1966-1969
Star Trek, como serie de ciencia ficción, nos quiere enseñar un futuro o cómo debería ser el futuro. Incluso podría ser una lección para aprender (de lo que deberíamos ser) y formar nuestro mañana. Pero también es un reflejo del momento en que fue rodada la serie, y sus historias son metáforas de aquel hoy, con sus prejuicios y sus luchas sociales. Así, cuando se estrenó en 1966, ahora hace 60 años, más allá de la aventura de la semana, su universo nos mostraba una utopía, un objetivo al que alcanzar. Enseñándonos una Tierra donde ya no había guerra y la exploración espacial, con la búsqueda de conocimientos y nuevas formas de vida, era la motivación de una humanidad que había dejado atrás sus diferencias. Por lo que la tripulación estaba formada por individuos de diverso origen, que incluía, en el primer capítulo piloto rechazado, The cage (ST, 0.01), a una mujer como primer oficial. Este personaje fue rechazado, pero en la serie definitiva, el jefe de seguridad estaba encarnado por un asiático, incorporándose posteriormente un ruso. Recordemos que estábamos en plena Guerra Fría; la Unión Soviética era el enemigo ideológico y económico de los Estados Unidos. También había un alienígena, en el caso de Spock, medio vulcano, que era el segundo al mando y coprotagonista de la serie. Demostrando que no solo había igualdad entre nosotros, sino que esta se extendía a los habitantes de otros planetas. Y obviamente estaba Uhura, una mujer negra, como responsable de las comunicaciones. Que, aunque podría parecer que era una mera telefonista, su presencia, como miembro de la cadena de mando, manifestaba la diversa ascendencia de la dotación. Llevando a que Martin Luther King Jr. le pidiera a Nichelle Nichols que no dejara la serie: “Eres el reflejo de hacia dónde nos dirigimos, eres cómo seremos dentro de 300 años, y eso significa que ahí es donde estamos y que todo ocurre ahora mismo. Sigue haciendo lo que estás haciendo, eres nuestra inspiración”. Incluso en el episodio Plato’s stepchildren (ST, 3.12) se produjo el primer beso interracial de la televisión entre una mujer negra: Uhura y un hombre blanco: Kirk. Y solo un año después de que la Corte Suprema de los Estados Unidos declarara inconstitucionales las leyes que prohibían los matrimonios entre personas negras y blancas, así como con nativos americanos, filipinos, asiáticos y en algunos estados con «todas las personas no blancas».
Star Trek, como serie de ciencia ficción, nos quiere enseñar un futuro o cómo debería ser el futuro. Incluso podría ser una lección para aprender (de lo que deberíamos ser) y formar nuestro mañana. Pero también es un reflejo del momento en que fue rodada la serie, y sus historias son metáforas de aquel hoy, con sus prejuicios y sus luchas sociales. Así, cuando se estrenó en 1966, ahora hace 60 años, más allá de la aventura de la semana, su universo nos mostraba una utopía, un objetivo al que alcanzar. Enseñándonos una Tierra donde ya no había guerra y la exploración espacial, con la búsqueda de conocimientos y nuevas formas de vida, era la motivación de una humanidad que había dejado atrás sus diferencias. Por lo que la tripulación estaba formada por individuos de diverso origen, que incluía, en el primer capítulo piloto rechazado, The cage (ST, 0.01), a una mujer como primer oficial. Este personaje fue rechazado, pero en la serie definitiva, el jefe de seguridad estaba encarnado por un asiático, incorporándose posteriormente un ruso. Recordemos que estábamos en plena Guerra Fría; la Unión Soviética era el enemigo ideológico y económico de los Estados Unidos. También había un alienígena, en el caso de Spock, medio vulcano, que era el segundo al mando y coprotagonista de la serie. Demostrando que no solo había igualdad entre nosotros, sino que esta se extendía a los habitantes de otros planetas. Y obviamente estaba Uhura, una mujer negra, como responsable de las comunicaciones. Que, aunque podría parecer que era una mera telefonista, su presencia, como miembro de la cadena de mando, manifestaba la diversa ascendencia de la dotación. Llevando a que Martin Luther King Jr. le pidiera a Nichelle Nichols que no dejara la serie: “Eres el reflejo de hacia dónde nos dirigimos, eres cómo seremos dentro de 300 años, y eso significa que ahí es donde estamos y que todo ocurre ahora mismo. Sigue haciendo lo que estás haciendo, eres nuestra inspiración”. Incluso en el episodio Plato’s stepchildren (ST, 3.12) se produjo el primer beso interracial de la televisión entre una mujer negra: Uhura y un hombre blanco: Kirk. Y solo un año después de que la Corte Suprema de los Estados Unidos declarara inconstitucionales las leyes que prohibían los matrimonios entre personas negras y blancas, así como con nativos americanos, filipinos, asiáticos y en algunos estados con «todas las personas no blancas».
