martes, 7 de agosto de 2018

Fragatas clase Soyuz


En la década del 2260 la Federación quería aumentar su perfil científico para misiones en el espacio profundo, con una nave con una gran flexibilidad operacional. Así ideó una nueva clase basada en los sistemas existentes, pero sus problemas de diseño y limitaciones hicieron que fueran retiradas del servicio activo antes de lo esperado.

Diseño
El requerimiento de la Flota Estelar indicaba que se quería una plataforma de largo alcance con prioridad para el estudio científico y misiones de mapeo, y que pudiera ser flexible para realizar tareas de patrulla defensiva [ST The Oficial Starships Collection #120]. (1) Así se conseguiría una nave de investigación que pudiera desplazarse a zonas de conflicto, al contrario que la clase Oberth, con una autonomía y defensas limitadas. Con la reciente guerra contra los klingons del 2256 [Battle at the Binary Stars (DIS, 1.02)], se quiso acelerar su desarrollo estandarizando los suministros y recambios, por lo que usó la misma configuración de la clase Miranda. La cual había demostrado, desde su puesta en activo, la validez de su diseño y permitía, a priori, la instalación de los equipos necesarios. Estos serían una serie de sofisticados sistemas de sensores que permitían detectar anomalías lejanas y realizar un estudio detallado, especializando estas naves en la observación de fenómenos subespaciales. Por otro lado el departamento de Inteligencia de la Flota expresó su interés para misiones de vigilancia de largo alcanza en las Zona Neutral Romulana y la frontera klingon gracias a los equipos de largo alcance que iban a llevar.

Para albergar los sensores se necesitaban cuatro plataformas situadas simétricamente por encima y debajo del casco, así como a los lados, para sincronizar su emisión. De manera que se eliminó el arco superior donde estaba el módulo de armamento y los dos cañones phásicos, alargando el casco hacia popa con una robusta estructura donde emergerían las torres inferior y superior. Con el espacio adicional en popa, se aumentó su capacidad de carga, añadiendo un tercer hangar, ampliando el número de lanzaderas que podía llevar. En los costados se colocaron otros dos soportes para los últimos dispositivos simétricos y otro en el domo inferior del plato para soporte auxiliar. El resto de la nave, así como sus sistemas internos eran exactamente iguales a sus hermanas Miranda, por lo que las Soyuz son catalogadas muchas veces como una subclase de estas.

Sistema de sensores
Su característica más importante era el potente equipo electrónico que llevaría. El cual había sido creado originalmente para las estaciones de comunicaciones, como la Epsilon IX que fue destruida por V’Ger 2273, y que consistía en potentes transceptores subespaciales (2) de triple ancho duales usados tanto para transmitir, como captar alteraciones en el subespacio. De manera que este equipo podía ser usado en ambos sentidos, tanto en recepción, como en emisión, aunque no simultáneamente, teniendo un alcance considerable y proporcionaría a la clase Soyuz una capacidad de captación y análisis de fenómenos lejanos con gran definición y precisión. Esta idea fue retomada posteriormente en los módulos de sensores de la clase New Orleans o en los módulos customizables de la clase Nebula.

En el 2262 las primeras de estas naves ya se encontraban operativas [Novela: Where sea meets sky], comprobando que las potentes emisiones de los transceptores provocaban interferencias en la distorsión subespacial generada por las barquillas PB-32. Provocando que se tenía que reducir la velocidad de curvatura máxima al factor 6 que podía alcanzar con estos activados, (3) solo pudiéndolos usar de manera efectiva cuando se encontraba parada o a velocidades sublumínicas. Una investigación posterior descubrió que los constructores en 40 Eridani-A y el equipo que diseñadores de los transceptores en la Tierra no habían colaborado durante las fases de diseño, ni realizado pruebas conjuntas. Los sistemas escogidos habían sido diseñados para bases estelares estáticos y no pensados para interactuar con campos tan dinámicos como los generados por una nave estelar para superar la velocidad de la luz. Durante los siguientes años se hicieron diversos cambios en los sensores y en la ubicación de algunos componentes, pero estos continuaban desestabilizando la propulsión de curvatura, sin que se resolvieran de manera adecuada estos problemas. Con la guerra klingon tan reciente, es posible que la Flota Estelar considera que no podía tener el lujo de retrasar el alistamiento de una plataforma de las características de vigilancia, provocando que no se siguieran los protocolos de desarrollo del ASDB (Advanced Starships Design Bureau) habituales.


