuerza formada por wookiees y tripulantes del Spirit asaltaron a la sorprendida guarnición del Retratamiento del Emperador. Al mismo tiempo la Guardia Real al mando del comandante Typho y el ejército gungan liderado de nuevo por Boss Nass ocupaban el resto de instalaciones imperiales del planeta. El último representante de Palpatine, el moff Panaka, fue arrestado mientras permanecía sentado en el Trono del Palacio Real.
            Pocos días después la reina Kylantha, que había permanecido más tiempo del permitido en su cargo, renunció al trono y se celebraron las primeras elecciones libres desde hacía más de diecinueve años, restaurado así el gobierno tradicional de Naboo. Poco después la nueva reina Pooja Naberrie anunció que el sistema se uniría a la Alianza de Planetas Libres liderados por Mon Mothma. Typho y las Fuerzas Reales también se integraron con las fuerzas de la Alianza, mientras el desorientado Imperio se retiraba en un reinante caos hacia los Mundos del Núcleo, dejando en paz aquel pequeño sistema del borde exterior.


Tiempo después…

            La nave personal de Cracke, la corveta corelliana Contruum, llegó a Naboo meses después de la muerte de Palpatine.
            – Bienvenido de nuevo – le saludó de Lattre que le esperaba en el espacio puerto. En la solapa de su chaqueta llevaba el comunicador dorado.
            – Me he enterado que usted ahora forma parte del Consejo Consultivo de la Reina Nabarrie, enhorabuena – le saludó el recién nombrado Director de la Inteligencia de la Nueva República mientras subían a un aerobús oficial.
            – También le devolvimos las empresas que adquirimos a sus legítimos propietarios – explicó de Lattre –. Por muy bien que lo hiciéramos, no somos empresarios y solo las usamos para proteger nuestra tapadera.
            – Me alegro. Pero tengo que decirle que traigo noticias que le interesan. Y lo que les diré por el momento es un secreto – dijo Cracke en el interior del vehículo –. Poco antes de la Batalla de Endor enviamos un pequeño grupo de hombres de la inteligencia tras una fuerza imperial bajo el mando de un Gran Moff sin sectores asignados llamado Daran. No sabíamos cuál era su objetivo y conocerlo era de extrema importancia porque contaba con muchas naves y soldados leales al Emperador. Ahora acabamos de conocer que misión tenía: invadir otra galaxia, la Vía Láctea.
            Aquello dejó paralizado durante unos instantes a de Lattre mientras el aerobús descendía sobre la Gran Plaza, junto al complejo gubernamental de Theed.
            – ¿Está usted seguro? – fue lo único que pudo preguntar de Lattre.
            – Completamente. Mi gente contactó con las fuerzas de la Federación que han sido atacadas por Daran – explicó Cracke –. En este momento un representante de su gobierno se encuentra a bordo de la nave insignia de Ackbar. He venido para acompañarle hasta allí.


USS Spirit

            La noticia de la ocupación de la Federación había caído como un mazazo sobre la tripulación del Spirit: por fin podrían volver a casa, pero su hogar se encontraba ahora bajo el terrible yugo del Imperio al que conocían bien. De nuevo con una tripulación mínima de Lattre partió rápidamente al encuentro de la embajadora Odan de Trill. La nave estelar se colocó a la altura del Hogar Uno, la nave insignia del almirante Ackbar y sede provisional de la delegación. Instantes después Kareel Odan y un oficial de la Flota se transportaron a bordo.
            Lo que primero le sorprendió a De Lattre fue ver una mujer tan joven, luego recordó que su simbionte trill tenía muchos años de experiencia como diplomático. El otro hombre, ahora capitán Flaherty, ya era conocido antes del accidente por sus dotes lingüísticas y diplomáticas.
            – Permiso para subir a bordo, capitán – fue lo primero que dijo Odan, con una gran sonrisa de orgullo.
            – Permito concedido embajadora. Sea bienvenida a bordo del USS Spirit – replicó de Lattre y Odan descendió los dos escalones de la plataforma del transportador con contenida emoción.
            – Capitán me llena de felicidad saber que una de nuestras naves, que creíamos perdida, en realidad estaba sana y salva y que por fin ha podido contactar con nosotros.
            – Embajadora si le he ser sincero, no creía que este encuentro fuera posible.
            – Me lo imagino, pero aunque estamos muy lejos de casa, pronto podrá regresar.
            De Lattre presentó al resto de la su oficialidad y después acompañó a esta y a Flaherty hasta la sala de conferencias, situada en la cubierta inmediatamente inferior a la del puente. Allí le relató lo que había sucedido desde la persecución a la nave ferengi hasta aquellos momentos.
            – Como capitán del Spirit, asumo todas las consecuencias y la culpa por haber violado la Primera Directriz – fue lo último que dijo en su relato.
            – Por favor, déjenos solos – replicó Odan y el resto de los oficiales se levantó y abandonó la estancia. Las protuberancias de la frente eran características en aquella sub-especie trill y la verdad es que intimidaban que más que las manchas a ambos lados del rostro mucho más comunes. Aun así no había dureza en la mirada.
            Ya solos Odan se levantó y caminó hacia los ventanales desde lo que se podía ver alrededor del Spirit la formación naval de la Nueva República. Permaneció así durante varios segundos, reflexionando en los acontecimientos que acababa de escuchar: una nave perdida, sola, en medio de un lugar desconocido y hostil.
            – Han pasado muchas cosas desde que nos dejó capitán – dijo con una voz suave girándose de nuevo para mirar a de Lattre directamente –. No solo la reciente invasión del Imperio. Justo antes luchábamos desesperadamente contra una poderosa fuerza del cuadrante Gamma: el Dominion. Usted no los conoce, contactamos con ellos a través del agujero de gusano que se descubrió en Bajor tras su marcha. Y hemos tenido otras amenazas también muy serias: el borg, por ejemplo.
            » No por ello hemos cambiado nuestra política, por supuesto – dijo esbozando una gran sonrisa –. Usted se enfrentaba a una difícil posición y durante años ha mantenido la estricta neutralidad como indican los procedimientos de la Flota Estelar en casos semejantes al suyo.
            » Pero su revelación como parte de la Federación y su alineación con la Alianza Rebelde o mejor dicho, la Nueva República, a través de Naboo sucedió técnicamente después de ser atacados por las fuerzas imperiales.
            – ¿Técnicamente? – repitió de Lattre.
            – Tal vez usted no lo sabía, pero para entonces ya estábamos en guerra contra nuestros mutuos enemigos. Por tanto su actuación es completamente legal y no infringe la Primera Directriz.
            De Lattre estaba boquiabierto por aquella interpretación de los hechos.
            – Con respecto a la actuación de su oficial de seguridad, el teniente Shimura... Es su oficial y han pasado muchos años juntos. Por mi parte su anotación en el diario de a bordo de su actuación zanja ese asunto – dijo sentándose de nuevo.
            » Capitán, su experiencia en esta galaxia es incalculable. Usted ha pasado años entre estas culturas y conoce bien cómo piensan y actúan, deseo que sea mi consejero en los pasos de debemos dar de ahora en adelante. Mi misión es negociar un tratado diplomático en todos los niveles con la Nueva República, ¿me ayudará en esta tarea? Se lo pregunto porque imagino que lo que más desea es regresar a casa, por mala que sea la situación allí. Pero le aseguro que si me acompaña en este viaje el esfuerzo de esperar valdrá la pena. Usted y su nave pueden ayudarnos enormemente en ese aspecto.
            – Hemos estado aislados diez años. Mi primer oficial y muchos otros están casados con habitantes de esta galaxia. Mi propio hijo lucha junto a la Nueva República. Esperar unos meses no importará. Además aun quedan algunas cosas que hacer en lo que respecta a nuestra tapadera durante estos años. Será un honor ayudarla.
            – Gracias capitán.
            – ¿Puedo hacerle una pregunta?
            – Por supuesto.
            – Ha dicho que descubrieron cerca de Bajor un agujero de gusano... Mi esposa es bajorana...
            – Entonces he de anunciarle que la ocupación de Bajor por los cardassianos acabó hace... ocho años. Tenemos muchas cosas que contarnos, el uno al otro – dijo Odan con una gran sonrisa.


