martes, 9 de junio de 2026

Mi top 11 de peores episodios de Star Trek

Siempre se habla de los mejores episodios, los mejores villanos, lo que ha significado la serie de esta y otra manera. Pero en una saga tan longeva, en septiembre cumplirá 60 años desde su primera emisión, ha habido grandes errores, o simplemente episodios malos. Ya fuera porque la idea que en el papel parecía buena y luego no se supo plasmar bien en pantalla. Porque tuvieran un agujero en el guion que no supo cómo sortear, errores de continuidad (tanto voluntarios como inconscientes) o simplemente un concepto inconsistente. Aunque también personajes incoherentes, tramas absurdas, efectos visuales de mala calidad o ritmo deficiente. O percepciones que, con el transcurso de los cambios sociales, han quedado anticuadas e incluso retrógradas. Esta es mi lista de esos peores episodios de la saga.
 
11 · 11:59 (VOY, 5.23)
La capitana Janeway recuerda a una antepasada que se supone que ayudó a construir la colonia de Marte. Y que resulta que lo único que hizo fue convencer a un tipo en vender su librería para construir un rascacielos. El problema es que la historia rompe la dinámica de toda la serie de Voyager, sin nada en la trama de ciencia-ficción, en el que nos muestran cómo Kate Mulgrew se pasea por el último minuto del siglo XX y se casa con el dueño de la librería para formar una gran familia. El resultado final es tan anodino, que cuesta creer que se rodara.

10 · Terra Nova (ENT, 1.06)
Enterprise nos muestra los primeros viajes de la Enterprise NX, la primera nave terrestre en alcanzar el factor 5 de curvatura. Lo cual no significa que sean los humanos que hayan llegado más lejos. En su primer año, llegan a la primera colonia terrestre, con la que se perdió el contacto hace 70 años. Hasta aquí, la premisa del episodio podría ser interesante. Pero siempre me he preguntado cómo es que nadie se había preocupado de los colonos de Terra Nova en tanto tiempo. Sobre todo, teniendo en cuenta que hay y ha habido otras naves terrestres explorando la galaxia. O un carguero, valga el caso. Una premisa que no se sostiene mucho, la verdad. Una vez allí, el misterio se resuelve fácilmente: la colonia fue sacudida por un meteorito, y los supervivientes se escondieron en las cuevas de la zona. Con una trama de varios tripulantes retenidos entre los nativos, mientras el resto deduce qué ocurrió en el planeta décadas antes. Es un ejemplo de lo simples y manidos que eran los guiones para las dos primeras temporadas de Enterprise.
 
9 · Let he who is without sin… (DS9, 5.07)
Siempre es bueno visitar planetas alienígenas, en este caso el paradisíaco Risa, que ya vimos en Captain’s holiday (TNG, 3.19). El cual es conocido por su actitud abierta hacia la sexualidad. Por lo que los guionistas querían explorar las relaciones de pareja y sexuales. Pero mostrar los aspectos explícitos de la vida hedonista de los risianos, y ni mucho menos desnudos, a una audiencia familiar era prácticamente imposible. Si bien es cierto que no estamos en Juego de Tronos (HBO, 2011-2019) como para mostrar orgías en pantalla. Pero el resultado es una visión mojigata y conservadora, más tirando a machismo que Rick Berman impuso en las series que controló. Convirtiendo a Risa en un simple destino para quienes venían en busca de sol y playa (más o menos como unas islas Canarias para unas vacaciones familiares). Pero eso no explica que el lugar paradisíaco sea atacado por un grupo de extremistas decididos a impedir que nadie pueda estirarse en las tumbonas para broncearse, argumentando que quieren criticar la “complacencia” de la sociedad de la Federación. A la que clasifican como decadente por tener controles climáticos planetarios y replicadores, denunciando su moral laxa y haciéndoles abrir los ojos ante los peligros de la galaxia. A los que se les une Worf al coincidir su discurso con sus creencias ultraconservadoras, o básicamente porque es un celoso. Tal cual. Y eso que es un oficial de seguridad de la Flota Estelar, cuyo deber sería, primero, proteger a los civiles y, después, hacer cumplir las leyes de los planetas que la forman. La idea del capítulo era hacer algo divertido sobre sexualidad, pero el resultado es una historia del amargado Worf aguando (literalmente) la fiesta a todos.