Actualización del 2273
Durante los primeros años de la década del 2270 la Flota se embarcó en un programa de actualización tecnológica, que empezó por los cruceros de la clase Constitution. Su buen resultado hizo que en el 2273 se ampliara a la clase Miranda y como las Soyuz tenían un equipamiento prácticamente igual, también se incluyeron. [ST The Magazine] (4) Se modernizó el casco exterior, ampliando la cubierta dos donde se dejó el montaje del lanzatorpedos, ubicando también el complejo de control de los equipos de análisis de sistemas electrónicos y sensores de abordo, a modo del CIC (Centro de Información de Combate) de otras naves actualizados. También se cambió la distribución interna, incluyendo los pasillos, cabinas de la tripulación y gran parte del equipamiento, resultando prácticamente nuevas. Parte fundamental de la modernización era la instalación de un nuevo reactor materia/antimateria compacto con las especificaciones verticales, así como las barquillas LN-64, que no pudieron solventar el problema de interferencias con los transceptores. Por lo que el resultado no fue lo satisfactorio que se esperaba, además el reactor m/am era incapaz de suministrar toda la potencia necesaria para que el sistema de propulsión y los sensores trabajaran a plenos rendimiento, ya que estos requerían mucha energía. Esto realmente no era un problema, ya que los sensores no funcionaban a altas velocidades de curvatura, pero sí vulneraba varios protocolos de seguridad de la Flota. E igual ocurría con las unidades de impulso RST eran las mismas que en la clase Miranda, pero el desplazamiento de las Soyuz era mayor, por lo que estas eran más lentas a velocidad sublumínica.

Una vez operativas demostraron que podían ser excelentes plataformas de vigilancia e investigación científica gracias a sus sensores. Aunque estos dejaban de estar operativos  cuando esta se desplazaba a gran velocidad, perdiendo en cierta medida la ventaja de ser una plataforma móvil. Además su especializado hizo que se especializaran en misiones más concretas como la cartografía estelar, astrofísica, dinámica subespacial, termodinámica o planetología. Siendo normalmente asignadas a tareas de exploración espacial o largas patrullas de las fronteras de la Federación. En el año 2278 la USS Bozeman bajo el mando del capitán Bateson, desapareció sin dejar rastro en la Expansión Typhon [Cause and effect (TNG, 5.18)]. Eso provocó que el resto de su clase fuera temporalmente enviada a sus bases para profundas revisiones, paralizando la actualización de nuevas unidades hasta resolver estos problemas. Durante los siguientes años se hicieron mejoras menores, pero nunca se cumplieron las expectativas depositadas en ellas y en el 2288 se tomó la decisión de retirar del servicio todas las naves Soyuz debido a sus múltiples fallos de diseño. (5) Las más antiguas fueron desguazadas y sus elementos, como como los emisores phaser y los transceptores subespaciales, fueron utilizados en otros lugares [ST: DS9 Technical manual]. Mientras que al resto, para aprovechar estas naves, se retiró la estructura de popa y los sensores de los costados del plato, reasignándolas como naves de la clase Miranda.

USS Bozeman NCC-1941
La desaparición de la Bozeman siempre había sido una pesada losa que acarreaba esta clase y un misterio sin resolver en el seno de la Flota. Al no poder explicar que le había ocurrido, siempre se sospechó que las interferencias de los transceptores subespaciales podían haber causado su destrucción. Pero todas estas especulaciones se disiparon en la fecha estelar 45652.1, cuando la nave del capitán Morgan Bateson surgió de una distorsión temporal a través del cual había viajado hasta el 2368. Junto a la misma se encontraba la Enterprise-D y al colisionar ambas naves la explosión resultando provocó una ruptura del continuo espacio tiempo, y generó un ciclo de casualidad temporal que repetía las últimas horas transcurridas. Cuando lograron no chocar y evitar la detonación, se pudo liberar y retomar la línea temporal normal. Resolviéndose el misterio que había rodeado su desaparición y la de su tripulación. Que habían estado repitiendo desde el 2278 hasta el 2368 una y otra vez las mismas últimas horas, iniciando su tripulación la adaptación al nuevo siglo [Cause and effect (TNG, 5.18)].


En el 2370 la USS Bozeman fue asignada a investigar la anomalía del sistema Devron [All good things… (TNG, 7.25/26)], y un año más tardes tuvo que realizar una corrección de curso debido a las fuerzas gravitacionales que afectaron al sector donde se encontraba tras la destrucción de la estrella Armagosa por parte del Dr. Soran [ST: Generations]. Mientras que en el 2373, durante el incursión del borg al Sector 001, fue enviada al Sector Typhon para interceptar cubo borg junto a numerosas naves estelares, siendo asignada junto a la USS Defiant, como parte de una unidad móvil dentro de la estrategia de ataque, hasta la llegada de la USS Enterprise-E [ST: First Contact]. (6)