FIN…


martes, 13 de junio de 2017

USS Spirit 5

Naboo

            Cuando de Lattre llegó al espacio puerto de Theed aun hacía frío y el sol salía tímidamente por el horizonte mientras las brumas matinales subían desde los lagos. La nave que le esperaba era la Fugi, que solía usar Shimura para desplazarse. Un antiguo crucero corelliano con tres motores a popa y una cápsula en proa de la clase Consular. Oficialmente formaba parte de la flota comercial de la compañía, en concreto a las destinadas al departamento de minería, pero viendo ahora las antenas que coronaban el casco, el capitán supo realmente la función que tenía. Su esposa, Crespo y el doctor Bishop habían insistido en acompañarle hasta allí. Sabía que Isham hubiera querido acompañarle, pero debía cuidar de sus otros dos hijos. Mientras que Crespo además de ser su primer oficial, se había convertido con los años en su amigo y confidente. En la rampa le esperaba Shimura y Chuket, el wookiee que habían salvado hacía años. Ahora ya no tenían que disimular. Que ciego había estado todo aquel tiempo, trabajando a sus espaldas, engañándole, pensó de Lattre.
            Antes de partir se despidió de su esposa con un fuerte abrazo. Luego se dirigió a su primer oficial.
            – Inicie los preparativos para la evacuación por si la situación empeora – le ordenó –. Solo la tripulación y su familia. Elija usted el lugar donde podamos desaparecer y prepare la destrucción de todo lo que pueda ser comprometido y no podamos llevarnos.
            – Sí capitán – respondió Crespo.
            – Alguien tiene que acompañarte – le dijo Bishop.
            De Lattre se limitó a asentir, sabía que no iba a impedir que su jefe médico viniera en aquel viaje y tal vez le necesitara. Luego subió por la rampa, saludando fríamente a su jefe de seguridad. Poco después la Fugi despegó de Naboo y saltó al hiperespacio rumbo al sistema Tierfon.