8 · Shades of gray (TNG, 2.22)
Este tipo de capítulos de recopilaciones de escenas anteriores se le llama chip show o capítulo de clips. Y este es el mejor ejemplo de cómo no han de ser. Tenemos que recordar que la segunda temporada de The Next Generation estuvo marcada por una huelga de guionistas que obligó a la producción a echar mano de los guiones escritos en los años setenta para la serie, finalmente cancelada, de la Phase II. Y el motivo de la existencia de Shades of gray (TNG, 2.22) no es nada más y nada menos que para ahorrar dinero, debido a los sobrecostos de la misma temporada. Así, vemos a Riker estirado en la biocama de la enfermería, siendo estimulado con sus peores recuerdos para evitar que muera por el veneno de una planta. El motivo ya es por sí algo forzado; si querían lo de los recuerdos, podían haber usado algún contacto psicológico que los justificara. Y no la ponzoña de una ortiga espacial. Aunque lo peor sea que parece que la vida de Riker se centrara únicamente en su servicio como primer oficial de la USS Enterprise-D. La idea podría haber sido más interesante si se hubieran rodado otras escenas de su vida anterior: su infancia o a bordo de otros destinos previos, como en el USS Hood o del USS Potenkim. Eso hubiera dado mayor profundidad al personaje del primer oficial. Pero como su concepto básico era ahorrar dinero, se limitaron a cortes de las dos temporadas rodadas. En contraposición, lo que debería ser un buen episodio chip show es Shattered (VOY, 7.11), donde, en vez de poner recortes de episodios anteriores, se recrean diferentes momentos anteriores de la serie.
 
7 · The Omega Glory (ST, 2.25)
La imagen del paseo de la bandera de las barras y las estrellas de los Estados Unidos de Norteamérica es la guinda del pastel a este despropósito de episodio. Para justificar la cantidad de civilizaciones similares a la Tierra, como las aparecidas en Miri (ST, 1.11) o en Bread and Circuses (ST, 2.14), se mencionó la existencia de la Ley de Desarrollo Planetaria Paralelo de Hodgkin. Idea que siempre me ha parecido interesante y que podían haber desarrollado un poco más. Pero aquí los paralelismos son demasiado grotescos: los yangs (procedente de Yankees), rubios, ojos azules, fornidos y honorables, aunque primitivos. Y los kohns (abreviatura de comunistas), asiáticos, violentos y retorcidos. Y es que en ese momento la guerra de Vietnam no solo estaba en pleno auge, sino que de enero a marzo de 1968 se había producido la Ofensiva del Tet, uno de los ataques más importantes que realizó el Viet Cong contra las fuerzas norteamericanas. Y el episodio se estrenó precisamente el 1 de marzo de 1968. Las coincidencias no creo que sean casuales; presentando a los yangs como nobles salvajes, y a los kohns como brutales y opresores, solo muestra estereotipos racistas hacia los asiáticos (sin entrar en valoraciones políticas). Son demasiado evidentes, la verdad. Una de las ideas que se barajaron, que me parece más interesante, era que los yangs y los kohns eran los descendientes de antiguos astronautas de la Tierra, perdidos siglos antes. Lo que hubiera justificado la presencia de la Constitución norteamericana y su bandera. Mientras que en una novela se justifica con cierta contaminación cultural de una nave terrestre que pasó por el planeta años antes.

