martes, 29 de septiembre de 2026

Mi top 11 de grandes momentos en Star Trek

Una saga
de ciencia ficción que acaba de cumplir 60 años está plagada de grandes momentos. Sobre todo, una en la que se buscaba explorar el alma humana, como Star Trek. Por lo que la mayoría de esta selección corresponde a algún momento culminante de nuestros queridos personajes, que trascienden más allá de ellos mismos. También hay otros menos acertados, pero eso ya lo abordé hace unos meses. Esta es una pequeña selección de los que, para mí, representan momentos de inflexión en la serie. Y todos nosotros tenemos los nuestros. Los he colocado de manera cronológica, porque me resulta difícil decir cuál es el momento más transcendental de ellos.
 
1 · «Él lo sabe, doctor... Él lo sabe»
Kirk siempre fue un conquistador, un rompecorazones, ese galán irresistible, imán de las mujeres que cambiaban capítulo tras capítulo. Y la verdad, nunca me creí casi ninguno de aquellos idilios. Estaba claro que todo ese despliegue de testosterona era una pura fantasía para los hombres. Claro que la conquista romántica no es amor, y no significa enamorarse de todas las mujeres que pasan por la pantalla. Pero en toda regla, siempre hay una excepción. En The City on the Edge of Forever (ST, 1.28), Kirk y Spock viajan a 1929 para encontrar a McCoy, que ha cruzado un portal temporal antes de ellos, y desde entonces la Enterprise y la Federación, a la que pertenece la Tierra, han sido borradas. Para evitarlo, se trasladan al mismo lugar, pero antes de la llegada de McCoy. Allí, nuestro apuesto capitán conoce a Edith Keeler, una mujer avanzada a su tiempo. Y mientras esperan encontrar al doctor, entre ambos empieza a surgir el amor. Pasan días, semanas. Y en ese tiempo es normal que Kirk se enamore de alguien más afín a él mismo de lo que hubiera imaginado. Y es durante esa espera que descubre que fueron las acciones de Keeler las que llevaron al cambio de la historia de la Tierra, poniendo en peligro todo el futuro de la humanidad. De manera que su muerte accidental permitirá que todos los acontecimientos vuelvan a su lugar. Por eso, no puede evitar el atropello de la mujer que ama. Es el sacrificio de un ser bondadoso, pero cuyas acciones evitarían que la humanidad mejore, dejando atrás las guerras y las diferencias entre nosotros, y pueda vivir esa utopía del siglo XXIII en la que ha crecido y vive Kirk. Atreviéndome a calificarlo como uno de los momentos más dramáticos de toda la serie clásica.

2 · «He sido... y siempre seré... su amigo»
La muerte de Spock en ST II: The wrath of Khan fue un momento transcendental para los fans que fueron al cine en 1982. Sobre todo, porque nadie sabía si Leonard Nimoy, como Spock, volverá a aparecer en la siguiente película. Representa el sacrificio, como él mismo diría: «El bien de la mayoría supera al de la minoría, o al de uno solo». También es el momento más esperado del vulcano, en que nos mostrará, tras 18 años de aventuras, sus sentimientos. Aunque pretendía haber tomado la decisión por pura lógica, ese último acto también mostraba una profunda empatía y camaradería hacia sus compañeros. Ya que el mayor heroísmo es poner en riesgo la vida de uno, o perderla como en este caso, para salvar a otros. Mientras que, al otro extremo del cristal, Kirk contemplaba el sacrificio de su amigo con impotencia, representando a todos los fans y espectadores, que no podían creer lo que estaban presenciando. Para Kirk, Spock no solo era su primer oficial, era su amigo, con el que había compartido aquellos legendarios cinco años de misión (la serie original) y otras tantas aventuras desde entonces. Para los espectadores era la desaparición del personaje icónico por excelencia, puntal del trío protagonista entre Kirk y McCoy. En su panegírico, mientras la carcasa del torpedo de fotones se dirigía hacia el planeta Génesis recién creado, su amigo lo recordaría como «el alma más humana».