            La noche antes, tras salir de la reunión Ken Shimura, se dirigió hacia su casa de Theed. Estaba a las afueras de la ciudad, en una pequeña urbanización construida para los tripulantes del Spirit. Como muchos otros tripulantes la añoranza de su hogar y sobre todo su familia, le había llevado a cometer tal vez la única excentricidad en su vida, ya que se había hecho construir un pequeño edificio de madera y tejas rojas al estilo tradicional japonés. Tenía una planta cuadrada, un área de trabajo, un salón para recibir visitas, un dormitorio, baño y cocina, todo decorado con suma sencillez y separado por puertas correderas. Siendo el jardín, que tenía un pequeño estanque, lo que más apreciaba de todo el conjunto y que permitía esconder la casa de miradas indiscretas. Al llegar activó su comunicador subespacial, imposible de rastrear por la tecnología de aquella galaxia y segundos después apareció el rostro peludo de un wookiee de ojos verdes acompañado de un gruñido, no le hacía falta su traductor universal para entender el saludo de su gigante amigo. Tenían que moverse rápido, le dio instrucciones a Chuket para que enviara un mensaje hiperespacial a su contacto con la Alianza Rebelde. Era la primera vez que les pedía algo, esperaba que estos no se demoraran. Después de cortar la comunicación organizó el grupo que debía acompañarles y llamó al espacio puerto para que prepararan su nave para partir a la mañana siguiente.
            No pudo dormir aquella noche mientras preparaba el informe sobre la información y la ayuda que había prestado aquellos años en la lucha contra el Emperador Palpatine. No le fue difícil ya que había guardado entre sus archivos personales todos los informes, datos y acciones que había impulsado. Sabía que algún día llegaría aquel momento, no era tan iluso como para creer que su falta pasaría desapercibida.
            Cuando aún era noche cerrada llegó espacio puerto. Para su sorpresa Chuket acababa de llegar desde la luna Ohma-D’un en una lanzadera. Al preguntarle que hacía allí, el wookiee respondió que su lazo de amistad no solo era con el teniente Shimura, sino con todos los tripulantes del Spirit que les habían salvado de morir a manos de los trandoshanos y su deber era estar junto al capitán en aquellos momentos.
            – Este gesto te honra a ti y a tu pueblo – replicó Shimura ceremonioso.
            Poco después llegó de Lattre con un semblante serio. Le acompañaba su esposa, el comandante Crespo y el médico de a bordo. Hacía muchos años que Shimura conocía a su capitán y siempre le había respetado, era un buen oficial, un gran líder. Era un hombre honorable, recto y de sólidas convicciones, sobre el que había caído una gran responsabilidad: proteger a su tripulación en un lugar desconocido y muy hostil. Al verle despedirse de su mujer se sintió afligido, había traicionado a un amigo, a su superior, rompiendo todo por lo que este había luchado. Eso le dolía más que haber quebrantado el juramento de proteger la Primera Directriz que había pronunciado en San Francisco el día en que se graduó como alférez de la Flota Estelar. Siempre había tenido la esperanza de no tener que decírselo o que este lo averiguaría de otro modo. Sabía que lo que hacía era justo, pero eso no reducía su vergüenza. No de aquella manera tan brusca y envuelto en la captura de su hijo.
            – ¿Ha tenido respuesta de su contacto de la rebe... de la Alianza? – preguntó de Lattre mientras la rampa se cerraba detrás de ellos.
            – Acabamos de recibir la respuesta con el lugar de la cita, señor.
            El capitán y Bishop se acomodaron en el comedor mientras la nave se elevaba y partía de Naboo.
            – Desobedeció la orden más sagrada de la Flota Estelar – le dijo cuándo su oficial de seguridad le entró los padds con la información que había proporcionado aquellos años a la Alianza. Shimura nunca le había visto de aquella manera, no le había dirigido más que una furtiva mirada al embarcar, por lo que sabía que estaba dolido en lo personal, que enfadado en lo profesional.
            – La decisión fue tomada como medida de seguridad, señor. Estamos en medio de una guerra. Creí oportuno acercarnos a uno de los dos bandos. Ya que al otro también lo habíamos hecho.
            – ¿Cree que me gustaba comer con el moff? ¿Escuchar su discurso xenófobo contra los gungans o cualquier raza alienígena?  ¿O sus tediosas historias cuando era el mejor tirador con pistola blaster del planeta?
            – No señor.
            – Mon Dieu! ¡Pues claro que no! Estamos lejos de casa y nunca regresaremos. Por eso es importante que mantengamos un mínimo de nuestra naturaleza. Y esa es la Primera Directriz. Y no es precisamente esa por azar, sino porque nuestra tecnología alteraría de forma radical la estructura económica de esta galaxia. Y sabe perfectamente que no tenía alternativa ante Panaka.
            – Señor... – empezó a decir Shimura visiblemente afectado –. Debido a la gravedad de mis actos, pongo a su disposición mi cargo, como oficial de seguridad del Spirit.
            De Lattre se le quedó mirando a los ojos por primera vez desde que se había enterado de lo que había hecho. Al igual que todos, Shimura había envejecido desde la primera vez que le viera, como un prometedor alférez de seguridad. En su profunda mirada había devoción y un profundo respeto hacia lo que una vez habían significado un uniforme y una insignia en el pecho. Hacía diecisiete años que conocía a aquel hombre sereno y serio, al que siempre había calificado como a uno de los seres más honorables que había conocido y que seguramente conocería. Aunque jamás entendería porque en pleno siglo XXIV aquel oficial se regía por los códigos éticos del viejo Japón.
            – Cuando la nave esté llegando a nuestro objetivo avíseme. Ahora, retírese teniente.
            Shimura se cuadró y marcialmente se giró, saliendo de la sala. De Lattre cogió el padd y empezó a leerlo. El informe era extenso y muy detallado, como no podía ser de otra manera. Empezaba con la descripción de cómo se habían puesto en contacto con la Alianza a través de uno de sus adquisidores, un antiguo miembro de la Orden Jedi, con el que habían contactado a través de un wookiee que Chuket conocía y que era de total confianza. El adquisidor proporcionó la manera de enviar información directamente al jefe de la Inteligencia rebelde como una fuente fiable y prometió mantener su origen en secreto. Algo que hasta aquel momento había mantenido. Luego detallaba las modificaciones que había realizado en varias naves matriculadas en la corporación que había utilizado como tapadera para sus operaciones y los procedimientos para mantener su anonimato. Seguidamente estaban el detalle de los informes que había entregado, era muy larga y De Lattre no podía ocultar su disgusto. La mayoría no eran muy relevantes, se centraban en sectores alejados de Naboo, sobre todo de la Región de Expansión, el Borde Interior, y el Medio, así como los Territorios del Borde Exterior, donde las fuerzas imperiales estaban más dispersas. Pero a medida que se acercaban a esa fecha los datos enviados eran cada más concretos e importantes y no solo se centraban en emplazamiento, movimientos de tropas o suministros, sino datos técnicos de la Armada y scandocs políticos del COMNORT tras romper algunos de sus códigos de comunicaciones de alto nivel. Solo con aquellas comunicaciones Ronin, como Shimura había pedido que le llamaran, era una de las fuentes más fiables de la Alianza.
            Pero Shimura o Ronin se había ido involucrado casa vez más en las operaciones rebeldes. Había estado con aquella misma nave, usando el sistema de ocultación klingon instalado por Hisrak, en Yavin 4 justo después de la destrucción de la Estrella de la Muerte. Gracias a su invisibilidad había logrado indicar la posición de las naves imperiales que habían bloqueado el sistema, permitiendo así que los rebeldes pudieran escapar. Salvando así a los líderes, técnicos, soldados y gran cantidad de equipo para continuar con la lucha.
            Antes de aquello y sin desvelar su identidad como Ronin, Shimura, Hisrak y otros miembros de la tripulación se habían puesto en contacto con la célula de la rebelión en Naboo. No solo proporcionaban ayuda y organización, su colaboración había ido en aumento y habían proporcionado, a través del adquisidor con quien habían contactado tiempo atrás, una importante ayuda logística a las fuerza de la Alianza. No solo habían entregado toneladas de gas tibanna refinado como combustible y munición para el armamento de la flota rebelde, sino habían usado los replicadores para manufacturar y ensamblar cientos de torpedos de protones para sus cazas de combate. Además habían puesto a su disposición las instalaciones de los pequeños astilleros de Elgarik, adquiridos con la intención de aumentar la producción de los Hangares de Theed, para reparar y acondicionar algunas de sus naves de combate.
             Lo peor era que todo aquello hubiera sido imposible sin la colaboración de un buen número de miembros de la tripulación, de gungans y naboosianos que trabajaban para ellos. Todo ello a sus espaldas, ocultado sus acciones, engañándole y mintiéndole durante años. Aquello era lo más doloroso, la falsedad en que le habían hecho vivir sus compañeros y amigos. Personas que habían sido criados en los mismos principios de lealtad y compañerismo, que habían ido a la Academia de la Flota, compartido las mismas experiencias, jurado proteger los mismos principios, vivido las mismas situaciones de peligro, iniciado juntos una nueva vida en aquella galaxia tan lejana de sus hogares. ¿Cómo podría volver a confiar en ellos si le habían traicionado de aquella manera tan vil y vergonzosa? ¿Volvería a ser capaz de impartir órdenes sabiendo que ya las habían infringido de manera tan flagrante, continuada y consciente? Habían roto su confianza, quebrantado su uniforme. Su tripulación estaba rota y nada podía volverla a unir.