6 · Code of honor (TNG, 1.04)
Otro episodio lleno de estereotipos racistas y culturales. Cuando los ligonianos, que están claramente inspirados en la sociedad tribal africana, raptan a una mujer rubia y la hacen luchar a muerte. Siendo su tercer episodio, se nota que The Next Generation aún está buscando su propia identidad, y la exploración de un planeta claramente inspirado en la Tierra es un concepto muy ligado a la clásica. El problema es cuando la historia de lucha de poder se sustenta en una serie de clichés machistas y raciales. Los ligonianos no cuentan con tecnología avanzada, y sus costumbres se nos muestran primitivas y violentas. Mostrando a la tripulación de la USS Enterprise-D tecnológicamente superior, y condescendiente con unas costumbres alienígenas claramente arcaicas. En su concepto original, estos eran una raza reptiliana similar a los samuráis japoneses, pero ajustes de presupuesto convirtieron a estos en humanoides y, posteriormente, en africanos. Además, a mitad del rodaje se despidió a Russ Mayberry, su director, ya que, según se ha indicado, era desagradable trabajar con él en el set. Jonathan Frakes, Brent Spiner, Wil Wheaton, LeVar Burton o Garrett Wang han denostado este episodio, calificándolo de racista y malo. Coincido plenamente. Su guionista, Kathryn Powers, escribió un episodio para Stargate SG-1: Emancipation, con la misma trama, pero con descendientes de nómadas mongoles, que Showtime evitaba emitir, seguramente por vergüenza ajena.

5 · Turnabout intruder (ST, 3.24)
Podríamos clasificar este episodio como la clásica historia de estereotipos machistas de los años 60. Y es que, en una serie tan longeva, ya son casi sesenta años de existencia, es normal que conceptos sociales establecidos y que eran normales hace décadas, ahora nos resulten anacrónicos, ridículos e insultantes. Y esta es la culminación de la misoginia de Star Trek, que salpica toda la serie. Según Kirk, a la doctora Janice Lester no le dejaron ser capitana de una nave estelar por su inestabilidad psicológica. Como si el motivo fuera más neutro. Pero esta se reduce a una caricatura y una condena al feminismo, evocando el miedo a mujeres poderosas y ambiciosas. Mostrando que cualquier deseo femenino de poder es un claro signo de locura. Reduciendo a su personaje a un estereotipo de mujer dominada por sus celos, que quiere vengarse por no saber estar en su sitio. Kirk, en la última frase del episodio, lo deja claro: «Su vida podría haber sido tan plena como la de cualquier mujer. Si tan solo... Si tan solo». Podemos añadir: “…hubiera sabido quedarse en su lugar”. Tal vez esbocemos una sonrisa con la interpretación exagerada de Shatner al encarnar a una mujer en un cuerpo masculino, pero el mensaje que hay detrás no deja mucho margen a la confusión. Por desgracia, parece que el machismo vuelve a resurgir gracias a las redes sociales y cala de nuevo en algunos miembros más jóvenes de nuestra sociedad. Por lo que jamás hemos de dejar de luchar para preservar los derechos adquiridos y conquistados con tanto esfuerzo para cada uno de nosotros.

4 · Four-and-a-half vulcans (SNW, 3.08)
Resumiendo, el episodio es el ridículo más absoluto. Pike, Chapel, Noonien-Singh y Uhura son transformados en vulcanos para una misión en un planeta. Pero al regresar, se niegan a ser retornados a su naturaleza humana, esgrimiendo una serie de lógicas sin sentido. Lo que podía parecer una idea divertida se convierte en situaciones que dan vergüenza ajena. Y es que, aunque se supone que la premisa es que los personajes se han convertido biológicamente en vulcanos, el uso de la lógica, para reprimir las emociones, es todo un camino que empieza en la juventud y puede alargarse hasta la madurez. Como hemos visto a lo largo de toda la saga. Pero aquí, todos utilizan la lógica como si esta fuera parte del ADN vulcano. Y para rematar la historia: Chin-Riley se encuentra con su ex vulcano, olvidando todo pudor y autocontrol que puede tener un ser adulto. Una historia sin pies ni cabeza. Y es que hay ideas que es mejor dejarlas en papel.