· Tipo: Fragata pesada
· Comisionada: 2262-2288
· Constructor: 40 Eridani-A Astilleros de Construcción de la Flota
· Desplazamiento: 215 000  toneladas métricas
· Tripulación: 200 oficiales y tripulantes
· Máxima en evacuación: 1700
· Dimensiones:
            Longitud: 243 metros
            Envergadura: 151,2 metros
            Altura: 56 metros.
            Cubiertas: 11
· Planta de energía:
            Curvatura: 1 reactor M/AM con 2 barquillas LN-64
            Impulso: 2 unidades subatómicas RST
· Capacidad de Curvatura:
            Velocidad de crucero: factor 6.8 (transceptores activos)
            Máxima velocidad de crucero: factor 7.0
            Máxima de emergencia: factor 8.5 por 12 horas
· Armamento:
            6 emisores dobles phasers tipo VII-12
            2 tubos lanzatorpedos Mk 22
            Capacidad de almacenaje: 50 torpedos de fotones, incrementado hasta 200
· Sistema Defensivo:
            Sistema de escudos estándar
            Casco estándar de duranium
            Sistema estándar de campos de fuerza estructurales
· Ordenador principal: Daystrom Doutronic III con un procesador Multitronico M-9
· Sistema de navegación primario: RAV/ISHAK de guía celestial de curvatura
· Laboratorios científicos: 9 (2 bioquímicos; 1 médico; 6 multifuncionales)
· Vida útil estimada: 80 (retiradas del servicio en el 2288)
· Mantenimiento:
            Autonomía: 2 año
            Estándar: 5 años
            Actualización en astillero: 10 años
· Vehículos embarcados: Tres hangares con una capacidad para 18 lanzaderas (diversos tipos); 56 Cápsulas de escape
· Naves: USS Bozeman NCC-1941.



Fecha Estelar 56950.1
Base de Datos Técnica, Flota Estelar
Archivo. 76342A41-B



Notas de producción:
Este artículo fue publicado originalmente en este blog en agosto de 2013, ahora actualizado los datos y nuevas imágenes. Confesaré además que de todos los re-usos de la clase Miranda esta es la que más me gusta por su casco estilizado y los módulos de sensores que la dan un extraño aspecto. En el guion de Cause and effect (TNG, 5.18) solo se indicaba que la Bozeman tenía que tener un estilo claramente antiguo y la idea era mostrar una nave con el aspecto exterior de la clásica, muy posiblemente de la clase Constitution. Pero el limitado presupuesto hizo que se modificara una maqueta de la clase Miranda, basándose en un boceto hecho por Michael Okuda, usando un esquema del libro no oficial Ships of the StarFleet. Siendo este posiblemente uno de esos motivos justificados, ya que para el capítulo ya se habían construido la maqueta de la barquilla y de varias Enterprise-D que debían explotar por culpa de la colisión de la Bozeman. El nombre de la nave se refería a la localidad natal de Brannon Braga, donde por los mismos motivos se realizaría el primer encuentro humanos-vulcanos. Mientras que su número de serie era un homenaje a la comedia 1941 dirigida Steven Spielberg.

(1) En la novela Ship of the Line, Bateson describe su nave como “muy compacta, con mucha potencia, sin adornos. Con blindaje adicional, con más armas y sin aplicaciones científicas. La Bozeman y los otros cuatro buques Soyuz son puños anudados”. Utilizaba abrazaderas de remolque en ligar de rayos tractores para ahorrar engería y estaba equipada con luces amarillas y rojas para identificarla como parte del orden público. Obviamente esta descripción se refiere a una nave de combate y me parece poco coherente con la agencia de exploración que es la Flota Estelar. Además ha quedado desfasada con la descripción aparecida en fascículo dedicado a esta nave en el ST The Oficial Starships Collection.

(2) Según ST:DS9 Technical manual los componentes de estabas naves fueron re-instalados en otros lugares, como los emisores phaser y los transceptores subespaciales. Como este es un dispositivo transmisor y receptor, es posible que estuvieran integrados en los equipos que aparecen en los módulos de sensores.

(3) En el cómic Out of Time, Bateson indica que la clase Soyuz no podía superar el factor 6 de curvatura. Esto me parece una exageración, teniendo en cuenta que las naves que debían sustituir a la clase NX en el 2161 podían alcanzar el factor 7 según se indica en These are the voyager… (ENT, 4.22). He dejado este dato como parte de una serie de fallos de diseño para justificar su prematura retirada de servicio.

(4) La actualización de la clase es una deducción basada en los datos del artículo de la serie Starfleet Technical Database escrito por Rick Sternbach y publicado en ST The Magazine Vol. 3, Issue 9, en el que se indica la escasez de barquillas LN-64 debido a la actualización de las Constitution, Miranda y Soyuz.

(5) En el capítulo Cause and effect (TNG, 5.18) Geordi comenta que estas naves fueron retiradas en ese momento. ¿Qué razón podría haber llevado a su prematuro retiro, mientras que sus hermanas Miranda aun seguirían 100 años más en activo? Como la diferencia entre ambas clases son los sensores de la Soyuz, he atribuido a estos el motivo por el que finalmente fueron dadas de baja.

(6) ¿Las referencias posteriores a la USS Bozeman son de la misma nave vista de Cause and effect (TNG, 5.18)? Pertenece a una clase que no está en servicio desde hace 90 años, pero bien es cierto que en el siglo XXIV puede haber sido modificada con tecnología más moderna. Por otro lado en la historia corta “Strange New Worlds VII: Full Circle” identifica a la Bozeman como una de las tres naves que rescató a la tripulación de la Enterprise-D en Veridian en ST: Generations. Pero en pantalla solo se ven una Nebula, una Oberth y una Miranda. Si fuera así, eso explicaría que en la Batalla del Sector 001 se mencionara a la Bozeman, pero solo se pudiera ver una nave de la clase Miranda luchando contra el cubo borg. Por otro lado en la novela Ship of the line, se indica que la Bozeman fue convertida en museo en la Base Estelar 12. Y en la novela The future begins, la segunda Bozeman se menciona como de la clase Sovereign, que sería la que luchara contra el borg en el 2373. En el juego de rol de Decipher se indica que es una nave de la clase Saber, con la matrícula NCC-75032.



