viernes, 11 de octubre de 2013

El tamaño sí importa




Dentro de los universos o sagas de ciencia-ficción suelen existir muchos elementos fantásticos que conforman las características de ese lugar imaginario. Pero dentro de esos elementos fantásticos creo, y esta es una opinión personal, que cuanta mayor coherencia y realismo exista, más interesante y atrayente pueden resultar ese mundos ficticios. Obviamente sin olvidar la inherente coherencia interna en toda historia.

Puede que el relato sea de ciencia-ficción o una space-opera, pero sí los elementos que aparezcan en este son creíbles (dentro de los elementos fantásticos que narre la historia), hacen que la trama sea plausible e incluso puede hacer que esos elementos fantásticos tomen mayor interés. Un ejemplo de ello podríamos tenerlo en ‘Canción de fuego y hielo’, donde George R. R. Martin juego con mundo: Poniente y el resto de continentes, muy realistas, donde las relaciones políticas y comerciales son totalmente creíbles, así como las relaciones humanas, pero que está plagado de elementos fantásticos: arcianos, dragones, lobos uargos o magia, encajando perfectamente en su magistral puzle literario.

Y dentro de los elementos que podemos encontrar en las historias de ciencia-ficción son las naves espaciales. Su aspecto, tamaño o equipamiento empleado en ellas pueden dar una idea del nivel tecnológico o el estatus de evolución de las sociedades o culturas a las que pertenezcan. Pero en pocas ocasiones los datos o características de las naves se mencionan en los diálogos o aparecen en pantalla, por lo que la responsabilidad de ofrecer los datos recae en los desarrolladores de juegos o libros técnicos y no en la imaginación de quien creó dicho universo.

En Star Trek esta parte del universo la desarrolla el propio equipo de producción como ya he mencionado en este blog. En Star Wars hay varios libros específicos de naves, pero el primero en el que pude ver este tipo de información técnica y la historia del desarrollo de sus naves, fue en el juego de rol de West & Games, publicado en España por Joc Internacional. En este universo parece que las naves cuanto más grandes y devastadoras, mejor. Empezando por el Superdestructor aparecido en ‘Star Wars V: El Imperio contraataca’, hasta el pesado acorazado espacial clase Eclipse de la serie de cómics ‘Dark Empire’. O el acorazado clase Assertor diseñado por el fan Ansel Hsiao y que apareció en el libro ‘The Essential guide to warfare’ haciéndolo parte del canon de Star Wars. En otros universos la información es más misteriosa: posiblemente originaria de los propios fans y en algunos otros simplemente es inexistente.


No siempre los datos que existen nos pueden parecer realistas, pero hay ocasiones en las que la intención es lo que cuenta. Ya que en muchas otras veces los autores o guionistas este realismo no les parece interesante y supeditan su mundo a su fantástica imaginación o al dramatismo de la historia. Pero creo que no usar o simplemente saltarse las bases de ese mundo creado, es un error de coherencia y al final impide que este se desarrolle de una manera menos efectiva.

Personalmente buscar esta coherencia me resulta todo un ejercicio de inventiva, como creo que ha ocurrido en algunos de las fichas de este blog y en las del libro ‘Star Trek. Guía de naves estelares’, pero también es parte precisamente de la diversión de escribir los textos.

Ll. C. H.

Notas de producción:
Quisiera agradecer a Rafita Oscurevamp y a Josep Ciurana Sauri que me enviaran las imágenes que acompañan este pequeña entrada y que me han servido de excusa para escribirla.

4 comentarios:

  1. Personalmente creo que el tamaño de las naves es una muestra de la falta de creatividad y estudio de los desarrolladores/productores/guionistas. Star Wars sentó un precedente con su primera entrega. Y Hollywood solo copia lo que funciono una ves. Para las que siguieron las naves debería ser más grande para conseguir el mismo impacto que la primera. En el universo Trek, sucedió algo similar con V´ger luego de eso todos los villanos tienen naves gigantescas con un poder devastador enfrentados a la nave de la federación de turno. Aun en la nueva linea de tiempo, con las dos ultimas película ocurre lo mismo. La historia a demostrado que más grande no es más poderoso. Con tan solo un ejemplo alcanzaría. El acorazado Yamato del imperio del Japón en la Segunda Guerra Mundial. El mayor acorazado de de la historia con poder de fuego de destruir la flota enemiga sin que esta estuviera a la vista. Fue destruido por un arma mas moderna y pequeña: un portaaviones y sus aviones. Por eso afirmo lo primero. El gigantismo de las naves estelares no solo parece insustentable, sino que innecesario.

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    1. Coincido en que a mayor tamaño, más espectacular, pero menos realismo. Aunque una nave grande permite ser mucho más versátil que una Defiant o un Halcón Milenario como indica el Capitán Riker. En el caso de Star Trek la nave era en realidad una excusa para ir de un lado a otro y aunque se prestó cierta atención en lo tocante al realismo, tampoco creo que fuera lo más importante. Y como dinámica el resto de series de la saga han seguido haciendo lo mismo. Realista sí, pero si el dramatismo lo requiere, se adapta.

      En el caso de lo que hablabas sobre el Yamato. Cierto que tanto este como el Bismarck o el HMS Prince of Wales fueron hundidos por la nueva arma que era la aviación, también es cierto que esta puede ser contrarrestada con las tácticas adecuadas. Un interesante tema para desarrollarlo en otra entrada del blog.

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  2. Estoy de acuerdo contigo,particularmente a mi me gustan mas las naves pequeñas y maniobrables al estilo USS DEFIANT o el Halcon milenario.

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    1. Supongo que cada tamaño tiene su utilidad. La del destructor clase Imperial es intimidar. La Enterprise-D tener espacio para explorar y la Defiant para luchar (los asuntos delictivos del Halcón Milenario lo dejamos por motivos de censura imperial...)

      Personalmente me encanta la Defiant, tal vez mi nave preferida. Pero otras más grandes también me gustan.

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