¿Pero
qué hay de las relaciones afectivas y sexuales? Aquí no hay duda, todas estaban
domadas por una visión heteronormativa. Incluso, aunque había gran cantidad de
personajes encarnados por mujeres en todos los departamentos de la nave, se
plasmaba una visión bastante machista. Desde los uniformes ceñidos y con
minifalda en el elenco femenino, a representarlas emocionalmente frágiles,
fácilmente influenciables o motivadas por pasiones irracionales, como la
doctora Janice Lester en Turnabout intruder (ST, 3.24). Incluso en
Who mourns for Adonais? (ST, 2.04), el doctor McCoy se queja de que las
oficiales se casan y dejan el servicio en la Flota Estelar. Mostrando la
mentalidad de que la mujer, una vez casada, se centraba en la vida doméstica,
dejando a un lado su carrera profesional. Mientras que la actriz del capítulo, siempre
hermosa y con vestidos sugerentes, se enamoraba del héroe, normalmente el
capitán Kirk. E incluso cuando aparece la comandante romulana en The
Enterprise incident (ST, 3.04), esta termina siendo manipulada por un
hombre. Mientras que estos intereses amorosos eran filmados con finas capas de
plástico o filtros de difusión, una técnica llamada “la chica gaussiana” por el
desenfoque que sufrían. Al contrario que los protagonistas masculinos, que aparecían
con enfoque nítido y luz brillante. Como decía al principio, la serie quería
plasmar un mundo sin prejuicios, donde la humanidad había superado el sexismo
social, e hizo algunos episodios notables, pero la producción reflejaba los
estereotipos de la época en que fue creada. ¿Y qué hay de la homosexualidad?
Según el actor George Takei, le preguntó a Gene Roddenberry sobre la falta de
gays y lesbianas en la serie. “Él dijo: «Estoy caminando por la cuerda
floja. Estoy abordando temas de la época. Estoy abordando el movimiento por los
derechos civiles, la guerra de Vietnam, la Guerra Fría, y necesito poder
transmitir ese mensaje sin que nos retiren de la parrilla». Añadió: «Si
abordara ese tema, no podría abordar ningún otro, porque nos retirarían de la
parrilla»”, recordaría el actor años más tarde. Lo cual es comprensible; no
olvidemos que estábamos al final de los años sesenta. Década en la que la
policía hacía redadas de acoso en los bares (hasta 1967 estaba prohibida la
venta de alcohol a homosexuales en Nueva York), donde se reunían transexuales, drag
queens, jóvenes afeminados o prostitutos masculinos y eran arrestados por
comportamiento indecente. Como el que en la madrugada del 28 de junio de 1969
desembocara en los disturbios de Stonewall en el Greenwich Village de Nueva
York. Tan solo 25 días después de la emisión de Turnabout intruder (ST,
3.24), que sería el último capítulo de la serie clásica.
1987-2005
Con el estreno de Encounter at Farpoint (TNG, 1.01/02) empezaba una nueva etapa dentro de la franquicia con la emisión de su segundo spin-off, de nuevo con actores reales. Pero esta vez con una nave más avanzada, diferentes tripulantes y nuevas aventuras para seguir explorando el universo creado 21 años antes. A pesar de unos principios algo convulsos, el resultado fue un rotundo éxito, como demuestra la creación de un tercer spin-off en 1993 con Deep Space Nine, un cuarto en 1995 con Voyager y la cuarta serie consecutiva de la franquicia con Enterprise entre 2001 y 2005. Con la que también concluirían 18 años de emisión ininterrumpida de Star Trek en televisión. Y aunque volvieron las minifaldas, esta vez también en los uniformes masculinos, por desgracia desaparecerían tras unas pocas apariciones. Estaba claro que la nueva serie ya no era aquel programa transgresor que se atrevía a mostrarnos un futuro utópico, tocando temas controvertidos como el racismo o la igualdad. Ahora era un producto consolidado, famoso y orientado al público familiar. Eso será parte del motivo por el que no aparecieran personajes LGBT y apenas se tocara el tema durante esta etapa de la franquicia.