Ll. C. H.

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domingo, 5 de agosto de 2018

El Jedi perdido 2 - Rayo de Esperanza 3


Puesto avanzado de Tierfon

            La base rebelde era un hervidero de actividad. Al ataque se le había asignado la mayor prioridad y participarían en total 47 cazas de cuatro escuadrones, junto las naves de combate. Por motivos de seguridad estas últimas no conocían la localización exacta del puesto avanzado, aunque sí los cazas, que habían descendido hasta la superficie para repostar y preparar el ataque que se avecinaba. Como en el interior solo podía acomodar a uno de los escuadrones, los otros tres estaban en la planicie que se extendía por encima de las instalaciones subterráneas. Hasta allí también se habían desplazado varios transportes medios GR-75 Gallofree que se ocupaba del repostaje y rearmamento. Se habían acondicionado tiendas de campaña para las tripulaciones y los cazas se habían cubierto con una tela de camuflaje para reducir su detección.
            En las entrañas de la base el escuadrón asignado a Tierfon, los Ases Amarillos se preparaban sus pesados BTL-A4 Ala-Y. Los veteranos cazabombarderos eran adecuados para el reconocimiento y el ataque y por aquel escuadrón, que era de entrenamiento, había pasado jóvenes y entusiastas pilotados como Tomer Darpen, Wes Janson o Jek Tono Porkins.
            Mientras en la superficie los otros tres escuadrones hacían lo propio. Uno de ellos estaba formado por nueve vetustos cazas ARC-170, cuyo nombre en clave era Violeta. Aquellos cazas, que habían luchado en la Guerra Clon habían sido profundamente actualizados, eliminando al artillero de cola por un sistema automático y sustituido toda la electrónica, que los igualaban a otros más modernos. Aun así ya no había reemplazos para ellos, ni tampoco piezas de recuesto, por lo que los mecánicos habían empezado a fabricar ellos mismos las piezas de repuesto, ya que sus grandes motores eran un quebradero de cabeza. Y como bien indicaba su nombre, los ARC-170 estaban pintados de violeta, con el símbolo alado de la Alianza en rojo. Al mando del veterano piloto el comandante Stan Lean, (1) se había especializado en misiones de reconocimiento y bombardeo, obteniendo la fama de sigilosos y mortales dentro de la Alianza, corroborada por varios informes imperiales.
            Junto a estos estaban los  cazabombarderos Ala-Y BTL-S3 de dos pilotos del escuadrón Naranja. Liderados por el teniente Mew, un bith con fama de disciplinado líder, que había logrado devolver la moral tras una emboscada sufrida en su último combate. Iban a ser los primeros en atacar las instalaciones de la estación de seguimiento y para ello contaban con varios cazas y pilotos transferidos desde los Ases Amarillos, por lo que Mew había intensificado los ejercicios previos a la incursión.
            El último de los escuadrones estaba formado por los nuevos y radiantes T-65 Ala-X del escuadrón Rancor. Recién formado con las unidades salidas de las factorías secretas rebeldes, tras conseguir los prototipos y planos de fabricación de la factoría de Incom del planeta Fresia. Y para manejar aquellos cazas de superioridad espacial se había reunido una docena de los mejores pilotos de la Alianza. Iban a llegar a Pas’jaso justo después que el escuadrón Naranja para darles cobertura una vez estos atrajeran la atención de los enjambres de TIE que protegían del sistema, siendo los últimos en salir. Cada fase del asalto estaba sincronizada y todos pilotos aprovecharon aquellas horas de margen en Tierfon para estudiar el plan de ataque y revisar sus máquinas.