Flota rebelde

            El general Cracken había llegado al Hogar Uno, la nave insignia del almirante Ackbar, seguramente con el informe más importante de toda su carrera: Palpatine estaba supervisando la última fase de construcción de su monstruoso ingenio: la segunda Estrella de la Muerte. Airen Cracken se caracterizaba por ser un hombre escéptico, pero Mon Mothma tenía razón: aquel había sido un gran error del Emperador, si el plan de Ackbar y Madine tenía éxito acabarían por una vez y para siempre con el Imperio en la batalla de Endor. O convertirse en la tumba definitiva a la Alianza.
            Poco después recibió una curiosa comunicación de una de sus mejores fuentes.
            Todo había empezado varios años antes de la batalla de Yavin cuando Keegan, uno de los adquisidores de mayor confianza de Bail Organa y capaz de conseguir prácticamente cualquier cosa, por difícil que fuera, le había puesto en contacto con un posible agente externo. Estos normalmente no gozaban de la confianza necesaria de la Inteligencia de la Alianza, ya que eran muy poco fiables y normalmente se trataban de engaños imperiales del OSI o el Ubictorado. Pero con el tiempo había aprendido a confiar en Keegan, uno de aquellos hombres extraordinarios sin los cuales la rebelión no hubiera sido capaz de fraguarse. Este había dado la palabra de no revelar su identidad a Ronin, como se quería llamar aquella fuente, quien se definía como un creyente en la libertad que no podía permanecer cruzado de brazos ante la tiranía del Imperio Galáctico. Al principio sus informes eran descodificaciones de comunicaciones de medio y alto rango de los territorios exteriores, scandocs de movimientos de tropas y suministros: todos ellos habían sido fiables. Incluso algunos habían hecho posible la captura de convoyes enteros de suministros o advertir alguna emboscada enemiga. Pero poco a poco el nivel de importancia de sus informes fue aumentando al facilitar planes estratégicos del Borde Interior y las Colonias, incluso había enviado las actas de varias sesiones secretas del Senado. Aunque fue justo después de la destrucción de la primera Estrella de la Muerte cuando Ronin les habían proporcionado la ayuda directa más importante. Con las rutas de huida del planeta bloqueadas por la imponente escuadra enemiga, parecía que la primera gran victoria de la Alianza iba a convertirse también en su última batalla. Pero gracias a los datos concretos facilitados de su despliegue había hecho posible que la mayor parte de los miembros de la Alianza escaparan ilesos. ¿Cómo lo había hecho? Era una incógnita que siempre le había fascinado.
Una información tan precisa solo podía proporcionarla alguien a bordo de las naves que se cernían sobre ellos, así que sus sospechas de que detrás de Ronin estaba el Sol Negro, la Banda Mortal Guaviana o de algún otro sindicato del crimen, se desplomaron como un castillo de cartas de sabacc. ¿Tal vez algún oficial de alto rango? ¿Pero quién? Desde entonces habían intentado quedar personalmente con él y así descubrir su identidad, pero sin resultados. Había intentado convencer a Keegan, el único que conocía quien era, pero este alegaba que le había prometido no divulgar su identidad. Y conociendo a aquel adquisidor, antiguo jedi, sabía que no iba a conseguir nada más.
            Pero ahora, después de años de incógnitas alrededor de Ronin, este solicitaba información: la posible localización de un piloto rebelde capturado en el sector Neshig. (1) Consultó los últimos informes y enseguida localizó el reporte del comandante Bul Edgar sobre la emboscada sufrida, los datos del piloto y donde podía estar retenido. No se lo pensó dos veces y le indicó que debían verse en un lugar seguro: la base de Tierfon. Para su satisfacción, su misterioso agente aceptó. Cracken se disculpó ante Mon Mothma y partió a bordo de una nave de enlace: un veterano Ala-Y de dos plazas.