Con el estreno de Encounter at Farpoint (TNG, 1.01/02) empezaba una nueva etapa dentro de la franquicia con la emisión de su segundo spin-off, de nuevo con actores reales. Pero esta vez con una nave más avanzada, diferentes tripulantes y nuevas aventuras para seguir explorando el universo creado 21 años antes. A pesar de unos principios algo convulsos, el resultado fue un rotundo éxito, como demuestra la creación de un tercer spin-off en 1993 con Deep Space Nine, un cuarto en 1995 con Voyager y la cuarta serie consecutiva de la franquicia con Enterprise entre 2001 y 2005. Con la que también concluirían 18 años de emisión ininterrumpida de Star Trek en televisión. Y aunque volvieron las minifaldas, esta vez también en los uniformes masculinos, por desgracia desaparecerían tras unas pocas apariciones. Estaba claro que la nueva serie ya no era aquel programa transgresor que se atrevía a mostrarnos un futuro utópico, tocando temas controvertidos como el racismo o la igualdad. Ahora era un producto consolidado, famoso y orientado al público familiar. Eso será parte del motivo por el que no aparecieran personajes LGBT y apenas se tocara el tema durante esta etapa de la franquicia.
Poniéndonos
en contexto, los disturbios de Stonewall fueron el inicio del movimiento de
liberación LGBTIQ+. Siendo descritos por el profesor emérito de historia y
estudios de género de la Universidad de Illinois en Chicago, John D’Emilio,
como: “la caída de una hormiga oída en todo el mundo”. En lo que creo
que es una frase preciosa. Un año más tarde fueron conmemorados por las
primeras marchas del Orgullo en San Francisco y Nueva York, acudiendo a esta
última entre cinco y diez mil personas. En 1973, la Asociación Estadounidense
de Psiquiatría retiró la homosexualidad de su manual de diagnósticos de
trastornos mentales. Hoy, aquella protesta espontánea se recuerda en cientos de
ciudades del mundo y congrega a millones de personas. Pero la década de los
ochenta y noventa está marcada por la aparición del VIH/SIDA. Que tuvo su
momento de mayor número de muertes en 1995, hasta la llegada de los
medicamentos antirretrovirales en 1996, reduciendo drásticamente las muertes
por esta odiosa enfermedad. La cual no solo había llevado el sufrimiento y la
muerte a decenas de miles de personas, sino que había generado un estigma
social contra los gays. Desviando la lucha de los derechos civiles del
colectivo, para centrarse en los sanitarios de lo que llegó a llamarse el
“cáncer gay”.
Regresando
a The Next Generation, el guionista David Gerrold, que había escrito The
trouble with tribbles (ST, 2.13), entre otros episodios de la clásica, se incorporó al nuevo proyecto. Completando la Biblia de los
Escritores, y siendo el editor de historias. Por lo que presentó un guion
titulado “Blood and fire”. En el 2011, Gerrold recordaría que su
intención era hacer una alegoría, no al SIDA, sino al miedo, a través de la
donación de sangre, que había descendido a causa de la enfermedad. Por lo que “[…]
uno de los puntos clave de la trama consistía en que la tripulación donara
sangre para salvar las vidas del equipo de salida. […] Había dos personajes que
no eran muy importantes para la historia, pero eran el tipo de personajes
secundarios que hacen falta. En un momento dado, Riker le dice a uno de ellos: «¿Cuánto
tiempo lleváis juntos los dos?». Y el tipo responde: «Desde la Academia». Eso
es todo. Es todo lo que necesitas saber sobre su relación. Si fueras un niño,
pensarías que solo son buenos amigos. Si fueras un adulto, lo entenderías. Pero
entregué el guion y ahí fue cuando la mierda se estrelló contra las aspas
giratorias del ventilador eléctrico. Hubo una avalancha de notas, a favor y en
contra. Una nota decía: «Vamos a emitir a las cuatro de la tarde en algunos
sitios y vamos a recibir cartas airadas de las madres». Mi respuesta fue: «Si
conseguimos que la gente escriba cartas, eso demuestra que se sienten
involucrados con la serie, y eso es exactamente lo que queremos. Queremos que
se impliquen, y un poco de polémica nos vendrá de perlas». Y añadí: «Gene
[Roddenberry] hizo una promesa a los fans. Si no es aquí, ¿dónde? Si no es
ahora, ¿cuándo?». Pero el episodio acabó archivándose de todos modos y fue
entonces cuando supe que no me iban a permitir escribir las mejores historias
que deberíamos estar escribiendo. La serie original se basaba en arriesgarse.