            El dug refunfuñaba mientras hacía la revisión final a su caza. Había repostado y su droide astromecánico estaba ya colocado detrás de la carlinga realizando las simulaciones de los viajes por el hiperespacio.
            – ¿Qué te ocurre Nierval? – le preguntó Barmich acercándose a la nave de su compañero. Este le miró con sus ojos amarillos subido al motor 4L4 y pareció calmarse. De todos los pilotos del escuadrón, Barmich (2) era el único que podía decirse en el que confiaba. En tierra era un tipo tranquilo, al igual que a los mandos de su aparato, pero eso no impedía que fuera un piloto excepcional, metódico y preciso, el único capaz de seguirlo, por eso le habían asignado como pareja de vuelo. También era el único que no le mirada con recelo, como preguntando que hacía un dug entre los pilotos rebeldes.
            – He hablado con Lisser sobre nuestro patrón de ataque – explicó dejando la herramienta con que estaba revisando el motor.
            – Nuestra misión es proteger el camino a los Naranja – replicó tranquilo Barmich –. Lo único que tenemos que hacer es impedir que los cazas TIE se aproximen demasiado a su ruta.
            – Pero es un patrón arcaico y previsible, si los imperiales hacen bien su trabajo, y de vez en cuando suelen hacerlo, nos podemos encontrar copados mientras nos alejamos de la luna. Y eso es algo que no me gustaría.
            – Si eso ocurre está previsto que nuestras cañoneras nos abran la ruta de salida y mantendrá a raya a nuestros perseguidores – le recordó paciente.
            El dug bufó receloso.
            – Ni me ha escuchado – admitió por fin el motivo de su enojo –. Ni siguiera ha fingido hacerlo. Se ha negado diciendo que era tarde para hacer cambios. Pero los planes completos nos los han entregado ayer, me he pasado horas repasándolos.
            » Es como cuando le propuse pintar unas fauces de rancor a nuestros cazas. Lo desdeñó simplemente porque soy un dug. Dijo: “No somos piratas, sino la élite de la Alianza para Restaurar la República” – recordó Nierval imitando a su oficial superior, lo que hizo que Barmich sonriera –. ¿Y eso qué tiene que ver con demostrar a nuestro enemigo nuestra determinación en vencer? Esos dibujos elevarán la moral, y harán temblar a esos imperiales cuando los vean.
            – Sabes que en eso te apoyé. El escuadrón se acaba de formar, venimos de unidades distintas, solo hemos podido entrenar unas pocas semanas. Es normal que Lisser quiera mantenerse fiel al manual mientras nos adaptamos los unos a los otros. Y no creo que sea xenófogo, también hay un gossam y una morseerian
            – Lo sé, lo sé. Neklon y Siriel. Por lo menos Siriel es una buena piloto – le interrumpió Nierval saltando con agilidad desde lo alto del motor al interior de la cabina. Había tenido que cambiar la mayoría de los controles, al igual que el asiento, pensado para especies más humanas que la suya. Allí cogió su traje de vuelo, que también había tenido que confeccionárselo especialmente para su especie y con su propio dinero y volvió a saltar a tierra, junto a Barmich –. Solo espero que el oficial imperial responsable de la defensa del sistema, tenga la misma imaginación que nuestro Lisser, porque si no, la mitad del escuadrón no regresará de esta misión.