3 · «Señor Worf... fuego»
En Q who (TNG, 2.16) se nos presentó el Colectivo Borg, una especie híbrida entre humanoides y máquinas, capaces de devastar mundos enteros. Su concepto de enemigo imparable ya se mostró en ese mismo capítulo, con su nave regenerándose mientras perseguía a toda velocidad a la USS Enterprise-D, rescatada in extremis por Q. En The best of both worlds I (TNG, 3.26), un cubo Borg estaba atravesando la galaxia dirigiéndose al corazón de la Federación: la Tierra. Su objetivo no es otro que incorporar las características biológicas y tecnológicas de la humanidad al Colectivo. Es decir, asimilar a toda la población. Para ello decidieron capturar a Jean-Luc Picard para que les sirviera de puente en aquella invasión. Lo que significaría que todo conocimiento del capitán de la Enterprise pasaría a formar parte del Borg. Tras el secuestro, nos encontramos con que este ha sido convertido en un zángano más. El héroe, el capitán incorruptible, ahora es parte del peor de los enemigos. Quienes conocen cada uno de sus secretos: todas las debilidades y las fortalezas de la Flota Estelar. Riker le observa en la pantalla, mientras este le devuelve la mirada fría, casi una máquina. El mentor, el amigo, el líder, se ha convertido en Locutus. Pero su primer oficial es un profesional; sabe que si vacila, todo su mundo desaparecerá. No duda y ordena disparar al cubo borg donde se encuentra Picard, ya asimilado. Dejándonos con el corazón en un puño al no saber qué resultado tenía el disparo, en uno, sino el peor, cliffhanger de la saga. Al final de The best of both worlds II (TNG, 4.01), Picard le confesará a la consejera Troi que lo recuerda todo. Al personaje no le dejaron la opción de olvidar cómo fue mutilado y alterado, mientras se apoderaban de sus conocimientos que sus captores utilizaron, junto a él mismo, para matar a sus compañeros en la Batalla de Lobo 359. Picard lo recordará todo, llevando consigo cicatrices invisibles durante el resto de su vida.

4 · «No voy a ganar esta vez, ¿verdad, jefe?»
The wounded (TNG, 4.12) nos muestra que la guerra no solo deja muerte y destrucción; también heridas que se incrustan en nuestro interior, en nuestra psique y nunca nos abandonan. Eso le ocurrió al capitán Benjamin Maxwell. Quien años antes había acudido a una llamada de auxilio del puesto avanzado de Setlik III, atacado por fuerzas de la Unión Cardassiana. La lucha fue encarnizada, y muchos civiles murieron. Incluyendo la familia del propio Maxwell. Aquella masacre fue el inicio de la guerra de la Frontera, un sangriento conflicto que se extendió durante años, finalizado poco antes tras arduas negociaciones diplomáticas. Es en este contexto en el que Maxwell, al mando de USS Phoenix, ha empezado lo que parece una pequeña guerra privada: atacando naves cardassianas y puestos fronterizos, amenazando la frágil paz. Así, nos presentan a un hombre brillante, valiente, pero también torturado y atormentado por la pérdida de su familia. Argumenta que son por naturaleza belicosos y traicioneros, y que estaban preparando una nueva guerra, por lo que no se puede confiar en ellos. Pero sus actos pueden desatar un nuevo conflicto que ninguno de los dos bandos parece realmente querer. Incluso Picard reflexiona sobre el odio que Maxwell debe sentir: «Creo que... cuando uno ha estado enojado por mucho tiempo, se acostumbra. Y se vuelve cómodo, como... como cuero viejo. Y finalmente... se vuelve tan familiar que uno ya no puede recordar haber sentido otra cosa». Posteriormente, un antiguo subordinado, el jefe O’Brien, convence al respetado capitán de que ha ido demasiado lejos. Recordando a aquellos compañeros que de alguna manera nunca se fueron, aunque cayeran en combate. Tiempos peores, pero más claros, cuando uno sabía a qué enemigo combatir. Lo peor de todo es que Maxwell tenía razón. Los cardassianos preparaban algo: cargueros que no pueden ser escaneados, puestos avanzados colocados de manera estratégica. Pero su decisión no fue la correcta.