Si no íbamos a arriesgarnos, no estábamos haciendo Star Trek. Así que dejé que
mi contrato expirara y me fui a hacer [...] otras cosas”.
En
1990, la Organización Mundial de la Salud eliminó oficialmente la
homosexualidad de su lista de enfermedades mentales. Y sería un año después,
donde Gene Roddenberry comentó en una entrevista con The Humanist: “Mi
actitud hacia la homosexualidad ha cambiado. Llegué a la conclusión de que
estaba equivocado. Nunca fui de los que acosaban a los «maricones», como
solíamos llamarlos en la calle. A veces decía algún comentario homófobo sin
pensarlo dos veces, porque en aquella época se consideraba gracioso. En realidad,
nunca creí de verdad en esos comentarios, pero daba la impresión de ser poco
reflexivo en estos temas. A lo largo de muchos años, he cambiado mi actitud
hacia los hombres y las mujeres gays”. Incluso, según The Advocate,
el creador de la serie prometió que en la quinta temporada de TNG aparecerían
personajes homosexuales. En ese año, Leonard Nimoy, en una carta a Los
Angeles Times, indicó que “Resulta totalmente adecuado que los gays y
las lesbianas aparezcan de forma discreta a bordo de la Enterprise, sin ser
objeto ni de lástima ni de atención melodramática”. Pero Roddenberry había
dejado el timón de la serie en 1989, debido a su delicado estado de salud, por
lo que desde finales de la segunda temporada el responsable de la producción era
Rick Berman, y en última instancia de lo que se aparecía en pantalla. Tal vez,
a lo que se refería Roddenberry con el personaje LGBT era la idea primigenia de
The outcast (TNG, 5.17), emitido en 1992. Donde el comandante Riker
iniciaba una relación con Soren, miembro de una especie andrógina, que era
perseguida por decantarse por un género concreto: el femenino. Y aunque el
episodio tocaba situaciones de identidad de género, no terminó de arriesgarse.
Ya que Soren era interpretada por una actriz, de manera que, a nivel visual,
Riker se besaba con una mujer, evitando cualquier equívoco. Siempre he pensado
que, si Soren hubiera sido un hombre con barba, el episodio sí hubiera sido más
transgresor. Preguntado al respecto, Berman admitió: “Que Riker se besara
apasionadamente con un actor masculino podría haber resultado un poco difícil
de aceptar para los espectadores”. Pensaba que “habíamos hecho una
declaración muy positiva sobre los prejuicios sexuales al más puro estilo de
Star Trek, pero aun así recibimos cartas de quienes opinaban que solo era
nuestra forma de ‘lavarnos las manos’ respecto a la situación de los
homosexuales”. Mientras que Jonathan Frakes reconoció que “No creo que
tuvieran el valor suficiente para llevarlo hasta donde debían. Soren debería
haber sido más claramente masculino. [...] pero no estoy seguro de que
fuera tan bueno como podría haber sido, si es que intentaban hacer lo que ellos
llaman un «episodio gay»”.
Sería
en Through the looking glass (DS9, 3.19) donde aparecía el primer
personaje bisexual de la saga: la intendente Kira Neris. El alter ego de la
mayor Kira en el universo espejo. Este, introducido en Mirror, mirror (ST,
2.10), presentaba los mismos personajes, pero intercambiados con sus
características tanto morales, como altruismo o bondad, en egoísmo y crueldad.