3 · Stardust City Rag (PIC, 1.05)
Es difícil decidir qué capítulo es el peor de una de las peores temporadas de toda la saga de Star Trek. Y es que el retorno de Patrick Stewart como el capitán Picard, después de 18 años del estreno de ST: Nemesis, había despertado mucha ilusión. Pero el ritmo introspectivo y, sobre todo (recalco, sobre todo), las inconsistencias argumentales y en los personajes, llevaron a la primera temporada de Picard a ser posiblemente la peor de todas las series. Creo que podemos perdonar, por lo menos yo, los bandazos que se puedan dar en una serie que está empezando y que aún no ha encontrado su tono o su camino. La primera temporada de The Next Generation o de Enterprise son buenos ejemplos de ello. Pero en Picard, la historia de la temporada es un gran McGuffin para que nuestro envejecido capitán pueda despedirse de Data. Algo, por otro lado, que no creo que fuera necesario. Nuestro querido androide positrónico se había sacrificado por su amigo, no solo por su capitán a bordo del pájaro de guerra Scimitar de Shinzon. Pero bueno, tal vez Picard sí necesitaba darle su adiós definitivo. Aun así, lo que envuelve la trama de la primera temporada es un despropósito tras otro. El ataque a Marte por parte de los sintéticos fue una operación del Zhat Vash, una organización mega-ultra-secreta romulana con la misión sagrada de impedir el desarrollo de las formas de vida artificiales. Que, además, había infiltrado a su líder o por lo menos eso parece, como directora de la Seguridad de la Flota Estelar. Al final de la serie, cuando Picard muere, le hacen una réplica androide de su cuerpo para que continúe viviendo, pero solo el tiempo que su cuerpo hubiera aguantado (¿tal vez es un replicante y tiene fecha de caducidad?). Para ese viaje no se necesitan alforjas, la verdad. Es como hicieron con Data, al traspasarle sus recuerdos a la cabeza de B-4 en ST: Nemesis. Si quieres matar al personaje y ser dramáticamente efectivo, has de hacer como se hizo con Spock en ST II: The wrath of Khan. Por suerte, en la tercera temporada de Picard aprovecharon la disyuntiva para resucitar a Data. Sin olvidar la escena de copia y pega de naves en el episodio final. Pero regresemos a Stardust City Rag (PIC, 1.05). La tripulación de La Sirena (seguro que Ríos tiene buenos congelados) llega al planeta Freecloud (Nubelibre), un nombre algo extraño para el universo de Star Trek, la verdad. Allí se disfrazan de manera estrambótica, incluyendo un parche para Picard y un sombrero con pluma para Ríos. Incluso han de explicar a Elnor lo que es interpretar un personaje para poder infiltrarse. Simplemente ridículo. La muerte de Ichep es dolorosa para cualquiera que haya visto Voyager. Y que Seven tardara 13 años en vengarse, me parece incomprensible. Sobre todo, teniendo en cuenta que, entre ambos antiguos zánganos, existía una relación maternofilial muy estrecha.