5 · «Quizás él también me dio algo que yo necesitaba»
Deep Space Nine cuenta con trasfondos muy oscuros. Uno de ellos es la ocupación de Bajor por parte de la Unión Cardassiana, y la lucha clandestina durante décadas que su población soportó para expulsar a sus ocupantes. Así, entre los protagonistas principales se encontraba la mayor Kira, antigua resistente o terrorista desde el punto de vista cardassiano. Su personaje era franco y directo, que al principio de la serie tampoco quiere la ayuda de la Federación. Ya que no confía en sus buenas intenciones. Y a través de ella conocimos algunos episodios de aquella lucha: las represalias, el hambre que soportaron los civiles, la muerte de sus seres queridos. Pero las intrigas cardassianas no han terminado, y en Second skin (DS9, 3.05), Kira será secuestrada y, tras alterar su aspecto físico para parecerse cardassiana, se le indicará que realmente era una agente infiltrada, y su verdadero nombre es Iliana, hija de Tekeny Ghemor, un prominente oficial y simpatizante del movimiento de disidencia. Aunque estuvo a punto de creer que realmente era una agente infiltrada, finalmente su transformación era una treta para desenmascarar a Tekeny como líder de la resistencia contra el gobierno militar cardassiano. Tras la alianza con el Dominion, Tekeny viaja a la estación Deep Space 9 en Ties of blood and water (DS9, 5.19). Gravemente enfermo, quiere pasar sus últimos días con Kira, a la que considera su hija, después de que esta desapareciera sin dejar rastro mucho tiempo atrás. Mientras que la mayor bajorana, endurecida por la ocupación, obligada a tomar las armas cuando era adolescente y ser tan despiadada como sus enemigos, ha cambiado. De aquel profundo odio, ha llegado a comprender a algunos cardassianos, incluso a perdonarles. Como en el caso de Tekeny, una especie de padre, ya que ella perdió el suyo durante la ocupación. Este no sustituirá al suyo, pero le permite estar junto a él, redimiéndose de alguna manera por no haberse quedado con su verdadero padre cuando este murió. Ver a Kira junto a Tekeny Ghemor en su lecho de muerte, sustituyendo a la hija de este, mientras este reemplaza al padre de esta, nos recuerda que el perdón es más fuerte que el odio. Y puede llevar a una liberación mucho más profunda y sanadora que el rencor.

6 · «Creo que puedo vivir con ello»
La Flota Estelar está perdiendo la guerra. Cada vez hay más bajas. Cada vez se pierden más naves. Los planetas son ocupados por un enemigo despiadado y sin escrúpulos. La situación es desesperada. Así, el capitán Benjamin Sisko, impotente para romper esta situación, intenta dar un vuelco al conflicto, elaborando un plan para hacer que el Imperio Romulano se involucre en la contienda a su favor. Para ello se asocia con Garak, el sastre de la estación que en realidad es un antiguo agente de la Orden Obsidiana. Alguien entrenado no solo para matar, sino para engañar y manipular. En este caso quieren hacer creer al senador Vreenak que el Dominion está preparando un ataque contra su territorio. Descubierta que la grabación es falsa, Vreenak les amenaza y regresa a Romulus dispuesto a desenmascarar la conspiración. Pero no llega a su destino, ya que su lanzadera explota poco después de dejar Deep Space 9. Ahora los romulanos no se detendrán en averiguar si el archivo es falso o verdadero, y entran en la guerra junto al Imperio Klingon y a la Federación. Pero, aunque Sisko admite que «…mentí, engañé, soborné a hombres para encubrir los crímenes de otros hombres. Soy cómplice de asesinato», traspasando todos los límites morales para incluir a otra potencia en la guerra contra el Dominion. También sabe que «lo más condenatorio de todo… creo que puedo vivir con ello. Y si tuviera que hacerlo todo de nuevo, lo haría. Garak tenía razón en una cosa: una conciencia culpable es un pequeño precio a pagar por la seguridad del Cuadrante Alfa. Así que aprenderé a vivir con ello. Porque puedo vivir con ello. Puedo vivir con ello...». Con esta confesión, In the Pale Moonlight (DS9, 6.19) se convierte en uno de los momentos más oscuros de la saga. Con Sisko luchando contra su conciencia, mientras nos habla directamente a los espectadores, hasta asumir que, aunque ha roto todos los códigos éticos y morales como oficial de la Flota Estelar, sus actos salvarán la vida y billones de habitantes de la galaxia conservarán la libertad.