Así como en sus rasgos de personalidad, de manera que, si en el universo
primario tenía autocontrol, su contrapartida era impulsiva. Por lo que esta, en
contraposición a la mayor Kira, era una mujer hedonista, que se rodeaba en sus
aposentos de esclavos humanos, tanto hombres como mujeres. Aunque no se
confirmaría hasta The Emperor’s new cloak (DS9, 7.12) al
indicarse explícitamente su pasada relación con Ezri Tigan. El personaje había
sido presentado en Crossover (DS9, 2.23), donde la intendente
Kira ya había mostrado una cierta inclinación hacia su homónima del universo
primario, pero más de una manera narcisista que bisexual. El universo espejo,
por su naturaleza más salvaje e incivilizada, permitía presentar otros aspectos
de la sexualidad con mayor libertad. Lo que entraña cierta polémica, al
presentar la bisexualidad u homosexualidad como un factor relacionado con los
villanos. Nana Visitor declaró sobre su personaje: “No tenía nada que ver
con la sexualidad. Nunca me gustó que la gente la tomara por bisexual solo
porque es un personaje malvado. Hay tan pocos personajes gais en la tele que,
la verdad, no necesitamos uno malvado”. Mientras que el autor de novelas de
Star Trek, Keith R.A. DeCandido, analizó este asunto: “Refuerza demasiado el
estereotipo [...] que ‘los gais y bisexuales son malos’. No habría estado tan
mal si hubieran dejado claro que nuestra Kira era, al menos potencialmente,
bisexual, pero en lugar de eso presentaron a la «buena» Kira como estrictamente
heterosexual, mientras que la «mala» Kira se acostaba con todo lo que se movía,
y eso tiene algunas implicaciones desagradables”.
En
1995, otro momento importante se vería en Rejoined (DS9, 4.06),
cuando los personajes femeninos de Jadzia Dax y Lenara Kahn se besaban. Marcando
el primer beso entre dos personas del mismo sexo visto en la franquicia. La
historia nos mostraba el reencuentro de dos simbiontes trill, que en el pasado
habían sido marido y mujer, y que ahora se volvían a ver con sus nuevas
anfitrionas, que eran dos mujeres. El amor volvía a surgir entre ellos; sin
importar el género, que ahora eran como unidos. Pero retomar las relaciones de
anteriores uniones es algo prohibido en la sociedad trill para los simbiontes.
Ya que eso significaría repetir un ciclo pasado, impidiendo acumular nuevas
experiencias y enriqueciendo su vida. Aun así, Dax no duda en proponer a Khan
retomar su antigua relación, aunque eso signifique el destierro y la muerte de
ambos simbiontes. Teniendo en cuenta que los simbiontes son capaces de vivir
muchas vidas en huéspedes del sexo masculino y femenino, siendo padres y
madres, por lo que el género de su huésped no debería ser ningún impedimento
para su orientación afectiva. Realmente, Rejoined (DS9, 4.06) es
una gran historia de amor entre dos seres cuyo matrimonio se truncó muchos años
antes. Pero, aunque se habla de ostracismo por continuar su amor, no es una
historia de dos mujeres enamoradas.
Además
de la nula inclusión de personajes LGBT, a lo largo de las cuatro series tampoco
se tocaron temáticas que pudieran ser sensibles para estos. La única excepción es
el magnífico Stigma (ENT, 2.14), que desarrollaba el rechazo de
los vulcanos a los que sufrían la enfermedad de Pa’nar, que solo podía ser
contraída tras una unión mental. Práctica telepática repudiada por la sociedad
vulcana del siglo XXII. La historia no solo era una clara alegoría sobre el
VIH, y por extensión sobre la orientación sexual, sino que fue producida dentro
de una campaña de Viacom de 2003 para la concienciación de VIH/SIDA. Teniendo
en el alegato de T’Pol uno de los mejores momentos, no solo de Enterprise,
sino de toda la saga.
No
estrictamente sexuales, sí se señaló algún tipo de relación más abierta que la
monogamia heterosexual en la serie. Así, en Field of fire (DS9, 7.13),
algunos matrimonios bolianos eran poliamorosos, con tres o más personas casadas
a la vez. Denominándose a sus miembros co-esposo y co-esposa. Y en Dear
doctor (ENT, 1.13), se indica que los denobulanos tenían tres esposas y
cada esposa tres maridos. Aunque se daba a entender que eran uniones heterosexuales
múltiples, dejando claro únicamente la libertad que tenían los miembros de esta
especie con las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Por otro lado, Andrew
Robinson ha indicado que interpretó a Garak como bisexual o pansexual, de
manera que podía enamorarse independientemente de su género. Algo que se puede
intuir con la relación de amistad que tiene con el doctor Bashir, sin que fuera
desarrollado en ningún guion de la serie. Robinson comentó que no se había
desarrollado por varias razones: “Una de ellas es que los estadounidenses se
ponen realmente muy nerviosos ante la ambigüedad sexual. Además, se trata de
una serie familiar, tienen que mantenerla «dentro de los límites», así que
decidí dar marcha atrás [...] En general, los guionistas apoyaron al personaje
de maravilla, pero en ese aspecto simplemente tomaron la decisión de no querer
ir por ahí, y si ellos no quieren ir por ahí, yo tampoco puedo, porque el guion
no lo respalda”. Mientras que Alexander Sidding indicó que el primer
encuentro entre ambos personajes en Past prologue (DS9, 1.03)
tenía una gran carga homoerótica. Aunque la idea sí se exploraría más adelante.