Planeta imperial de Pas’jaso

            Antaño aquel lugar había sido uno de los planetas más industrializados del Núcleo Galáctico, muy cerca de la Región de las Colonias. Se decía que una vez su atmósfera había sido transparente y no la masa grisácea que se veía a través de la carlinga del carguero ligero. Estaba tan contaminado que no se podía salir al exterior sin máscara y hacía tiempo que toda su flora y fauna habían desaparecido. Y junto la contaminación, la decadencia había llegado al sistema desde hacía varios siglos, coincidiendo con la escasez de los minerales que se nutría su industria. El único motivo por el que no había sido abandonado y dejado a su suerte, era que se encontraba en medio de la ruta comercial Perlemiana que atravesaba la galaxia hasta Coruscant en el Núcleo Galáctico. Y como puerto galáctico de paso había recuperado cierta importancia durante la Guerra Clon, cuando se había establecido en el planeta una base de abastecimiento de la República que el Imperio había mantenido. Eso había hecho que algunas grandes empresas aun mantuvieran factorías en funcionamiento, aunque su capital no podía dejar de ser una megametrópolis en clara decadencia, donde se mezclaban gigantescos edificios industriales con zonas de viviendas de forma caótica y sin sentido, muchas de ellas abandonadas y semiruinosas.
            Allí es donde el carguero ligero VCX-350 llamado Luz Azul propiedad de Desona Ajel se posó sobre la pista NK-338 del espacio puerto situado en uno de los barrios comerciales de la ciudad. Faltaba una hora para que el sol apareciera por encima de la bruma contaminada que flotaba sobre la capital. Siempre llegaban antes del amanecer, aprovechando las últimas horas de tranquilidad de la noche, cuando el turno de guardia de la aduana quería terminar y marcharse a descansar.
            A bordo iba el equipo de tres infiltradores de la Alianza que el general Cracken había asignado para llevar a cabo la misión. A Ajel le hubiera gustado que no le acompañaran, pero sabía que este era un oficial competente, por lo que era sensato seguir sus consejos y no quiso contradecirle. Además se fiaba de su decisión y conocía al alférez Slonda, un clawdite tranquilo y el silencioso Falan, un weequay con su profundo odio al Imperio, con los que había trabajado en una misión en Tatooine. (3) No así la cabo Liana, una especialista en sabotajes industriales, pero parecía centrada y una profesional. Junto a estos les acompañaba un hombre bajo y regordete, casi calvo y cuya mirada llena de aprensión dejaba claro que no era un hombre de acción. Su nombre era Vanowen y era un técnico civil que tenía que comprar parte de una herramienta que la alianza necesitaba.
            Apagó los motores y se dirigió hacia la salida de su nave junto con Keegan. El oficial de la aduana apareció poco después. Su expresión de cansancio indicaba que se había excedido en su turno, así que no fue muy diligente, observó los documentos y tras comprobar que estaban en regla autorizó rápidamente el acceso de la tripulación al planeta.
            – ¿Cuánto tiempo tienen previsto permanecer aquí? – preguntó de manera rutinaria, detrás de la máscara respiratoria que le cubría boca y ojos, sin levantar la mirada del datapad.
            – Un par de días a lo sumo – contestó Keegan.
            – ¿Y su tripulación está compuesta por cuatro humanos, una twi’lek y un weequay? – prosiguió repasando el memorando de a bordo.
            – Así es. Y no tenemos nada que declarar – respondió Keegan.
            – Correcto. Pues bienvenidos a Pas’jaso, la Perla Azul de la Ruta Perlemariana – indicó sin ningún tipo de convicción repitiendo la frase publicitaria del planeta que hacía centurias que había quedado desfasada y les entregó el datapad. Se alejó deseando que pasara rápida su última hora de trabajo para poder irse a su casa a descansar después del turno doble que había tenido que hacer. Pero necesitaba los créditos de aquellas horas extras para la escuela superior de su hija que al permitiría dejar aquel infecto lugar.
            Keegan regresó a bordo del Luz Azul, y mientras esperaban a que empezara la nueva jornada en el planeta, Desona y Liana se desplazaron hasta los servicios y tiendas del espacio puerto y alquilaron dos deslizadores. Un terrestre Arrow-23 de Aratech. Con sus ocho metros de largo era uno de los modelos civiles más rápidos y podían llevar 5 pasajeros más piloto y copiloto, por lo que para la misión que tenían que cumplir era perfecto. Y otro mucho más elegante de Byblos RepulsorDrive, que aunque había visto tiempos mejores, sus líneas vintage aun mostraban la elegancia de un vehículo de lujo.
            Según la documentación aduanera el motivo de la visita al planeta era la adquisición de varias piezas para maquinaria pesada descatalogada, que en Pas’jaso aun podían encontrarse. Así que dejaron a Falan en el Luz Azul, mientras que Slonda, con apariencia humana para pasar desapercibido y Liana montaban en el deslizador de lujo y se alejaron del espacio puerto para cumplir su misión. Mientas que Desola, Keegan y Vanowen se subieron al Arrow-23 y se internaron en las calles de la capital.
            A pesar de ser la primera hora de la mañana, el sol apenas se notaba entre la bruma verde. Aun así la ciudad estaba concurrida con vehículos de todo tipo y gente yendo de un lugar a otro, muchos de ellos ataviados con grandes capuchas para protegerse de la lluvia ácida y todos ellos con máscaras que cubrían la cara que les permitía respirar aire no contaminado. En aquella zona cercana al espacio puerto los edificios estaban ocupados y activos, al contrario de lo que ocurría en la periferia, aun así la decadencia era visible en muchas fachadas, donde el efecto de la corrosión hacía mella en el revestimiento exterior.