7 · «Yo te bendigo»
Otro de los trasfondos de Deep Space Nine es la relación de la fe de los creyentes sobre sus dioses, y viceversa. Así tenemos a los Profetas, alienígenas que son venerados por los bajoranos. Y los Fundadores, que son adorados por vortas y jem’hadars tras alterarlos genéticamente para ello. Y Odo, que renunció a regresar a la Gran Unión, siempre se ha alejado de la figura idolatrada que significa ser un Fundador. Pero en Treachery, faith and the Great River (DS9, 7.06) su convicción se verá cuestionada cuando Weyoun 6 decide desertar. Incluso al recriminarle que le ve como un Dios porque los cambiantes le han manipulado genéticamente, este replica con la mayor de las obviedades: «Por supuesto que sí. Eso es lo que hacen los dioses. Después de todo, ¿por qué ser un Dios si no hay nadie que te adore?». Durante el proceso de su clonación sufrió un problema y ahora no cree que los Fundadores tengan razón en continuar su guerra contra los sólidos. Y en vez de suicidarse al darse cuenta de su malfuncionamiento, decide unirse al cambiante que está en contra de la guerra: Odo. Una lógica aplastante en su retorcida y maquiavélica mente vorta, todo hay que decir. Los conocimientos que tiene no solo podrían acortar la guerra, sino que significarían la victoria de la Federación, por lo que, mientras Odo intenta salvarle (con deliciosos duelos dialécticos entre ambos personajes, sin que el condestable pueda disimular esa incomodidad intrínseca que siente cuando está cerca de cualquier Weyoun), el siguiente clon le intenta matar. Finalmente, y para salvar a Odo, Weyoun 6 termina suicidándose, después de anunciar que la Gran Unión está infectada por una enfermedad que la está matando. Pero antes le pide a Odo, al ser que venera como un Dios, que le bendiga. En ese momento de gran desagrado, nuestro querido condestable se dará cuenta de que tal vez sí tendrá, algún día, que jugar el papel de Dios y dirigente del Dominion. Siendo todo el mérito para la magistral interpretación de Jeffrey Combs, sin la cual el sacrificio de Weyoun 6 no podría entrar en esta lista.

8 · «Estabas muerto en ese momento»
Lo que ocurre después de la muerte es uno de los misterios más insondables del ser humano. Y muchas creencias religiosas se han estructurado alrededor de la respuesta a esa pregunta. Como serie de ciencia-ficción, la resucitación de algunos de los personajes se ha resuelto con explicaciones seudocientíficas. En ST III: The search for Spock, el cuerpo de nuestro oficial científico era rejuvenecido en una especie de clonación acelerada gracias a las condiciones del planeta Génesis. Mientras que sus recuerdos o katra estaban almacenados, por decirlo de alguna manera, en la mente del doctor McCoy. Y como vulcano, ser racional donde los haya, no se planteó nada sobre lo que había ocurrido en ese periodo de tiempo. Años más tarde, para ahondar sobre lo que puede significar regresar a la muerte, el personaje escogido fue Neelix. El cual, tras ser reanimado, después de haber estado médicamente muerto, no tiene recuerdos de haberse encontrado con sus seres queridos en el más allá talaxiano. Lo que le hace tener una crisis existencial sobre su fe. Las cuales han sido su ancla para nuestro cocinero, cuya azarosa vida ha estado marcada por la pérdida de sus familiares en la guerra. Y es que Neelix, al ser un personaje ajeno a los humanos, puede ser identificado con cualquiera de nuestras creencias. ¿Qué pasaría si nuestros credos se hicieran añicos? Este se enfada, se derrumba, incluso le reprocha que le devolvieran la vida. Pero al final, Mortal coil (VOY, 4.12) no pretendía responder lo que nos ocurre tras la muerte. La reacción de Seven de reanimarlo también refleja la necesidad de evitar la pérdida de seres queridos y amigos, impulsándonos a salvarlos para mantenerlos cerca de nosotros. Por eso, creo que la mejor respuesta que podemos dar a la pregunta de ¿qué ocurre tras la muerte?, la dio Keanu Reevers en el The late show with Stephen Cobert en el 2019: “Sé que los que nos aman, nos extrañarán”.