2 · Threshold (VOY, 2.15)
Tom Paris logra superar la barrera de curvatura 10, teóricamente imposible de alcanzar, ya que entonces viajaría a velocidad infinita, ocupando cada punto del universo de forma simultánea (sic). Además, lo hace a bordo de una lanzadera Tipo-9, gracias a un tipo dilithio que permanece estable a frecuencias más altas de curvatura. Y tras el primer vuelo, nuestro intrépido piloto empieza a mutar en una especie de “grotesco monstruo salmón de película de serie B”, tal y como lo describió el them0ovieblog. Aunque no sé si es más patética la transformación, con su resultado final, o los diálogos pueriles de un Paris sobreactuado, que pretenden ser muy profundos, pero que no tienen mucho sentido, y menos con la futura evolución del mismo personaje. Es más, parece que esté bajo la influencia de alguna sustancia psicotrópica, más que una mutación genética. La cual es una aceleración de la evolución humana natural, provocada por el viaje a velocidad infinita. Siendo la guinda del pastel, cuando encuentran a la capitana Janeway, secuestrada por Paris y también afectada por la hiperevolución, han tenido crías. Sí, crías. Todo un despropósito. Aunque, por suerte, Chakotay, sensatamente, decide dejarlas en el planeta donde han encontrado a sus dos progenitores. Aunque lo peor de todo es que, aunque el Doctor ha encontrado la manera de revertir los efectos, aparcan la idea de utilizar el dilithio para poder viajar a la Tierra. Con semejante ventaja, podían haber utilizado esta tecnología para avisar de su situación a la Flota Estelar. O incluso viajado con la Voyager al cuadrante Alfa, para una vez allí, utilizar el método de revertir la mutación de ADN en toda la tripulación. Claro que entonces la serie no sería igual.

1 · These are the voyages… (ENT, 4.22)
No es que sea un mal episodio, es que lo que ocurre no tiene nada que ver con el resto de tramas desarrolladas durante la cuarta temporada, e incluso con la evolución que había seguido la serie. La cancelación de Enterprise siempre estuvo sobre la producción desde las primeras temporadas debido a sus bajos índices de audiencia. Más por el maltrato que sufría por parte de la cadena UPN que de otra cosa. Pero finalmente, la división de Viacom y CBS, y la marcha de los directivos que hasta ese momento habían protegido la franquicia, precipitó su final tras cuatro años en antena. Aun así, aún hubo tiempo para poder escribir un episodio final, recayendo este en Rick Berman y Brannon Braga. Estos habían sido sus creadores, y los productores ejecutivos de los primeros años, pero no del último, cuya batuta la llevaba Mani Cotto. Quien había eliminado las restricciones sobre referencias a la clásica, y que había desarrollado una temporada centrada en crear puentes con los sucesos ocurridos en la clásica, y que personalmente me parece uno de los aciertos más grandes de toda la saga. Pero para despedir a la tripulación de la Enterprise NX, se les permitió a Berman y Braga (apartados de las decisiones creativas del programa) escribir su última historia. En la que se producen dos saltos temporales desde el episodio anterior, Terra Prime (ENT, 4.21), desarrollado en 2155. El primero es dentro de la propia serie de Enterprise de seis años, hasta el 2161, con la nave rumbo a la Tierra para que Archer pueda dar el discurso de creación de la Federación. Entre cuyos acontecimientos se supone que se ha librado la terrible guerra entre la Tierra y Romulus, pero que no se menciona de ninguna manera. El segundo de los saltos es de dos siglos, en el 2370, donde Riker y Troi nos hacen de narradores en la holocubierta, en el que visitan a la legendaria nave en su último viaje. Durante el cual morirá Trucker, sin que, para mí, venga a cuento con lo que nos están contando. Braga admitió que la mató porque era su personaje preferido, y al que había tratado a lo largo de la serie como un saco de boxeo. Luego veremos cómo Archer se encamina a dar el famoso discurso. Pero tampoco nos explican el motivo por el que un capitán de una nave (por muy importante que sea este; claro que explicarlo hubiera obligado a mencionar la guerra contra los romulanos, y eso hubiera sido un sacrilegio para Berman) es el responsable de tan relevante acto de unión de cinco civilizaciones alienígenas. Podrían haberlo aclarado y dejar a un lado el concurso que el resto de los personajes hacen sobre quién era más amigo de Tucker. A nivel narrativo, esta concepción se aparta completamente de las historias que se habían construido en los anteriores episodios. Por otro lado, todo esto transcurre en el capítulo The Pegasus (TNG, 7.12), en que la recreación del siglo XXII, donde Archer desvía el curso de la nave para ayudar a un antiguo amigo, el andoriano Shran, no tiene ninguna relación con el dilema de Riker a bordo de la USS Enterprise-D de hacer lo correcto. Es más, parece un añadido a The Next Generation que a la serie que está despidiendo: Enterprise. Y ese es posiblemente el punto más importante. Aunque quisieron hacer una especie de homenaje a los héroes de Riker, no es una historia de la tripulación de Archer, sino de una decisión de Riker. El resultado es un episodio extraño, una despedida donde los protagonistas no hacen nada para despedirse. Yo siempre he considerado que These are the voyages… (ENT, 4.22) simplemente no existe.