            Hicieron dos paradas en sendas empresas de compra venta de maquinaria de segunda mano, donde estuvieron comprobando el material que había para terminar sin encontrar el equipo que necesitaban. El tercer local en el que entraron era la compañía SuiCom, cuyo cartel indicaba que se encontraba en liquidación. Al entrar en las desiertas oficinas, encontraron un hombre sentado en uno de los escritorios, leyendo un datapad que dejó sobre la mesa. Debía de tener unos sesenta años, con una barba encanecida de varios días, así como ampollas rojas que dejaban claro que la contaminación había marcado su rostro. Tenía el pelo largo algo enmarañado, mientras que su ropa estaba arrugada y ajada. Observó con detenimiento a los tres visitantes, mirando con cierto menosprecio a Desola, para quedarse mirando finalmente a Keegan.
            – ¿Qué desean? – dijo con desgana.
            – Venimos adquirir cierto equipo – replicó el adquisidor –. Nos envía Mace Windu.
            – No conozco a ningún Windu – replicó el hombre aumentando su recelo en la mirada –. Pero sí a Adi Gallia.
            – Entonces también conocerá a Oppo Rancisis – prosiguió Keegan.
            – Bienvenidos a Pas’jaso, la Perla Azul de la Ruta Perlemariana – replicó entonces este con una leve reverencia y sin disimular su burla en el tono de su voz, haciendo un ademán hacia una puerta al otro extremo de la estancia –. Pasen por aquí, lo que están buscando les está esperando.
            Se giró y se dirigió a la puerta, presionó varios botones del panel de control y esta se abrió hidráulicamente, dando paso a una gran nave industrial. Debía tener varios centenares de metros de largo y una veintena de alto. Las ventanas estaban cubiertas por la contaminación ambiental, dando al lugar una luz lúgubre y triste. Estaba en su mayor parte vacía, a excepción de una docena de contenedores metálicos situados cerca de la puerta. El hombre se detuvo junto a estos, donde se podía leer el nombre de la empresa SuiCom en una impresión gastada por el tiempo y el uso.
            – Aquí tienen – dijo abriendo uno de los contenedores –. Una cortadora de precisión embalada y lista para llevarse.
            Vanowen miró a los dos adquisidores interrogativo y cuando Keegan asintió se precipitó hacia los contenedores. Examinó el contenido de la que habría abierto aquel hombre y luego el resto. Las abría y con ojo de cirujano observaba la pieza que contenía, asintiendo para sí y pasando al siguiente. Al terminar se giró hacia sus acompañantes, tenía una expresión de satisfacción, como aquel que hubiera encontrado la solución a un crucigrama que se le había resistido durante horas.
            – Servirán – dijo al fin.
            – Claro que servirá – replicó suspicaz el hombre de SuiCom –. Nosotros fabricábamos carrocerías para los aerodeslizadores de Narglatch AirTech, los más lujosos del mercado antes de las Guerras Clon. Muchos senadores republicanos tenían esos vehículos.
            » Pero ya hace tiempo que nadie quiere ese tipo de precisión. Espero que ustedes logren darle un buen uso cortando las planchas para el fuselaje de los Ala-X.
            – ¿Cómo puede saber eso? – dijo desconcertado Vanowen.
            – No lo sabía hasta que se lo ha confirmado usted – replicó Desola.
            – Muy inteligente la twi’lek – contestó el hombre rascándose una de las ampollas de su cara –. Pero su secreto está bien guardado, no se han de preocupar. La cortadora láser es precisa en 1 micras y decían que podía cortar hasta el hierro mandaloriano. Pero siempre pensé que exageraban.
            – Enviad esta tarde las cajas a la pista NK-338 – indicó Keegan.
            – Allí estarán.
            – Si se las estaban guardando, ¿por qué hemos tenido que ir a otros dos sitios y perder casi cuatro horas? – preguntó entonces Vanowen.
            – Para no despertar sospechas – Desola –. Hemos de cubrir nuestra cuartada para que no descubran nuestros contactos en el planeta.
            – La twi’lek vuelve a mostrar su inteligencia – intervino el hombre con claro desdén.
            – ¿Tiene algún problema con mi raza? – le preguntó desafiante.
            – No con la suya. Solo con todos los alienígenas – respondió este sin amilanarse y esgrimiendo una sonrisa de soberbia –, desde que la Federación de Comercio asesinó a mis hijos en Aargonar. Aunque por lo menos les agradezco que no hayan traído consigo ningún maldito droide.
            – Basta de discusiones, ahora todos tenemos el mismo enemigo – intervino Keegan haciendo un sutil ademán de la mano.
            – Basta de discusiones. Ahora tenemos todos el mismo enemigo – asintió el hombre repitiendo lo que había dicho el adquisidor con una mirada distraída, como si acaba de acordarse de algo remoto –. El Imperio tenía que traernos paz y solo ha traído tiranía y muerte.
            » Construye esos cazas y ayudad a destruir a Palpatine para siempre – dijo dirigiéndose a Vanowen con un tono de odio que superaba las palabras de desprecio que había tenido cuando habló de los alienígenas.
            – Eso, eso aremos – replicó el ingeniero de Incom sorprendido por aquellas revelaciones del anciano.