Puesto avanzado de Tierfon

            La cúpula de la cabina se abrió cuando el caza correo se posó sobre la caverna de la base Tierfon, habían transcurrido apenas dos días desde la emboscada.
            – Soy el mayor Speria, comandante de esta base – saludó un joven oficial que tenía una gran cicatriz en la mejilla derecha. A su lado estaba el comandante Edgar.
            – Quiero hablar con ustedes, en privado – se limitó a decir Cracken tras descender del caza que le había llevado hasta allí.
            – Por aquí general – indicó Speria que le condujo por el hangar hacia el centro de mando, cruzando la línea de Ala-X que los técnicos estaban acabando de poner a punto. Todos: pilotos, técnicos y soldados les observaban con curiosidad, la noticia de la llegada del jefe de la Inteligencia no había podido ocultar en un lugar tan pequeño como aquel, que tenía una dotación de 160 personas. Pasaron junto al centro de mando, que tenía consolas de trabajo, un proyector holográfico y pantallas de cristal tácticas como en otras muchas otras bases. Allí también todos detuvieron su actividad para ver pasar a los tres oficiales que se encerraron en la sala de computadoras.
            » Siento no poder ofrecerle otro sitio general, pero esta es una base pequeña y este es el lugar más privado.
            – No se preocupe mayor. He estado en lugares que no tienen ni este lujo. Bien, quiero que me hablen de uno de sus pilotos: el teniente Kanuu Delatre.
            Speria y Edgar se miraron sorprendidos: ¿qué querría Cracken de uno de sus hombres?
            – Es… era un buen piloto – respondió Edgar –. Sensato, valiente e inteligente. El destructor que nos emboscó surgió del hiperespacio justo detrás de él, no pudo hacer nada para...
            – Sí, he leído su informe. ¿Pero qué saben de él?
            – Se alistó como piloto hace casi dos años procede de Naboo. Formaba parte de un grupo de jóvenes que desertaron de las fuerzas reales del planeta – empezó a explicar el líder del escuadrón de caza, cada vez más inquieto –. Todos ellos pasaron las comprobaciones de seguridad. Sabe trabajar en equipo y es un buen líder. No sé qué más decirle.
            – Dice que procede de Naboo... y se alistó en grupo ¿tiene amigos?
            – Siempre ha tenido una mayor relación con otros dos que vinieron con él: el teniente Satek y el ingeniero Ardern – contestó Edgar –. Jamás había conocido dos alienígenas de sus especies. No quiero parecer paranoico, pero ahora que lo menciona siempre me han parecido extraños. Pero no dudo ni lo más mínimo de su lealtad, me han salvado la vida más de una vez, señor.
            – Quiero hablar con ellos – indicó Cracken.
            Minutos después estaban reunidos en la sala común. Los dos alienígenas estaban sentados en una mesa: Ardern de piel azul parecía nervioso. Satek de orejas puntiagudas estaba sereno, impertérrito, frío como el hielo de Hoth, pensó Cracken. Al observarlos entendió lo que quería decir con “extraños”. En todas las puertas Speria había colocado soldados armados, eso no le gustó al jefe de la inteligencia, pero su presencia y sus preguntas, junto a la emboscada, habrían hecho saltar las alarmas en la pequeña base. La teniente Shane, responsable de la seguridad, se le acercó y le entró varios objetos.
            – Estaban escondidos entre sus pertenencias personales.
            Uno era una pequeña computadora que le cabía en una mano. Al abrirla la pantalla se encendió, parecía un escáner muy sofisticado, todas las inscripciones estaban en un alfabeto que jamás había visto. El otro aparato era más grande, con dos bobinas redondas en los extremos y una parte central que las unía.
            Cracken siempre había sido un gran observador y eso le había hecho ser un experto en el comportamiento de enemigos y aliados. En aquella sala se respiraba tensión, no tanto por parte de Ardern que estaba nervioso o sobre todo Satek, sino por el resto de oficiales y soldados rebeldes que en aquel momento les creían unos traidores. Con calma se acercó a la mesa donde estaban sentados los dos jóvenes y colocó los dos aparatos sobre esta.
            – Siento haber tenido que registrar sus taquillas.
            – Debía de investigarnos, no es lógico disculparse – replicó Satek alzando una ceja. Su amigo azul pareció tranquilizarse ante la disculpa, aun así su mirada no podía ocultar su preocupación.
            – Su superior  me ha dicho que es un amante de la lógica.
            – Más bien la necesito para sobrevivir, general.
            – ¿Para qué sirven? – preguntó señalando los dos objetos cambiando de tema. No había entendido la respuesta, aunque comprendió el comentario de Edgar sobre su capacidad de sacarle de sus casillas. Además aquello no era lo importante en aquel momento.
            – Ese es un tricorder, un escáner compacto. Lo otro es una antena subespacial, para enviar mensajes cortos.
            – ¿Subespacio? He oído teorías sobre eso, pero es muy arcaico.
            – Pero seguro – fue la escueta respuesta de Satek.
            – Somos leales a la Alianza – intervino entonces Ardern –. Solo queremos luchar contra el Imperio y derrotarlo.
            – De eso no tengo ninguna duda hijo – replicó Cracken con calma.
            – ¿Y los guardias armados? – preguntó suspicaz Satek.
            – Tiene razón – replicó el general que se giró e hizo un ademán para que se retiraran. Estos miraron hacia Speria que contrariado confirmó la orden –. Compréndales, están desconcertados.
            – Así es. Pero no han de temer nada – puntualizó Satek –. Y si usted está aquí, general Cracken, la lógica me lleva a deducir que pronto tendremos compañía.
            – Ronin.
            – Yo le advertí de la captura de Kanuu. Lo que sabe no puede caer en manos de nuestro despiadado adversario. Y aunque sé que al comandante Edgar y al mayor Speria les gustaría asaltar el lugar donde estará retenido, no tienen efectivos suficientes. Además, justo antes de su llegada nos han informado que hemos de partir hacia Sullust con todo lo que queda del escuadrón.
            – Así es teniente Satek, la batalla más decisiva está a punto de librarse.
            – Señor, la comunicación que estaba esperando – anunció en ese un técnico procedente del centro de mando.
            – Acompáñenme – dijo Cracken y los tres se salieron de la sala común, seguidos por Speria y Edgar, que no entendían nada de lo que estaba sucediendo.
            ¿Ardern y Satek eran espías o no?
            Se colocaron frente al proyector holográfico y al activarlo apareció una imagen tridimensional de un rostro de un hombre firme y de mirada serena, pensó Cracken. No había imaginado a Ronin de aquella manera.
            – Soy el capitán Jaques de Lattre de Tassigny.
            – Yo soy el general Airen Cracken de la Alianza Rebelde, es un honor poder conocer al fin a Ronin.
            – Se equivoca de hombre, general – respondió cortante –. Será mejor que hablemos en persona.
            – Conoce la localización de nuestro puesto avanzado. Puede tomar tierra en la parte posterior de las instalaciones.
            El rostro de de Lattre desapareció. Cracken estaba desconcertado. El padre del piloto capturado estaba allí, pero no era Ronin y la actitud que tenía era más cercana al enfado, que a la ansiedad por rescatar a su hijo. Además se había identificado como capitán, un rango militar. El rebelde no pudo reprimir una sonrisa, todo aquel asunto se estaba poniendo cada vez más interesante.
            – ¿Ha dado nuestra posición? – ladró Speria sorprendido e irritado.
            – Así es. Mayor, la localización de este lugar está tan segura como antes, ya que se la proporcioné a uno de las fuentes más valiosas que la Alianza ha tenido durante estos últimos años. Usted estuvo en Yavin, sin ese hombre no hubiéramos podido evacuar ni a la mitad de la gente que pudo pasar el bloqueo tras la destrucción de la Estrella de la Muerte. Y así podría decirle un centenar más de situaciones en las que nos proporcionó información vital. Estoy aquí para conocerle al fin o eso creía. Aunque parece que acabamos de conocer al padre de uno de nuestros pilotos. Les puedo dar mi palabra que la lealtad de Satek y Ardern está fuera de toda duda.
            – Detectamos una nave entrando en el perímetro defensivo – informó uno de los técnicos y segundos después apareció la proyección holográfica de un antiguo crucero diplomático corelliano aproximándose a los riscos donde se había construido la base.