En
2002, Kate Mulgrew, que interpretaba a la capitana Janeway en Voyager, y
cuyo personaje, como mujer al mando, había sido uno de los hitos de la saga para
1995, dijo: “No, Star Trek es, curiosamente, muy estricta en este sentido.
Rick Berman, que es un hombre muy sagaz, se ha mostrado muy firme en ciertas
cuestiones. Le he planteado muchas, muchas veces a lo largo de los años la
posibilidad de incluir un personaje gay en la serie, uno al que pudiéramos
querer de verdad, no solo un actor invitado. Ya sabes, hemos tenido personajes
negros, asiáticos, incluso uno con discapacidad… así que pensé que esto
empezaba a parecer un poco absurdo. Y él me dijo: «A su debido tiempo». Así que
sospecho que en Enterprise harán algo en este sentido. Yo no pude
conseguirlo en la mía. Y lo siento mucho”. Estaba equivocada.
Mientras
que Ira Steven Behr, showrunner de Deep Space Nine, en su
documental What we left behinh de 2019, lamentó la escasa representación
de relaciones del mismo sexo en la serie. Por otro lado, en 2008, Ronald D.
Moore, que fue un importante guionista en The Next Generation y Deep Space Nine, admitió que “En Star Trek solíamos tener un montón de
respuestas típicas para justificar por qué no lo hacíamos. La verdad es que no
era realmente una prioridad para ninguno de los miembros del equipo, así que no
era algo que ocupara un lugar destacado en la agenda de nadie. Y luego creo que
hay una cierta inercia: no estás acostumbrado a incluir a esos personajes en
este tipo de series y, simplemente, no lo haces. Alguien tiene que decidir qué
es importante antes de hacerlo”. Creo que la clave está en esa última frase
de Moore: “Alguien tiene que decidir qué es importante antes de hacerlo”.
En la dirección de Star Trek durante esta etapa, Rick Berman no estaba
dispuesto a mostrar personajes LGBT. Al fin y al cabo, bajo su dirección fue
criticado frecuentemente por su misoginia sistemática. Cosificando las
protagonistas, como el vestuario ajustado de Seven of Nine o T’Pol, diseñados
para aumentar los índices de audiencia (se entiende que masculina), enfatizando
sus atributos físicos. Herencia de The Next Generation, donde los uniformes
de los actores eran más prácticos que los de los personajes femeninos, como el
que llevaba Troi durante casi todas las temporadas. Terry Farrell reveló en el
libro The Fifty Year Mission que Berman “comentaba que mi talla de
sujetador no era voluptuosa. Decía: «Bueno, es que eres plana. Mira a
Christine. Tiene unos pechos perfectos» [...] Tuve que hacerme pruebas
de vestuario para que Dax tuviera pechos más grandes. Y luego tuve que ir a la
oficina de Berman”. Para la séptima temporada intentó renegociar su
contrato, para tener un papel más secundario; sin embargo, no lo consiguió, lo
que precipitó su salida de la serie. Demostrando que, si trataba así a las
actrices y la forma en que aparecían en pantalla, no es de extrañar que no se
mostraran personajes gays, lesbianas, bisexuales o transexuales en esta segunda
etapa de Star Trek. Que terminó el 13 de mayo de 2005 con la emisión de These
are the voyagers… (ENT, 4.22). En España, el 3 de julio de 2005, menos
de dos meses después, se legalizaba el matrimonio igualitario que permitía a
las parejas del mismo sexo casarnos.
Ll. C. H.
Klingons, un imperio en decadencia
Romulanos, un imperio desaprovechado
El Maquis, un análisis
Ocasiones perdidas en Star Trek
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