            Cuando salieron de las oficinas de SuiCom era cerca del mediodía, así que regresaron al Luz Azul para almorzar. La primera parte de la operación ya estaba casi concluida, solo faltaba que les trajeran la docena de contenedores que habían examinado. Así que la tarde transcurrió realizando la documentación aduanera para el transporte de aquel material a una fábrica en una remota colonia sullustana. Allí se encontraban los talleres de una pequeña filial de la Corporación SoroSuub cuyos administradores eran afines a la Alianza en contra de la política afín al Imperio del consejo sullustano. La gestión se alargó varias horas mientras se completaba la pesada burocracia y se pagaban las tasas de exportación. Todo debía quedar debidamente registrado para eliminar cualquier indicio de evidencia que pudiera llevar a la inteligencia imperial tras los seguidores rebeldes en Pas’jaso.
            Antes del anochecer Slonda y Liana también volvieron al carguero con el resultado de su exploración alrededor de las instalaciones imperiales del planeta. Y mientras compartían la información que había recopilado, Keegan salió de la nave y cogiendo el deslizador aéreo que ellas habían utilizado y se internó de nuevo en la capital.
            Sin mucho tráfico en las vías aéreas, su elegante vehículo se dirigió hacia el barrio financiero y de la administración planetaria. Allí los rascacielos de acero y cristal aun mantenían cierto lustre, incluso la contaminación parecía ser menos severa que en el resto de la capital. Era donde se había refugiado la pequeña élite que gobernaba aquel mundo, alejados de las zonas yermas y de los edificios abandonados y ruinosos. Y en el centro de los edificios habían erigido una cúpula de cristal para crear un lugar para su ocio y diversión, con pequeños jardines de exuberantes plantas multicolores protegidas tras aquel plexiglás luminoso.
            Entró en el garaje de un gran edificio que era el centro comercial más lujoso del planeta y dejó el deslizador, dirigiéndose tranquilamente hacia la zona superior, que gracias a las imágenes holográficas proyectaban en la cúpula de vidrio un cielo limpio, salpicado de estrellas, donde incluso se podía ver su rocosa y brillante luna. No se diferenciaba a otros muchos lugares como aquel que existía en miles de mundos de la galaxia, con tiendas repletas de artículos de lujo y locales donde degustar lejanos manjares. No podía competir con las zonas recreativas más exclusivas de Coruscant o Canto Bight, aun así todos los que estaban bajo la cúpula llevaban sus mejores vestidos y galas. Y no era para menos, ya que aquella era la primera de las dos noches que festejaban el Día del Imperio, que conmemoraba la autoproclamación de Palpatine como Emperador galáctico, el fin de la República y el inicio de la Gran Purga de los jedis. Por eso todos los establecimientos mostraban la bandera imperial como muestra de lealtad y agradecimiento, Mientras que en las pantallas se mostraban la repetición constante del discurso, en la gran cámara de convocación, del que hasta ese momento era el Canciller Supremo proclamando, acompañada de una gran ovación, el fin de la libertad y el inicio de la tiranía. Por eso era el sitio y el lugar perfecto para entrevistarse con una de la persona que había conocido durante uno de sus viajes a Pas’jaso y que les ayudaría a localizar lo que la Alianza necesitaba.
            Keegan entregó al droide de recepción del restaurante su abrigo largo que le protegía de la lluvia ácida y se internó en el salón principal. Llevaba un chaleco negro con los clásicos dibujos dorados del sistema Iego, también conocido como de las Mil Lunas, con una camisa de color crema de seda de Malastare debajo. Era un conjunto elegante que no desentonaba en aquel local elitista. Nadie le prestó mucha atención mientras se acercaba a uno de los reservados, donde le esperaba un hombre de mediana edad, con el pelo cano que le daba un aspecto elegante y apuesto. Al levantase para estrecharle la mano a Keegan se estiró la túnica de su uniforme gris oliva, en cuyo pecho lucía los galones rojos y azules de mayor del ejército imperial.
            – Es un placer volverle a ver, superintendente Lweston – le saludó Keegan con tranquilidad y luego se sentó frente a su interlocutor.
            – ¿Cree que es prudente volver a citarnos aquí por segunda vez? – indicó este nervioso, aun así lo disimulaba bien.
            – Los lugares públicos son los mejores sitios para charlar sin que nadie sospeche nada – replicó al tiempo que llegaba un droide camarero para tomarles nota de lo que iban a beber –. Nadie sospechará nada de dos amigos cenando.
            – Espero que todo esté dispuesto – dijo después de que les trajeran dos brandis corellianos –. Solo de pensar en alargar esta situación, me revuelve el estómago.
            – Todo saldrá bien. Les sacaremos del planeta mañana – anunció Keegan esgrimiendo una amplia sonrisa –. La noche previa al Día del Imperio.
            – Perfecto – replicó Lweston visiblemente aliviado.
            – Pero antes, como ya le dije, necesito que me haga un favor.
            – Por supuesto, pero no me dijo que era exactamente – indicó el oficial volviendo a ponerse cauteloso.
            Keegan sacó del bolsillo de su chaleco una tarjeta de datos y lo colocó sobre la mesa. Lweston lo miró con recelo.
            – Es una lista de material que se encuentra en sus almacenes. Pero solo se puede sacar con la autorización del superintendente. De usted.
            – Eso, eso es imposible – replicó Lweston turbado –. Las instalaciones están protegidas por soldados de asalto… tropas de élite. Es muy arriesgado entrar, ya no le digo salir. Además si se enteraran de que yo he facilitado ese material a la rebelión…
            – Le garantizo que nadie se enterará de lo que ha hecho. Como le dije, la Alianza le protegerá después de su deserción.
            – No dudo de su palabra pero… es muy peligroso – insistió Lweston con sus ojos clavados en la tarjeta de datos. Finalmente subió la mirada hasta cruzarse con la del adquisidor. Sabía que este le había engañado, pero en el fondo de su corazón ya lo esperaba. Nadie hacía nada gratis –. De acuerdo, pero antes de ayudarles, quiero ver como mi familia sale de este planeta y se encuentra a salvo.
            – Así será. ¿Pedimos el primer plato?


Continuará…


Notas de producción:
(1) Para conocer el origen del escuadrón Violeta de cazas ARC-170, liderado por el comandante Stan Lean podéis leer el relato El Jedi Perdido: Adquisidores, publicado en este blog.

(2) Los personajes de Nierval y Barmich aparecen en el Crossover Star Trek – Star Wars. Y al igual que otros personajes he aprovechado los relatos del Jedi Perdido para explicar más sobre su paso por la Alianza Rebelde.

(3) La citada misión en Tatooine se puede leer en el primer rolado del Jedi Perdido: Adquisidores, publicado en este blog.



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