            De Lattre apagó la pantalla y dejó que la alférez Meets pilotara el Fugi hacia el puesto avanzado rebelde. Atravesaron la capa de nubes hasta un gran valle que terminaba en un abrupto acantilado, por encima de esta podía verse las defensas y las torres de control que habían construido en aquel remoto lugar. Poco después tomaron tierra junto a una alta torre de observación y la entrada de un bunker en la parte trasera de la base, donde le esperaba Cracken y otros oficiales, además de Satek y Ardern. De la nave corelliana descendió Shimura, Chucket, Bishop y de Lattre.
            – Bienvenidos a Tierfon – les saludó Cracken.
            – Gracias, general. Le presento a mi jefe de seguridad, Ken Shimura. Al que conoce como Ronin. El doctor Bishop y este es Chucket, un buen amigo.
            A lo que el wookiee replicó con un gruñido afirmado aquello.
            – Sean todos bienvenidos. También a Chucket de cuyo pueblo solo tengo palabras de respeto y admiración – contestó Cracken que hizo las presentaciones con la oficialidad de la alianza.
            – Larga y próspera vida Satek – le saludó entonces de Lattre alzando la mano y saludando al estilo tradicional vulcano –. Te traigo recuerdos de tu madre.
            – Larga y próspera vida a usted. Le agradezco su mensaje y cuando vuelva a verla dígale que estoy bien y satisfecho de luchar por nuestros principios.
            – Me alegro de verte Ardern – le dijo al boliano estrechándole la mano con fuerza y afecto. Además de ser un gran amigo de su hijo desde la infancia, les unía los difíciles momentos que habían pasado años atrás. Era el único de los niños de la Spirit que había quedado huérfano en el accidente y siempre había intentado compensar aquel hecho, procurando hacerle de padre o por lo menos ser alguien con el que podía contar siempre que lo necesitara.
            – También me alegro de verle, capitán – replicó el boliano –. Lamento lo de Kanuu.
            – ¿Entramos dentro? – sugirió Speria y poco después se encontraban de nuevo en el centro de control de la base subterránea.
            – Bien, estoy aquí para rescatar a mi hijo – dijo de Lattre sin rodeos –. Lo que desearía es saber dónde pueden retenerle.
            – Yo soy su oficial al mando – replicó Edgar –. Antes de nada me gustaría decirle que es un gran piloto. Una vez me dijo que lo había aprendido todo de usted. Me alegra conocerle al fin, aunque sea en estas circunstancias.
            – Gracias, comandante. Kanuu pudo enviarme hace unos meses una carta donde hablaba muy bien de usted, se alegraba de tener un oficial competente y que cuidaba de su gente. Ahora si me disculpa, me gustaría centrarme en el rescate.
            – Por supuesto – respondió respetuoso. Él también era padre, sus dos hijas estaban con su madre, en uno de los mundos refugio de la Alianza. Y la mayor, toda una señorita, ya le escribía diciéndole que quería ser piloto como él. Mientras que el hombre que tenía delante se había identificado como un oficial y la seguridad que desplegaba su postura y semblante lo demostraban, aun así no podía imaginar por el calvario que debía de estar pasando. Él mismo luchaba para que sus hijas estuvieran a salvo de la tiranía del Imperio.
            – Sabemos que la nave que nos atacó tiene su base en Corvanni IV, situado en el sector Neshig – explicó Speria mientras en el proyector holográfico aparecía las imágenes del sistema y sus diferentes características –. Es una base de importancia media/alta de la Armada Imperial y del OSI en los sectores del Borde Interior y está muy bien fortificada. Además del puerto y las estaciones orbitales armadas, los centros urbanos están protegidos por escudos deflectores y cañones turboláser planetarios. Además Neshig cuenta con varios cuarteles de tropas de asalto y del ejército regular. La protección del sistema está a cargo de varias naves menores, como el destructor Venator que nos interceptó. Pero está cerca de otras bases, los refuerzos no tardarían en llegar si se produjera un ataque.
            » Según los informes que tenemos el centro de inteligencia, donde suponemos que estará su hijo, está en una de las instalaciones a las afueras de la capital. Es una guarnición estándar IM-455: con su perímetro electrificado y la monstruosa estructura blindada en el centro.
            » Descartaría un ataque frontal: necesitaríamos media Flota de la Alianza para hacerlo. ¿Qué sugiere?
            De Lattre no tenía ninguna intención de un enfrentamiento directo, el sigilo era lo único que les protegía y así debía de seguir. También se había dado cuenta que los oficiales rebeldes habían hecho sus deberes y conocían bien el objetivo. Además había hablado el responsable de la base, no el jefe de la inteligencia, así que este se guardaba alguna información para más adelante.
            – ¿Shimura? – preguntó de Lattre tras una pausa con un tono frío.
            – Los bloques de detención están en los niveles del uno al cinco y el personal de inteligencia no suele superar los cincuenta miembros. Pero Corvanni IV es el cuartel general del moff del sector, seguramente en este caso habrá unos cien o ciento cincuenta oficiales y técnicos. Y las tropas estarán entrenadas para evitar asaltos de comando. La valoración del comandante Edgar es correcta: la Alianza necesitaría varios cruceros calamari y la mitad de las tropas especiales del general Madine para asaltar el lugar.
            » Lo más difícil será desactivar el escudo del perímetro exterior. El resto entrar y salir.
            Chucket entonces lanzó un gruñido advirtiendo un detalle en la operación.
            – Sí, tienes razón, tendremos que destruir cualquier registro que hayan dejado.
            – ¿Entrar, salir? Estamos hablando de una auténtica fortaleza – dijo sorprendido Edgar, que hubiera dado lo que fuera para rescatar a sus dos pilotos capturados –. ¿Cómo piensan entrar? ¿No creerán que se quedarán con las manos cruzadas mientras rescatan a los prisioneros? Han de atravesar el perímetro desde la valla exterior, donde hay patrullas de andadores ST, motos deslizadoras y los cazas TIE que constantemente están patrullando el área. Estuve en el asalto a la guarnición de Danier: fue una carnicería y contábamos entonces con un regimiento entero de buenos soldados, artillería de campaña y cazas de apoyo.