9 · «No hay supervivientes»
La ciencia-ficción nos permite desarrollar fábulas que, en otros contextos, no serían posibles. Esta es una de esas historias. Course: Oblivion (VOY, 5.18) empieza con la boda entre Tom y B’Elenna; nos informan que han desarrollado una nueva tecnología que los llevará a casa más rápido y, obviamente, un problema que afecta a la nave. La cual parece deshacerse, como si fuera arcilla. Esta podría ser la típica anomalía o problema tecnológico que hemos visto antes y que, como en otros episodios, se terminará resolviendo al final. Y mientras investigan el misterio que les rodea, descubren que realmente no son quienes ellos pensaban que eran, no son la tripulación original que fue abducida desde el cuadrante Alpha. Descubren qué son las copias biomiméticas creadas en Demon (VOY, 4.24). En realidad, es otra nave, pero no alternativa, sino otra Voyager, cuyos ocupantes conservan los recuerdos y motivaciones de nuestros protagonistas. Están formados por los hombres, mujeres y alienígenas que conocemos. Son seres que aman, con ganas de vivir y que anhelan lo mismo que los tripulantes originales: regresar a casa. Lo dramático es que quienes están a bordo de esta Voyager no son nuestros héroes. Pero podrían haberlo sido. Sus esperanzas van socavándose poco a poco en un grito agónico para mantener los valores, de sobrevivir, aunque solo fuera a través de sus cuadernos de bitácora. Para desaparecer en el espacio como arcilla desecha, como si nunca hubieran existido. Su vida fue efímera; brillaron más intensamente, pero fueron olvidados; en realidad, nadie supo ni que existían. Y este drama es lo que les hace grandes, y dignos de no ser olvidados.

10 · 
«Si lo utilizara como defensa […] aprobaría sus prejuicios»
Star Trek tiene grandes monólogos éticos. Desde Kirk sobre lo absurdo de la guerra en A taste of Armageddon (ST, 1.23), Picard sobre los derechos de personas sensibles en The measure of a man (TNG, 2.9), o sobre la caza de brujas en The Drumhead (TNG, 4.21). Sisko admitiendo las dificultades de la vida en la frontera en The Maquis II (DS9, 2.21). Janeway ante la vida o muerte en Tuvix (VOY, 2.24), o el discurso final de Archer en Terra Prime (ENT, 4.21) sobre la exploración espacial. Cualquiera de estos momentos podría estar en esta lista. Pero he escogido otro, que habla de respetar a quien es diferente y de defender a los que no son como nosotros. Star Trek es una utopía sobre el futuro de la humanidad, donde ya no hay diferencias entre nosotros de raza, nacionalidad u origen. En Stigma (ENT, 2.14), el doctor Phox intenta encontrar una cura del síndrome de Pa’nar para T’Pol, una degradación de vías sinápticas. La cual solo puede afectar a aquellos que han realizado una fusión mental de manera inadecuada. El problema es que este es un intercambio de pensamientos telepáticos rechazado por la sociedad vulcana del siglo XXII, y que solo una minoría practica a escondidas. La historia es una clara alegoría del virus del VIH y del rechazo que hubo hacia los afectados por esta enfermedad, y en particular a los homosexuales, realizada dentro de una iniciativa de Viacom para la concienciación del VIH/SIDA. Por lo que, cuando los médicos vulcanos descubren que sufre esta enfermedad, no dudan en apartarla de su cargo. No tanto por sufrirla, sino por la manera en que se contagia: las uniones mentales. La cuestión es que esta fue realizada contra su voluntad en Fusion (ENT, 1.17), donde literalmente fue violada. Por lo que, si explica cómo realizó la fusión, sus superiores podían ser benévolos con ella. Pero T’Pol se niega a explicar las circunstancias, ya que «si lo utilizara como defensa para que no me sacaran de la Enterprise, aprobaría sus prejuicios. Y de paso condenaría a cada uno de los miembros de la minoría», reconoce la oficial científica. Con su posición no rechaza a aquellos que practican las fusiones mentales, a pesar de que ella fue forzada a participar en una. Por lo que su discurso es también válido en defensa de aquellos que en algún momento nos hemos sentido diferentes a la mayoría. Y todos, en algún momento de nuestras vidas, nos hemos sentido diferentes. Es más, para muchos, Star Trek, sus aventuras, su universo, ha sido un refugio donde las diferencias de cada uno no eran ningún impedimento para formar parte de una familia o una tripulación. En realidad, forman parte del ADN de la aventura que se inició hace sesenta años.