No he incluido Spock brain (ST, 3.06), tal vez una elección demasiado fácil. Además, siempre me ha parecido más simpático, rozando lo absurdo, que malo. Y creo que los episodios de esta lista son aún peores. Como me dijo hace años una buena amiga, con un buen porro, te ríes mucho. En realidad, en este pequeño ranking podría haber incluido cualquiera de estos otros episodios. Como el musical de Subspace Rhapsody (SNW, 2.09), que podría ser una idea interesante, pero el resultado (para quien no le convenció, como a mí, que tampoco me gustan mucho los musicales de Broadway) resulta ridículo. Su origen desde una anomalía espacial es plausible para el universo de Star Trek, pero ver a nuestros héroes cantar y bailar no termina de encajar en mi visión de la saga. The alternative factor (ST, 1.27) es una de las primeras veces que se toca la posibilidad de universos alternativos o paralelos, pero donde la sobreactuación de Lázaro en un guion tedioso y monótono, resulta molesto. Se supone que Angel One (TNG, 1.14) tenía que ser una alegoría al apartheid, en este caso como metáfora de la división racial a partir de la discriminación por géneros. El resultado es una sociedad matriarcal marcada por conceptos machistas y misóginos. Nunca entré en las historias del pueblo de Fair Haven de Spirit folk (VOY, 6.17), tal vez porque no formo parte de la cultura irlandesa o celta, pero su trama me pareció cargante. Tanto por los personajes holográficos como por la forzada actitud de la tripulación de la Voyager para hacernos creer que les encantaba aquel holoprograma. Toda la segunda temporada de Picard (bueno, tal vez se salven los dos primeros episodios). Y aunque aquí tal vez exagere: cualquier episodio de Discovery. O la película Sección 31.
Algunas historias sobre personajes tampoco se sostienen. Como The child (TNG, 2.01), cuya idea de la exploración por parte de un alienígena de nuestra especie convirtiéndose en uno de nosotros resulta interesante. Pero que se haga desde la concepción, embarazando a Troi, naciendo y creciendo (aceleradamente) como un niño, me resulta con demasiadas reminiscencias cristianas. O en Man of the peoble (TNG, 6.03), una especie de Dorian Gray alienígena, donde Alkar proyecta su negatividad en las mujeres para mantenerse joven y activo, en concreto sobre Troi, desquiciada y envejecida. En Tatto (VOY, 2.09) la idea era presentarnos unos alienígenas que habían visitado la Tierra hace miles de años, pero el resultado es una especie de flashbacks de un joven Chakotay fastidiado por tener que hacer una excursión por la selva. Mientras que en The fight (VOY, 5.18) la Voyager queda atrapada en el Espacio Caótico, y los alienígenas que lo habitan intentan ayudarles a escapar, contactando con Chakotay a través de visiones y alucinaciones mientras está subido a un ring de boxeo. Aunque posiblemente sea Charles Tucker III quien tenga el peor ranking de malos capítulos. Y no porque sea un mal personaje, sino porque Braga lo hacía protagonista de todas sus historias. Así que mencionaremos Precious cargo (ENT, 2.11), donde el pobre ingeniero se convierte en el protector de una princesa.

 
Ll. C. H.
 
 
 
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