            – Esto no es una operación de la Alianza Rebelde – intervino entonces de Lattre categórico –. Nosotros nos ocuparemos de rescatar de todos los que estén en esa prisión infernal. Solo le pedí al general Cracken información sobre el paradero de mi hijo, a cambio de los servicios proporcionados por mi oficial de seguridad durante los últimos años. Del resto no se han de preocupar.
            – ¿Y tienen a una flota con un ejército allí fuera esperándoles? – le increpó Speria, más por el desconcierto y la frustración, que por enfado.
            – Por favor, caballeros, no nos alteremos. No olvidemos que todos tenemos el mismo enemigo – intervino Cracken para calmar la situación que empezaba a tornarse demasiado tensa. Luego se giró hacia de Lattre –. Le hemos facilitado lo que nos pidió, pero también estoy dispuesto a facilitarle cualquier ayuda adicional que necesite. Los datos proceden de nuestra célula en Corvanni, que puede proporcionarle el apoyo logístico que puedan necesitar: hacer un reconocimiento del área, o confirmar algún cambio que se haya producido, ya que la información tiene algunos meses de antigüedad.
            – No será necesario, general. Aunque le agradezco su ofrecimiento – contestó de Lattre cortes, pero tajante.
            – Siempre estuvimos en deuda con usted y con su jefe de seguridad. Además nos encontramos en el punto de inflexión de esta Guerra Civil, y en unos pocos días tal vez la lucha haya cambiado definitivamente de tornas. Entonces podríamos proporcionar toda la ayuda que necesite. Tan solo desearía que esta amistad se prolongue más allá del día de hoy.
            – Eso no creo que sea posible – contestó de Lattre –. Desearía poder decir otra cosa, pero no podrá ser general. Mi subordinado desobedeció una orden directa y rompió el mismo compromiso que yo hice hace tiempo. Le deseo toda la suerte en su lucha contra el Imperio.
            Chucket lanzó un gruñido de protesta. De Lattre se giró lentamente hacia el gigantesco wookiee y esgrimió una sonrisa tranquilizadora.
            – Hice un juramento, tan fuerte como tu deuda de vida. Sé que de todos, tú lo entiendes mejor que nadie. He de cumplir mi obligación y dar mi vida por si fuera necesario.
            Este lanzó un refunfuño de resignación.
            – Señores les agradezco la ayuda facilitada – dijo de Lattre volviéndose hacia los oficiales de la Alianza –. Me pondré en contacto con usted para indicarle donde están los prisioneros que hayamos podido liberar. Esa será la última comunicación de Ronin, general.
            – ¿Y su hijo? – preguntó Edgar.
            – Seguirá su camino, como hizo hace dos años. Es un buen piloto y le conozco bien, espero que la Alianza vuelva a admitirlo entre sus filas.
            – Se lo garantizo – respondió Edgar –. No comprendo muy bien lo que ha sucedido hoy aquí, ni entiendo muchas cosas, pero lamento que no pueda unirse en nuestra lucha. Conociendo a su hijo, sé que usted y su gente serían grandes aliados. Que la Fuerza le acompañe en el rescate de Kenuu. Y espero que pronto vuelva a volar a mi lado.
            – Comandante Edgar, de eso no tenga ninguna duda. Mayor, General.
            Dicho lo cual de Lattre salió de la sala de control, seguido del wookiee, el doctor Bishop y de Shimura, que antes estrechó la mano de Cracken. Cuando los visitantes cogieron los elevadores para subir a la superficie, Airen extendió su palma y contempló el chip de información que Ronin le había entregado. Fascinante, pensó el general.
            Cracken permaneció en la sala de control mientras la nave de Ronin y el resto de su grupo despegada de Tierfon. Y aprovechó para acceder a los datos que contenía el chip que le había entregado, leyendo la transcripción de una orden general de la Armada Imperial, coordinando la retirada de gran número de destructores estelares de todos los sectores. Desgraciadamente no indicaba su destino. Si esa información era importante o no, solo la historia lo diría, ya que en aquel momento la suerte ya estaba hecha en Endor. ¡Que los dados vuelen altos!, pensó el general rebelde.
            Cuando Speria y el resto de los oficiales, que habían acompañado a de Lattre y su gente, regresaron de la superficie, les entregó a Satek y Ardern los dos objetos que habían encontrado entre sus pertenencias, luego les indicó que podían volver a sus respectivos deberes, en voz alta, con claridad para que fuera escuchado por todos los presentes y no hubiera confusiones. Por lo poco que conocía al responsable de aquella base y al jefe del escuadrón Naranja, sabía que estos no iban a tratar a aquellos dos jóvenes de manera diferente a lo que lo había hecho hasta entonces.
            Luego pensó en la reunión que acaba de celebrar con Ronin y su superior. Quedaba claro que formaban parte de un grupo bien definido, con clara jerarquía y estructura. Se habían identificado como capitán, oficial de seguridad y médico de a bordo, por lo que eran la tripulación de una nave. ¿Tal vez formaría parte de una organización mayor? Por lo que había entendido entre líneas tenían un juramento que Shimura había roto al ponerse en contacto con ellos sin que su oficial superior lo supiera. Si eso era así este les impediría interferir de alguna manera con lo que estaba sucediendo en la galaxia. Por otro lado sus hijos no estaban ligados a aquel juramento y su espíritu de justicia y libertad les había empujado a unirse a la Alianza. Y como podía demostrar las acciones de Shimura, parte de los padres empezaban a no ser indiferentes frente a la tiranía de Palpatine y habían empezado a quebrantar sus propias leyes.
            ¿Podrían proceder de un lugar lejano, fuera de los límites explorados de la galaxia? Tal vez de un lugar no muy distinto a la antigua República: diferentes especies trabajando unidas con un gobierno democrático. ¿Si no por qué iban a ser los wookies sus aliados y amigos?
            No podía permitir que la Alianza perdiera a unos aliados tan valiosos. Fueran quienes fueran. Cuando concluyera la decisiva batalla que estaba a punto de librarse en Endor se dirigiría a Naboo. Se pondría en contacto con la célula del planeta e intentaría conocer más cosas sobre aquellos extraordinarios individuos y de esa manera convencer a aquel capitán de que prosiguiera con su lucha junto a la Alianza Rebelde.