11 · «¿Vienes a matarme?»
Los viajes en el tiempo son posiblemente el argumento más interesante para plantearnos dilemas morales. Como la posibilidad de intervenir en acontecimientos pasados. ¿Pero qué consecuencias tendrían si lo hiciéramos? Esta es la pregunta que se plantea en este episodio. Que recupera a Khan Noonien Singh, el villano que se nos había presentado en Space seed (ST, 1.24), un humano alterado genéticamente que había estado en animación suspendida desde que huyó de la Tierra al final del siglo XX. Y quien había sido un antiguo tirano que había cometido incontables crímenes durante las sangrientas Guerras Eugénicas. Volvería en ST II: The wrath of Khan, y en el reboot ST: Into darkness. Pero la estela de los aumentados volvería en la trilogía de los aumentados en Enterprise, y en la segunda temporada de Picard con la presencia del padre de estos, Adam Soong. La última relación de este personaje en la saga es la teniente La’An Noonien-Singh, oficial de la USS Enterprise bajo el mando de Pike, que es una descendiente del mismísimo Khan. Pero no está orgullosa del pasado familiar; rechaza las atrocidades cometidas e incluso la acosaban cuando era niña, llamándola “monstruo”, debido al origen de sus antepasados. Por eso, cuando es enviada al pasado, precisamente a salvar la vida de Khan cuando aún es un niño en Tomorrow and tomorrow and tomorrow (SNW, 2.03), no hay nadie mejor que ella para hacerlo. Ya que ella conoce muy bien lo que sucedería si aquel déspota y asesino no existiera. Solo una buena comprensión de la historia, y de lo que significa dejarlo con vida, puede hacer tomar esa decisión. Porque aun los peores sucesos pueden desembocar en cosas buenas. Las Guerras Eugénicas (retrasadas al principio del siglo XXI y fusionadas con la 3ª Guerra Mundial) llevaron a que Zefran Cochrane desarrollara el motor de curvatura y realizara el primer contacto con los vulcanos en el 2163, que conduciría, con el tiempo, a crear la Federación. Sin Khan, no se podría garantizar que la velocidad de curvatura se hubiera desarrollado en aquel momento; incluso la humanidad podría no haberse unido en reconstruir la Tierra tras la devastación del conflicto. Por lo tanto, el mundo del que procede La’An no llegaría a existir nunca. Es una disyuntiva similar a la de Kirk en The City on the Edge of Forever (ST, 1.28). Allí han de sacrificar la vida de una buena mujer como Keeler, pero cuyas ideas provocarán un cambio de la historia de la humanidad a peor. Ahora, para que la Tierra logre convertirse en el lugar pacífico que conoce La’An, Khan ha de convertirse en el tirano que todos recuerdan y participar en las Guerras Eugénicas.
 
 
Ll. C. H.
 
 
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