El Fugi

            Corvanni IV había sido colonizado hacía siglos por habitantes del núcleo y se había desarrollado entre una mezcla de ciudades modernas, con rascacielos de cristal y acero con zonas rurales de granjas y campos de cultivos. En la capital, Ciudad Gandalom, se concentraban las grandes industrias tecnológicas, como Gandalom Paramedicinales Inc. dedicada al desarrollo e investigación de medicamentos. Como el planeta estaba situado entre el Bordo Interior y las Colonias, el comercio era muy intenso y el planeta era un lugar próspero y bullicioso, aun así cuando el Fugi salió del hiperespacio, lejos de las rutas habituales de comercio e instantes después se activó su sistema de ocultación. Con unos equipos antiguos, de la época de las Guerras Clon, su parrilla de sensores apenas había notado un objeto saliendo al espacio normal, por lo que no habían sido identificados. Se aproximaron al planeta y se colocaban en órbita escaneando la guarnición donde estaría preso el hijo del capitán
            Los resultados los transmitieron directamente al salón principal donde se encontraba de Lattre, Shimura, el equipo de asalto que había seleccionado el jefe de seguridad antes de partir de Naboo, el doctor Bishop y Chuket.
            Sobre la mesa redonda apareció la imagen holográfica de la guarnición imperial estándar. Una estructura hexagonal gris oscura, erizada con torres turboláser y coronadas por los tres toboganes de lanzamiento de cazas TIE.
            – Cracken nos ha facilitado datos muy precisos de las defensas y el despliegue imperial en el sistema. Según la Alianza esta es la instalación donde el OSI lleva a todos los rebeldes capturados en el sector para su procesamiento – puntualizó Shimura con apreciable desprecio en su voz –. El bloque de detención está situado en la parte trasera de la estructura de la base y va desde el nivel uno, al cinco – el holograma mostró los planos de dicha sección –. El nivel tres tiene acceso directo a la plataforma de aterrizaje y al hangar de AT-AT’s, en este mismo piso también se encuentran los despachos de los interrogadores. El generador principal que alimenta las pantallas deflectoras se encuentra en el subsuelo, junto a los sistemas ambientales.
            » El plan es transportar a dos hombres a los sótanos en el momento en que bajen los escudos para sabotear el soporte vital, introduciendo un potente gas somnífero en las áreas del OSI. Al mismo tiempo desactivaremos el generador principal dejándoles sin escudos, permitiendo transportar a todos los presos al Diosa Lunar, que tardará una hora en llegar. Al mismo tiempo materializaremos cargas explosivos en diversas zonas para crear distracciones en todo su perímetro que disperse sus recursos y evite que nos detecten. Una vez logremos sacar a todos los prisioneros, una potente carga de ultritium colocada junto al generador destruiría la guarnición por completo.
            – Hemos de saber si Kennu ha... dicho algo durante los interrogatorios – indicó de Lattre, a lo que Chuket agregó un gruñido –. Muy bien, si así lo deseas, vendrás conmigo.
            – Señor he de protestar – intervino Shimura –. La normativa...
            – ¿Usted me habla de normativas? – le interrumpió de Lattre bruscamente y se giró hacia el resto de sus subordinados –. Teniente Benzarrouk usted se encargará de transportarse a los sótanos con el alférez Nalak. Cuando coloquen los explosivos regresarán al Fugi donde el teniente Shimura coordinará toda la operación. Mientras tanto el teniente Kinapk junto a Chuket y yo lo haremos en el bloque de detención. Si encontramos resistencia volverán a transportarse para apoyarnos.
            Al poco de llegar el Diosa Lunar se desactivó la pantalla deflectora principal de la guarnición para permitir que una pareja de cazas TIE saliera de patrullar, ocasión que utilizaron para transportar a Benzarrouk y a Nalak a los sótanos. Ambos apenas podían en la oscuridad y menos oír debido al ruido que producía toda la maquinaria, aun así no les fue difícil acceder a los controles ambientales e introducir el gas en los conductos. Para que los sistemas de seguridad no saltaran antes accedieron al ordenador a través de un tricorder modificado para simular el lenguaje de los sistemas informáticos e impidieron cualquier bloqueo automático. Todo dependía de no ser detectados.


Próximamente.... la conclusión.
Capítulo 6 USS Spirit


Notas de producción:
(1) Originalmente el sector mencionado era Narter, pero tras ubicar el puesto avanzado de Tierfon durante la confección de su ficha, decidí buscar otro lugar que hubiera sido mencionado en la saga. Se ha cambiado en la primera entrega del USS Spirit la ubicación.